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Desigualdad y jugarse la piel.

yosorep
22 abr
5 min de lectura

 No todas las desigualdades son iguales.


Podemos entender que hay dos tipos de desigualdades básicas.


Una primera sería la que la mayoría reconoce y tolera, porque de algún modo está justificada en la diferencia de capacidad de las personas que las sufren en relación con las que se beneficia de ella.


Sería la desigualdad de personas famosas como científicos, artistas, y personas asimiladas a las que la desigualdad que nos diferencia provoca una admiración, referencia o fenómeno de fan.


Son desigualdades inspiradoras, alejadas de resentimientos.


Sin embargo, hay otro tipo de desigualdad que no toleramos, porque se produce entre personas con aparentemente iguales habilidades, pero que han usado o sabido desenvolverse mejor en el sistema alcanzando un enriquecimiento que aparece en algunos casos como ilícito, privilegiado, político o desde la ley.


En este caso seremos haters de este perfil.


Son los esclavos enriquecidos y como veremos, la importancia que tiene esta desigualdad en una sociedad viene dada en muchos casos con la propia cultura de la misma, en relación sobre todo con la percepción de la riqueza como un todo dado donde las relaciones dan sumas cero netas o en el caso contrario, sociedades donde se percibe la riqueza con la potencialidad del crecimiento.


Aquí es donde entra en juego los IPI, los inteligentes, pero idiotas, que son capaces de influir en las decisiones y las ideas de personas sin capacidad de pensar, aprender o sin interés por ninguna de las dos cosas.


Estas, aceptan lo que los medios y políticos quieran normalizar, y venden la única posibilidad dentro del pensamiento único: la riqueza es una tarta hecha, la economía es suma cero.


Solo queda la posibilidad de quitar al que intenta hacer crecer la tarta porque para ellos, que no saben, que no quieren medir, la tarta no crece.


Estas élites son promotores del Estado del que se valen para obtener la riqueza vía de la manipulación y de la explotación del entorno político y económico, desde el patrocinio o desde la regulación desde la que se sirven para engañar a la gente imponiendo trabas y burocracia que ralentiza la competencia y el crecimiento económico.


Paradójicamente, fuera ya de esos puestos políticos y legislativos, estarán los mismos que aprovechen para manipular la ley en su beneficio como asesores y consultores cuando estén fuera de la función política.


Las puertas giratorias…

 

En cambio, en los países en los que de algún modo más o menos puro se permite el proceso de destrucción creativa y la competencia de Schumpeter, la riqueza si crece.

 

Pero para darles la razón a aquellos que compran, promueven y utilizan el Estado y promueven luchar contra la desigualdad, podemos afirmar que la desigualdad existe y la economía es un juego de suma cero.


Es el que han creado con su tablero, sus fichas, sus billetes, y quieren manejar todo el flujo del este “monopoli-o” cobrando por su supervisión sin añadir ningún valor.

 

Debería ser ya el momento de despertar y reconocer que el objetivo de la persona a detestar es aquel que no se juega la piel y está en la cima.


No asume riesgos, pero consigue elevados ingresos desde su posición de manera “regular” o irregular.


Es capaz de recoger beneficios y resultados, aunque no sean suyos y vender las pérdidas y los malos resultados a un sucesor o a un enemigo político o económico.

 

“La verdadera igualdad es la igualdad probable”.


“Jugarse la piel impide que los sistemas se pudran”.

 


Lo estático y lo dinámico

 

Encontramos entre las personas en general y entre aquellos economistas que no son capaces de asumir riesgos o no entienden bien la desigualdad una gran dificultad para entender que las cosas cambian.


Obviando que la sociedad general no lo entiende, en el caso de los “especialistas” economistas, estos tampoco entienden que la teoría de la complejidad es la que mueve el mundo que nos rodea y que, en la economía y las inversiones, existen las colas anchas.


El mundo no es una normal de probabilidades.


