top of page

DECIDE Y APUESTA : Annie Duke (V)

  • yosorep
  • 3 ene
  • 10 Min. de lectura

Actualizado: hace 7 días

DISCREPAR PARA GANAR.

 

Entramos en una parte de la capacidad de tomar decisiones en la que tenemos que aceptar aspectos en cierto modo difíciles para la humanidad.


Aceptar las opiniones de otros, normalmente alejados de nuestras ideas.


Compartir información disponible.


Abstraernos de las experiencias para poder reconocer que hay otros resultados posibles.



Las normas CUDOS.

 


Robert K. Merton (1910–2003) fue un sociólogo estadounidense fundamental para el desarrollo del funcionalismo estructural.


Su obra se centró en cómo las instituciones, normas y estructuras sociales moldean el comportamiento humano.


Fue pionero en teorías que explican cómo las decisiones individuales no pueden entenderse sin el contexto social que las condiciona.


En la figura de Robert Merton, se desarrollan ideas clave sobre cómo las estructuras sociales influyen en las decisiones individuales, destacando la tensión entre normas culturales y oportunidades reales.


Su enfoque ayuda a entender cómo las personas eligen, se adaptan o se desvían dentro de sistemas sociales complejos.


Podemos descubrir las investigaciones sociológicas que entre 1942 y 1973 llevaron al sistema de decisiones CUDOS, como una “ciencia ideológica equilibrada que constantemente recurre a colaboraciones antagónicas para resolver disputas empíricas”.

 

El modelo de Robert Merton es ideal para una comunidad epistemológica que se autocorrige en base a las normas CUDOS. Este acrónimo proviene de las siguientes partes:


·        Comunismo. En el sentido que los datos pertenecen al grupo.


·        Universalismo. Aplicar estándares uniformes a las afirmaciones y la evidencia sin importar de donde provengan.


·        Imparcialidad (disinterestdness). Vigilancia contra conflictos potenciales que puedan influir en las evaluaciones del grupo.


·        Escepticismo organizado. Disuasión entre el grupo para promover el compromiso y la discrepancia.


Estudió sobre la influencia de las instituciones en la comunidad científica, con períodos de avance científico alentados por influencias geopolíticas, pero a su vez con otras etapas independientes de ellas.


Estableció normas o reglas de interacción para cualquier grupo en busca de la verdad.

 


Comunismo mertoniano: más, es más.

 

La acepción de comunismo en la teoría de Merton se refiere a la propiedad común de los datos de los grupos.


En el ámbito académico, los datos de un investigador individual eventualmente debían compartirse con la comunidad científica en general para que el conocimiento avanzara.


El secretismo es la antítesis de esta norma. “La comunidad está de acuerdo que los resultados de una investigación no pueden ser revisados correctamente sin acceso a los datos y una descripción detallada del método y el diseño experimental”.


Las investigaciones pueden ser privadas y secretas, pero una vez publicadas deben ser admitidas a la evaluación. La precisión depende de la accesibilidad a la información.

 

Como apunta Richard Feynman (refutación), un ideal de ciencia compartida acepta la honestidad total de reconocer todo lo que se considere puede invalidar tu teoría.


Cumplir la regla: más, es más, significa no sólo obtener toda la información disponible, sino sobre todo, “sacar del armario” todo razonamiento, idea o información que provoque vacilación o incomodidad sobre una teoría.


El autogobierno en EE.UU., que busca la verdad, debe basarse en compartir la información, y evitar que no se vulneren garantías constitucionales como la libertad de prensa y la libertad de expresión personal.


Además, debe asegurar que la información llegue al público: el Gobierno sirve a las personas, que son propietarias de los datos y tienen derecho a acceder a ellos.  Es una referencia fundamental de valoración del gobierno y del Estado. 

 

El intercambio de datos e información en su objetivo de búsqueda de la verdad, se debe hacer desde el acuerdo.


