Cognición conspicua y pavos reales
La cognición conspicua en esencia es un proceder humano en el que la inteligencia se muestra como un escaparate para los que nos rodean.
El afán de la verdad o resolver cuestiones no es el fin, sino la admiración de otros.
Thorstein Veblen tiene un concepto similar en el consumo conspicuo que señala en una acción que no se centra en la utilidad real del conocimiento o en su caso del consumo, sino de mostrar un estatus desde unas ideas y conocimientos.
La Verdad y lo práctico quedan aparcados para defender en muchos casos ideas absurdas o complejas con un coste intelectual no razonable.
Porque las ideas y las creencias respaldadas por conocimiento se convierten en ropaje personal que nos identifica y posiciona dentro y entre grupos.
De este modo nos presentamos como pertenecientes a subculturas y hacemos un escaparate de nuestra creatividad, conocimiento, estatus…
Con las creencias conspicuas se cumplen dos funciones.
Interpretar el mundo, pero a su vez, mostrar señales visibles de nuestras ideas, lealtades, valores y estatus social.
En definitiva, la finalidad fundamental es la aprobación social.
Alétheia: todo es un juego de estatus hasta que se descubren las reglas del juego.
No podemos confundir la complejidad como esencia del universo, que al final se resuelve con un camino a la solución simple que no fácil, con otro aspecto que nos ocupa del saber definido como conocimiento conspicuo.
Como quiera que este no busca la solución ni la verdad, se convierte en una superfluidad para sostener ideas irracionales o contraintuitivas que solo buscan mostrar una superioridad intelectual.
Requiere un esfuerzo superior e innecesario para entender lo propuesto, pretendiendo elevar el estatus de quien lo defiende.
El valor práctico no importará.
El ejemplo de la naturaleza es la cola del pavo real que utiliza como señal de su capacidad reproductiva a un coste, desventaja e incluso inutilidad práctica.
John Nash sacó a la luz su teoría de juegos y su célere equilibrio de Nash para explicar como en determinados contextos, comportamientos aparentemente irracionales o costosos pueden tener un gran valor estratégico.
El coste se convierte en valor que señala y refuerza ese estatus de quien la emite.
Pero es importante reconocer y elegir aquellas cosas que realmente siendo no razonables y costosas dan ese valor ante la tribu, y ello requiere de la inteligencia propia y necesaria para defenderla con los argumentos y narrativas capaces desde esa inteligencia superior.
Phrónesis: el enemigo del inteligente es su propia inteligencia.




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