DEUDOCRACIA PANDEMICA.
Actualizado: 11 ago
Nos falta hoy en muchos casos el entendimiento y espíritu crítico suficiente para poder ver y reconocer como las instituciones que nos hemos dado y los valores que las han soportado durante varios siglos están en descomposición.
Estos sistemas políticos, sociales y económicos y las normas jurídicas, así como el lenguaje, el mercado o el propio dinero que surgieron como consecuencia de un proceso evolutivo y descentralizado en el que los fines individuales fueron eligiendo los medios disponibles que les permitía alcanzarlos, fueron siendo realidad en un proceso espontáneo de prueba y error que termino beneficiando a la humanidad en general.
Siempre hubo algún burócrata que quisiera controlar en un proceso vertical, siempre de arriba hacia abajo, ese orden espontáneo argumentando la incapacidad humana para organizarse en ausencia de alguien que controle por leyes y la fuerza de la violencia, para el correcto desempeño de la sociedad, como señalara en el siglo XVII Hobbes.
Es la propia complacencia, unida al deseo de control por el poder el que facilita que instituciones como el dinero pueda ser controladas por autoproclamadas autoridades monetarias que con la colaboración de Estado y entidades financieras, nos ha llevado a un sistema de dinero-deuda interesadamente desconocido y cuyas consecuencias desiguales en muchos casos están aún por descubrir.
Tenemos una estructura monetaria que es un enorme fraude que, permanece en manos de unos pocos que la hacen funcionar como una agencia central planificadora y coactiva, no elegida por los ciudadanos.
Este control se materializa fijando el precio del dinero a través del tipo de interés que permite orientar y coordinar las decisiones económicas de los individuos.
Aunque esto último es tan difícil como irreal porque nadie controla estos conocimientos y sus decisiones, sino que además generan distorsiones y tensiones estructurales en la asignación de recursos y crisis sociales recurrentes.
Este modelo que genera dinero ex nihilo hace que el propio sistema sea inflacionario.
Un sistema fiduciario o fíat que nunca funciona como fenómeno económico natural, consecuencia del mercado, sino resultado político tomado por quienes se benefician de ello a expensas de quienes la padecen.
Las emisiones de moneda es un cártel formado por financieros y políticos que determinan qué es dinero, su cantidad en circulación y los destinatarios de la financiación, siempre a costa del resto vía emisión de deuda e impuestos.
Un sistema abocado a crear burbujas recurrentes que alteran los ciclos económicos en un proceso de expansión-recesión, inestable y sesgado, que benefician a quien maneja la información captando activos cuando todo se derrumba y vendiendo en su cénit.
Los Bancos Centrales actúan como director de orquesta de los músicos banqueros mientras cuentan con la salvaguarda del propio Banco Central que les permite privatizar los beneficios y socializar las pérdidas.
Tenemos una deudocracia que carcome no solo las estructuras económicas de la sociedad, sino también las sociales. Y que ha sido capaz de controlar un relato que señala que este sistema monetario y financiero es el natural y que todo el problema es consecuencia de la ausencia de intervención coactiva por las autoridades.
El estado político actual se resume en que los de izquierda no entienden el proceso de creación de dinero y atribuyen todo al neoliberalismo salvaje que, no existe; mientras que desde la derecha se ataca a los Estados eludiendo la connivencia entre banqueros y Gobiernos a costa del resto.
El secuestro del dinero.
Según Carl Menger el dinero es una institución evolutiva que mediante aciertos y fallas a través de siglos se ha configurado sin que en su origen los gobernantes tuvieran nada que ver, y se puede relacionar con el surgimiento de los Estados el hecho de que los políticos metiesen las manos en el dinero ayudando a sus amigos banqueros con los que habían tenido históricamente una relación de ayuda recíproca.
Los estados otorgaban a los bancos el privilegio de la creación de dinero ex novo a cambio de adquirir la deuda pública emitida por el Tesoro público para financiar sus compromisos y promesas políticas.
Esta pareja que forman el Estado y Bancos junto a grandes corporaciones tienen la capacidad de sobrevivir a costa del resto de la población generándoles pobreza a través de la reducción del poder adquisitivo y extrayéndoles rentas a esa población que cubre a las pequeñas empresas y emprendedores.
Las grandes corporaciones mantienen una posición privilegiada que Joseph Schumpeter denunciaba señalándoles como grandes ministerios corporativos que en muchos casos dejan de cumplir su función económica y social.
Estas corporaciones se han beneficiado en muchos casos y formas de los presupuestos públicos, con márgenes mantenidos por medidas proteccionistas, ayudas públicas, financiaciones preferentes, rescates o financiación directa a través del Banco Central con la compra de bonos.