Es por ello que no podemos ni debemos obligar a los demás a compartir información si no se quiere amparado en el derecho de privacidad.


El derecho a los secretos comerciales y a la propiedad intelectual deben ser protegidos.


Pero dentro de un grupo de decisión, compartir los detalles relevantes que permiten evaluar la calidad de una decisión es crucial para un productivo resultado en busca de la verdad.

 

Jonathan Haidt nos dice que somos agentes de relación pública propia que creamos las narrativas que más nos favorezcan.


Ya sea que nos falte información o porque nuestra humanidad lo favorece, contamos la historia como nos conviene.


Todos conocemos casos de relatos distinto para un mismo suceso totalmente diferentes entre sí.


Es el efecto Rashomon, un fenómeno que describe cómo distintas personas pueden dar versiones contradictorias pero verosímiles de un mismo hecho, debido a su percepción subjetiva.


Pero incluso sin versiones contradictorias, este efecto nos recuerda que no podemos asumir que una versión de una historia sea precisa o completa. Normalmente no contaremos con las otras versiones de cada historia que nos llegue y por ello la posición más conveniente no sería aceptar cualquier relato como completo u objetivo.


Casi nunca dispondremos de toda la información relevante.


Al presentar una decisión discutida debemos tener en cuenta los detalles que quizás omitimos.


Recuerda, no fallamos solo por lo que no sabemos, sino incluso por lo que no sabemos que no sabemos o incluso creemos saber.

 


Compartir información es una cualidad y práctica de experiencia en la capacidad de decisión.


El buen decisor practica alguna forma de compartir la información.


Cuantos más detalles tengamos en cuenta para las decisiones, más precisa puede ser estas decisiones que tomemos.


Por norma somos reacios a compartir información que revele carencias personales o profesionales.


Sin embargo, con la retroalimentación apropiada lo que recibiremos es una actualización positiva de nuestra imagen que puede mejorar nuestra autopercepción.


Ojo. Admito que esta última afirmación puede ser muy discutible dependiendo de qué tipo de información estemos hablando.

 

Debemos recordar que una victoria o un resultado positivo no es decidir bien.


No debemos caer en una narrativa auto celebratoria.


Accediendo a compartir información y recompensa por la reciprocidad en el grupo mejoramos decisiones, mejoramos nosotros.

 


UNIVERSALISMO: no mates el mensaje.

 

El consejo no matar al mensajero es promotor de las ideas disidentes. 


Existe una historia basada en una batalla del imperio romano bajo el mando de Lúculo en la guerra contra los armenios que es la que soporta esta idea.


En el sentido de Merton, universalismo hace referencia a que cualquier afirmación, independiente de su fuente, debe estar sujeta a criterios impersonales, de modo que su aceptación o rechazo no debe depender de la persona que transmite, incluidos sus atributos sociales y personales.

 

No matar el mensaje, sin la misma atención histórica, tiene tanto valor o más que no matar al mensajero en el proceso de tomar decisiones.


Cerrar la mente al mensaje o al mensajero es perder una oportunidad de aprendizaje. Tanto si le damos opinión favorable acrítica, como si desechamos sin revisión.


La sustancia de la información debe ser independiente de su fuente. Tiene que pasar por el control, el contraste y la posibilidad de no ser única.

 

Cuando somos capaces de aceptar primero y reflexionar y entender como piensan otras personas con opiniones distintas y tras ello somos capaces de entender y aceptar que también podemos aprender de ellos, estamos contribuyendo a ser mejores en general y también a mejorar la toma de decisiones.

 

El universalismo requiere una apertura mental reforzada.


Entender que, aunque haya polarización política o de ideas en general, nadie tiene únicamente buenas o malas ideas.


Es volver a recordar y comprender que el universo no es binario.


Mirar los puntos de unión o coincidencia puede ser una buena estrategia para aprender cosas que de otra manera sesgada nos saltaremos.


Si al final no encontramos mucho en común o que consideremos con sentido, habremos aprendido sobre la postura del otro y sobre la nuestra.