Hay muchas personas que se hacen mediáticas como un perfil del tipo intelectuales pero idiotas, que no reconocen la ergodicidad como un problema en sus decisiones, pero son capaces de elaborar un artículo o escribir un libro entero explicando el mundo que le rodea sin conocerlo realmente.


Son capaces de detectar la desigualdad estática.

 

“La desigualdad estática no es más que una instantánea de la desigualdad que no refleja lo que sucederá en el transcurso de la vida”.

 

Esta es la propuesta general que nos presentan, la que venden, la que está de un modo más institucionalizada en algunas partes del mundo con respecto a otras.

 

Sin embargo “la desigualdad ergódica o dinámica afecta al futuro y al pasado”.

 


No podremos nunca, como suele proponerse, crear una igualdad dinámica elevando el nivel de los que están en la base, sino permitiendo desde un sistema libre y de competencia que los ricos vayan rotando, y obligando a la gente a abrirse a la posibilidad de una apertura en la que tenga aspiraciones de mejora solo desde el único camino posible: jugarse la piel.


Por eso, una sociedad que castiga o que empuja a reducir sus empresarios verdaderos y sus autónomos, está avocada a empeorar la desigualdad.

 

Para que una sociedad sea más justa hay que obligar a la gente a jugarse la piel y someterse al riesgo o coste de oportunidad de no formar parte del 1% más rico.

 

Esto no solo implica la posibilidad de mejora de cualquiera que tenga posibilidades y quiera, sino también de que nadie en las mejores posiciones tiene la certeza y no debe tenerla, de que podrá permanecer en el lugar elevado en que se encuentra.

 

Para Taleb: “la igualdad dinámica es lo que restituye la ergodicidad, permitiendo que el tiempo y las probabilidades del conjunto sean elementos sustituibles”.

 


Ergodicidad: es un concepto fundamental en matemáticas, física estadística y teoría de sistemas dinámicos.


En términos sencillos, describe cuándo el comportamiento promedio de un sistema a lo largo del tiempo es igual al comportamiento promedio de una colección de sistemas similares en un momento dado.


Un sistema es ergódico si podemos observar una sola trayectoria durante mucho tiempo dando el mismo resultado que observar muchas trayectorias al mismo tiempo.


Es decir, el promedio temporal y el promedio estadístico coinciden.


Imagina lanzar una moneda:


  • Si una persona lanza una moneda 100 veces, y

  • 100 personas lanzan una moneda una vez cada una,

  • En un sistema ergódico, ambos experimentos deberían dar aproximadamente 50% cara y 50% cruz.


En un sistema no ergódico, el promedio de un individuo a lo largo del tiempo no representa el promedio del grupo.


El estado opuesto a la ergodicidad es la absorción.


Con respecto a la desigualdad, en el caso de un sistema de ergodicidad perfecta, y en el caso de vivir eternamente, tendríamos que pasar algún tiempo en las condiciones económicas de cada uno de los sectores sociales, incluido un año correspondiente al 1% de la clase económica superior.


Pero claro, eso sería en sistemas que permiten la posibilidad de que la ergodicidad se desarrolle.


Sin embargo, en un sistema de absorción, no ergódico, cualquier individuo que alcance un estado, incluso el de rico, seguirá siendo rico (o pobre) el resto de ese tiempo que vive.


Es el caso que nos encontramos en los países en los que se ha desarrollado mucho el Estado según Taleb.


Y ese estatus es sobre todo ante la imposibilidad de descender.


Y, en cualquier caso, lo más importante de este caso, es que genera la imposibilidad de traspaso entre niveles económicos, sobre todo desde arriba hacia abajo.


Seguimos votando absorción para crear un Matrix conveniente para las clases que no se juegan la piel.


Te venden que buscan combatir la desigualdad cuando en realidad la están consolidando.


Su beneficio es nuestra pobreza.

 


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