La misión principal de control de la inflación del Banco Central se ha convertido en mantenerla limitada en el tiempo.
Esta inflación es un impuesto silencioso que no se intenta evitar y se alimenta con los incentivos políticos y empresariales de mantener el déficit público de manera recurrente, licuando de esa manera la deuda, alimentando el crecimiento de las bolsas y provocando efectos de segundas rondas con insuficientes subidas de salarios.
Henry Hazlitt señala que la inflación cubre con un velo de ilusión cualquier proceso económico confundiendo y engañando a todos que medimos ingresos y riqueza en términos monetarios.
Un hábito mental que afecta incluso a economistas.
La inflación es capaz de generar autosugestión y engaño.
Rescates estratégicos.
Las emisiones de deuda que realizan los gobiernos con la barra libre monetaria serán pagadas, tarde o temprano, con el dinero que con esfuerzo ganan hoy los ciudadanos o en su caso, y en el futuro, sus hijos y nietos.
Estas emisiones sirven para llevar a cabo planes con nombres rimbombantes como los más cercanos Europa Next Generation y que servirán para proteger a las empresas de todos los sectores implicadas en esta rueda de salvación de multinacionales que sentarán en sus sillones a los políticos que hoy les benefician.
Un ejemplo cercano es el plan para el rearme europeo con el motivo de la guerra de Ucrania.
O el plan de competitividad de Mario Draghi.
Todos con un solo fin: el expolio.
Todos y cada uno de los programas de desembolso de dinero público europeo al sector privado tienen un mismo origen extractivo, expropiatorio y de transferencia de rentas desde los hogares y empresarios a las multinacionales y políticos.
Para ello han generado un establishment académico y mediático que apoya este proceso.
Los programas de gasto público no tienen reparo porque saben y han instituido el orden: primero el gasto y después ya inventamos la recaudación.
Un proceso en el que casi todos los sectores se convierten en estratégicos y en donde no es fácil discernir dónde acaba el Estado y dónde la gran corporación.
Todo esto perjudica al ciudadano de a pie consumidor, contribuyente y financiador del sistema y a las pequeñas y medianas empresas que, son los verdaderos empresarios que compiten en condiciones desfavorables.
Todo esto está destruyendo la función social que el economista de la escuela austríaca Israel Kirzner señalara como ejercicio esencial de empresarialidad orientado a satisfacer las necesidades y resolver los problemas de las personas.
Cambiamos al empresario por empresaurios que terminan sustituyendo la esencia vital y económica de la sociedad para configurar el capitalismo de Estado, muy similar al socialismo de mercado chino.
Una bomba de relojería.
Desde la desaparición definitiva del sistema patrón oro, la emisión masiva de dinero-deuda se ha convertido a su vez en una carrera para aumentar los pasivos del sector público sobre la promesa de un interés general que solo les sirve para comprar votos y financiar a empresas y multinacionales que forman parte de este fraude.
Ya no queda por demostrar que este sistema con Bancos Centrales que manipulan los tipos ha ido en contra del interés general en un proceso inflacionario que devalúa la moneda.
Otra cosa es no tener interés o no querer verlo.
En algunos foros se señala que este tipo de soluciones es la que ha permitido salvar a la economía y los países de las crisis como las vividas en el 29 pero, esa idea queda desmontada con la propia crisis de 2007...
Todavía no somos consciente del nivel de iatrogenia que genera este sistema y de la fragilidad que provoca el propio sistema.
La pregunta es si no será que el papel del Banco Central es destruir la moneda en favor del sistema creado que favorece el expolio de una manera legal a través de la inflación monetaria, la inestabilidad económica y manipulación de tipos.
Un proceso de control de las personas que se quiere aquilatar y hacer superlativo con la moneda digital en marcha, la CBDC.
Cuando Lorenzo Ramírez escribió su libro el dato que da nombre a este capítulo como bomba de relojería se refería al nivel de deuda a nivel mundial, que equivale al 328% del PIB planetario.
Cuantas vidas serán necesarias para cubrir esta deuda….
Fue la crisis del 2008 la excusa para que el tamaño del sector público creciera como lo ha hecho y que, en menor medida, el sector privado vaya acompañando tras años de tipos de interés muy bajos que alentaron la inyección monetaria.
Y más tarde será la pandemia de nuevo la que dio un nuevo impulso a la deuda y el crecimiento del saldo monetario.
La única solución está en la confianza de que esa deuda nunca se pagará, por inherente imposibilidad.
Y al mismo tiempo controlar los tipos de interés lo más bajo posibles para poder seguir pagando el servicio de esa deuda, los intereses, sin que el sistema colapse.