Omitir la fuente de una opinión o incluso ponerla en atribución de quien no consideramos, es una estrategia de desvinculación del mensaje y del mensajero. Esto evitaría sesgos y apoyaría el compromiso del grupo con el universalismo.


J. S. Mill nos propone que la única manera de adquirir conocimiento en busca de la verdad es teniendo en cuenta todos los enfoques posibles aprendiendo así cosas que no sabíamos.


Calibrando nuestras opiniones.

 


Imparcialidad: todos tenemos un conflicto de intereses y es contagioso.

 

Las teorías científicas que hemos conocido en la época más reciente son en muchos casos ejemplos del conflicto de interés.


Casos como el estudio sobre la relación de la grasa con las enfermedades cardíacas en los 60ss, son ejemplos de incentivos-económicos- no declarados, de conflictos de interés y de sesgos mantenidos que hoy siguen existiendo y en muchos casos generan perjuicios sociales en aspectos tan importantes como la salud.

 

El conflicto de interés no debería estar tras un incentivo económico.


Pero además no es la única forma en que se presentan los conflictos de interés.


Nuestro cerebro los incorpora y los utiliza para interpretar el mundo desde nuestras creencias, queriendo evitar admitir que no sabemos o que estamos equivocados.


Con todo ello creamos nuestro mundo en el que nos atribuimos los méritos de los resultados favorables a nuestras decisiones; justificamos los malos resultados con factores externos a nuestro control y la suerte, y buscamos una comparación favorable inter pares o con nuestros iguales.


Nuestra naturaleza no es imparcial, y por ello procesamos la información en dependencia del mundo y la realidad que deseamos.

 

Volviendo a conclusiones anteriores de este libro y al párrafo anterior, podemos decir que saber cómo resultó algo crea un conflicto de interés llamado resultadismo.


Hasta el físico Richard Feynman reconoció que en su propia ciencia hay sesgos provenientes de los resultados que son demostrables.


Porque en cualquier caso, aunque los datos o la información tan objetiva como puede ser las mediciones estén disponibles, estas no dejan de estar expuestas al sesgo, ya sea de una manera consciente o inconsciente.


Algunos científicos confían en el outcome-blind como un sistema de investigación que ignora los resultados para evitar los sesgos y mejorar la imparcialidad.


Algo que debería ser más usado en ciencias más sociales como economía o psicología.

 


Ignorar el resultado a la hora de evaluar decisiones es una manera de evitar el resultadismo.


Resulta complicado, porque lo normal como sabemos es que conocer el resultado sesgará la evaluación de la calidad de las decisiones para hacerlas coincidir con la calidad del resultado.


Al modo de Matrix, no dar el resultado es como dar la pastilla roja.


De este modo no estarás determinado por un resultado y aprenderás a decidir con la libertad que supone no conocer ese resultado.


De este modo nuestras decisiones son libres.


Libres de sesgo.


Y entonces podemos examinar, comprender y aprender a procesar la decisión.

 

Como ya hemos apuntado antes, los resultados no son el único problema, sino que en la mayoría de los casos las creencias son las que están detrás de las decisiones.


Salvo si es tu intención, cuando intentes evaluar algún dato, hecho u opinión, sería apropiado proteger al que te oye de tu propia opinión, para no condicionarlo a el o al grupo.


Es menos probable que el grupo sucumba a conflictos de intereses ideológicos cuando no se sabe cual es el interés de la persona que opina.

 


Escepticismo organizado: los escépticos de verdad inician discusiones y hacen amigos.

 


La palabra escepticismo puede tener una connotación negativa para quien no tiene un conocimiento exacto o certero de lo que es y supone.


Para muchas personas la acepción escepticismo como discrepancia puede ser desagradable, pero un genuino escepticismo tiene que ver con los modales, con discurso y con comunicación.


Escepticismo es una aproximación al mundo que se pregunta por si las cosas podrían no ser verdad en lugar de por si son verdad”.


