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La humildad arrogante

yosorep
hace 6 días
2 min de lectura

 

La humildad es una cualidad o virtud capital que, en el caso y matiz de la humildad intelectual se convierte en necesidad epistémica para el conocimiento y la racionalidad.


La curiosidad y la humildad anteceden a la racionalidad entendida esta como decisión adecuada.


Pero la humildad puede llegar a ser un bien que desarrollado de manera conspicua desemboca en falsa humildad.


La humildad, como la arrogancia, pueden oscilar en función de las recompensas sociales para conseguir desde una elevada imagen hasta autoridad.


Cuando la humildad se gestiona como instrumento reputacional podemos estar más cerca de la arrogancia que de la tierra-humus.


Pero además de que la arrogancia pueda proyectar dominio, también puede señalar fuente fiable de información, competencia, o el lado peor de la pretenciosidad cuando es falsa.


Ser percibido como dominante desde la competencia y la moral de una verdadera humildad nos puede poner en el centro de la vida social que nos rodea, en la transmisión de ideas y credibilidad.


Estamos ante la reputación que supone una brújula que señala creencias y comportamientos que aceptados socialmente pueden favorecer una selección cultural y social favorable.

 


En nuestro mundo la verdad suele ser sobrepasada por creencias que proyectan virtudes sociales.


Entonces, la reputación se convierte en el filtro decisorio de las ideas que sobreviven y no.


La cultura se convierte en el campo de batalla donde las ideas se intercambian con la percepción social como moneda de cambio.


Las creencias se expanden de ese modo no por su racionalidad o carácter práctico sino por la imagen que proyectan.


Y entonces, en nuestra cultura, las creencias se convierten en máscaras elegidas con cuidado para proteger y radiar una reputación.


Cuando la subjetividad y el relativismo se manifiestan desde la inteligencia conspicua y la moral conspicua, estamos en el entorno del posmodernismo y a través de la ideología el individuo se arroga la moralina para juzgar al resto de la sociedad.


 La humildad que se exhibe deja de ser virtud y empieza a ser estrategia.



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