Confiar en que este sistema pueda ser mantenido por los ingenieros sociales, monetarios y financieros es un riesgo que se manifiesta en momentos que los acreedores exigen mayores tipos de interés provocando tormentas económicas, pero aún no políticas.
Esta situación de creación de dinero sin fin es propia de las economías más avanzadas.
El superávit fiscal en estos países solo es posible en casos especiales de aislamiento como Suiza u otros con capacidades productivas de materias primas como Noruega.
Y curiosamente, ambos, mantienen fondos o Bancos Centrales que disponen de activos financieros en su balance.
Activos financieros que generan rendimientos y que, no solo no son afectados negativamente por la inflación, sino que en muchos casos les benefician.
Los límites de déficit y deuda autoimpuestos se saltan de manera recurrente con cualquier justificación: cambio climático, guerras con Rusia, pandemias globales o potenciales ataques alienígenas…
Y no, esto último no es una broma. Paul Krugman a quien le han dado un premio nobel lo señaló como una justificación.
La falacia de la ventana rota expuesta por el economista y legislador francés Frederic Bastiat explica el funcionamiento ideológico y práctico de la economía actual, el gasto y la deuda.
El damnificado panadero de la fábula de Bastiat somo todos y cada uno de los ciudadanos y empresarios que pagamos la ventana rota.
Debe quedar claro que ninguna guerra es una oportunidad para el ciudadano en general, que además de poner los muertos en esos casos, son los que en cualquier caso pagan los impuestos, ve como pierde poder adquisitivo de sus ahorros y aumenta su parte de deuda nacional mientras multinacionales y políticos se benefician.
Las tesis keynesianas que hablaban de los espíritus animales como causantes de las crisis y la justificación del Estado para tocar de nuevo la música que se necesita para en esos momentos, ya no tienen sentido cuando la intervención es recurrente, crónica, provocando booms artificiales y engordando la bola de nieve a la vez que se mantiene y extiende las ineficiencias del sistema.
Mantenemos empresas zombis, dopadas con fondos públicos y protegidas por aranceles, mientras a su vez son aplaudidos los profetas de la Teoría Monetaria Moderna MMT que señala como ilimitada la capacidad de creación de dinero y la falta de valor de la deuda.
Su réplica ortodoxa está en la revalorización del oro y el auge del bitcoin.
Creación sistemática de burbujas.
Las crisis inmobiliaria y financiera de 2007 confirmó que el sistema financiero y monetario era débil e incapaz de sobrevivir sin más de lo mismo.
El primer intento cierto de subir los tipos en 2018 confirmó y dejó al descubierto que el sistema financiero aún no se había recuperado.
Era dependiente...
En los últimos años se ha producido una compra de oro que señala esa debilidad agravada tras la pandemia con la creación ex novo en cinco años del 50% de la masa monetaria actual.
Poco antes de la crisis de 2007 se produjo en el año 2000 la denominada crisis de las puntocom que hoy muchos se acuerdan en señalar como similar al nivel de las bolsas hoy con la IA.
De esa crisis se salió al estilo P. Krugman, pero en este caso los alienígenas fueron yihadistas criados por occidente y que provocaron la guerra contra el terror.
La burbuja se produjo por la concentración de inversión, en mayor parte especulativa, ya que la mayoría de las empresas no tenían un modelo de negocio sólido con ventas y beneficios para sostener los precios de sus acciones.
Mientras, los bancos animaban la fiesta con el crédito y la Reserva Federal subía el volumen de la música para acallar la denuncia de esta situación.
Los mercados financieros anticipaban un crecimiento futuro apoyado en un crédito creado que no provenía del ahorro, que no tenía respaldo, que se creaba bajo un riesgo moral y financiero cuyas consecuencias ya conocemos.
La burbuja se va creando mientras se abre una brecha entre la economía financiera y la real.
El sistema se convierte en fraude cuando se acumulan deudas por parte de individuos y empresas mientras el auge económico continúa aumentando pasivos por los bajos tipos de interés y la facilidad de acceso al crédito.
Los tipos de interés tan bajos permite que más inversiones y negocios sean rentables.
Pero cuando la economía y los tipos generan desconfianza y los bancos cierran el grifo, el sistema se cae.
El curso de los acontecimientos entonces es siempre el mismo: crisis económica y financiera empuja a la Administración Pública a realizar rescates que a su vez provocan crisis de deuda nacionales y estos a su vez requieren aumento de ingresos fiscales y ajustes del gasto.
El fin del patrón oro.
La Gran Depresión norteamericana, entre 1929 y 1933, llevó a muchos bancos a la quiebra.