Una especie de actitud "refutativa".


Aunque haya una verdad objetiva que buscamos, no podemos encontrarla sin cuestionarnos desde el escepticismo que todo lo que creemos sobre el mundo no es verdad.


La apuesta es un cuestionamiento escéptico de lo que creemos.


El escepticismo es una postura o modo de aceptación de la incertidumbre.


Y el escepticismo permite modular de manera natural la expresión de desacuerdo con los demás.


Es una herramienta útil y práctica para grupos de opinión y practica personal y laboral.


El objetivo es vernos a nosotros mismos y al mundo con mayor precisión y objetividad.


Ello obligará a pensar en cosas y en un modo que normalmente evitamos pensar.


Pero debemos ser conscientes, volviendo al principio, que las personas que realmente no han aceptado la búsqueda de la verdad, cualquier discrepancia puede resultar una agresión.

 

 

 

Comunicarnos con el mundo más allá de nuestros grupos.

 


Buscar grupos de opinión que nos ayuden a buscar la verdad es una apuesta poco común.


Es necesario tener siempre claro que esta acción debe hacerse desde una postura constructiva y civilizada.


Pero requiere una serie de compromisos e ideas claras.

 

1.      Expresar incertidumbre. Se trata de hacer ver que queremos compartir opciones e información útil de personas disidentes arriesgando a estar equivocados y saltándose los contratos sociales que en muchas ocasiones nos impiden expresar o ocultan opciones e ideas valiosas (autocensura?).


2.      Liderar con consentimiento. Si queremos interactuar con personas con las que estamos en desacuerdo, es mejor encontrar puntos de partida en los que se comparta opinión. Esto hará más fácil su apertura y dará opción a expresarse de manera libre y productiva.


Este grado de universalismo y coincidencia es necesario para una relación más abierta y productiva que permita calibrar las creencias.


Una idea nueva es presentar las ideas como complementarias y no como contrarias. Esto permite al otro expresar y compartir su opinión fuera de contratos sociales.


Cambiar un Y, por un, PERO, es una diferencia entre compartir/mejorar y combatir. El lenguaje también se hace fundamental. “Si, y..! suponen aceptar y añadir.


3.      Acuerdo temporal. Es conocer previamente si la otra persona busca desahogo o consejo. En el primer caso, desahogo, es bastante más sencillo. Solo escuchar puede bastar, junto con mantener empatía, comprensión o compasión.


Pero en el caso del consejo, estamos en una búsqueda de la verdad que tenemos que discernir de aquellos que solo busquen la confirmación y la razón dada: reafirmación.


4.      Centrarse en el futuro. Resulta más fácil identificar fines y objetivos que ejecutar o procesar el camino que lleva a esos objetivos.


En el segundo caso asumimos responsabilidad, incluyendo malos resultados.


En lugar de repasar lo que ya ha pasado, intentaremos hablar sobre lo que las personas podrían hacer en el futuro para que las cosas salgan mejor (hijos, familiares, amigos, compañeros, etc..).


Somos más racionales sobre el futuro que sobre el pasado.


Tiene sentido porque en el futuro no señalamos normalmente la posibilidad de perder.


Es más complicado ponernos a la defensiva por algo que todavía no ha pasado.


Y es normal que insistir en los resultados provoque una actitud defensiva.


El futuro siempre puede ser mejor si logramos que se enfoquen en las cosas que sí podemos controlar.


Ese señalamiento del futuro nos aleja de las frustraciones del presente.



Entradas recientes

Ver todo
IGUALDAD E INCERTIDUMBRE.

Apunta Taleb que debemos tener cuidado cuando alguien te ofrece algo beneficioso en el que esta persona también gana algo. Puede que la parte perjudicial solo te afecte a ti. Eso es lo que no ves, cua

 
 
 

Comentarios


©2020 por emprendimiento liberal. Creada con Wix.com

bottom of page