Cuando con un desempleo superior al 25% los ahorradores acudieron a convertir sus saldos en dólares en oro o sacarlos directamente, estos no pudieron hacer ninguna de las dos cosas.
Esto suponía un problema añadido para la Administración que perdía como opción o se limitaba la capacidad de expandir la masa monetaria y así intentar solucionar la crisis.
Con la llegada al gobierno de Roosevelt en marzo de 1933, el objetivo principal fue desligar el dólar del oro.
En 1934 la Administración de EE.UU. aprobó la Gold Reserve Act por la que se obligaba a los ciudadanos a entregar a la fuerza su oro al cambio de 20 dólares por onza.
La intención era consolidar el control del Estado sobre el oro y provocar una devaluación masiva del dólar.
El desplome del dólar fue de un 70% en términos de oro, forzando al Tesoro a valorar la onza, ya en su poder, a 35 dólares y capturando de esa manera la plusvalía que fortalecía las reservas y la capacidad de financiar el New Deal con nueva emisión de dólares.
Esta nacionalización del mercado de oro provocó la degradación del dólar y una subida de precios prometiendo que en una generación el dólar tendría el mismo poder adquisitivo y de pago de la deuda antes de la confiscación.

El resultado de la promesa de Roosevelt...
Más tarde, el acuerdo de Bretton Woods en julio de 1944, consiguió que una delegación de EE.UU. saliese triunfadora de un debate entre John Maynard Keynes que representaba a Reino Unido y Harry Drexler White por EE. UU. El resultado fue la instauración de un nuevo sistema monetario internacional que fijaba los tipos de cambio de las naciones al dólar.
El dólar tomaba el relevo de la libra como moneda de referencia internacional gracias a dos condiciones: la reseñada fijación de tipo de cambio fijo de todas las divisas al dólar y el pacto de que los Bancos Centrales podían cambiar las reservas de dólares por oro a precio fijo de 35 dólares la onza en cualquier momento.
Esto convirtió a EE.UU. en la nación con más reservas de oro del mundo, pero con la obligación de mantener estable la oferta de dólares dentro del sistema.
Estabilidad que saltaría por los aires y que obligó a Nixon en 1971 a desvincular completamente el dólar del oro.
Año | CPI | Equivalencia (1971=1) |
1971 | 40.5 | 1.00 |
1980 | 82.4 | 2.03 |
1990 | 130.7 | 3.22 |
2000 | 172.2 | 4.25 |
2010 | 218.1 | 5.38 |
2020 | 258.8 | 6.39 |
2026 | 330.7 | 8.17 |
Un dólar de 1971 tiene hoy el poder adquisitivo equivalente a 8.17 dólares actuales. Eso significa que el dólar ha perdido aprox. 88% de su valor real desde que salió del patrón oro.
La degradación del dólar empezó pronto, en 1949, cuando las reservad de oro empezaron a disminuir.
Como señala el profesor Daniel Fernández, “el dólar no era más que una promesa, un pasivo, a entregar una cantidad de oro determinada y que EE.UU. tuviera reservas netas negativas significaba que había emitido muchas más promesas a entregar oro que el metal que tenía disponible para cumplirlas, lo que provocó el mayor impago de la historia”.
Esta situación propiamente provocada se unió a la acción de los especuladores que vieron una oportunidad.
Es aquí donde me interesa explicar el dilema de Triffin que consiste en una tensión estructural: la moneda que sirve como reserva mundial debe emitir más de lo que puede sostener sin perder credibilidad.
El economista Robert Triffin observó en los años 60 que cuando una moneda nacional (como el dólar) se convierte en moneda de reserva global, aparece un conflicto entre dos objetivos:
Objetivo internacional: el mundo necesita grandes cantidades de esa moneda para comerciar y mantener reservas.
Objetivo nacional: el país emisor debe mantener la estabilidad interna y la confianza en su moneda.
Para que el mundo tenga suficientes dólares, Estados Unidos debe emitir y “exportar” dólares, lo que normalmente implica déficits en su balanza por cuenta corriente. Pero esos déficits, acumulados durante años, erosionan la confianza en la moneda y en su capacidad de mantener su valor.
Se produce una paradoja: para que el dólar sea moneda global, EE. UU. debe endeudarse; pero cuanto más se endeuda, más peligra su papel como moneda global.
Si EE. UU. deja de emitir dólares el mundo sufre falta de liquidez. Si EE. UU. emite demasiados dólares se cuestiona su solvencia y estabilidad.
Durante el sistema de Bretton Woods, el dólar estaba ligado al oro. Triffin advirtió que, para abastecer al mundo de dólares, EE. UU. tendría que emitir más dólares de los que podía respaldar con oro. Eso ocurrió y hacia 1960 circulaban más dólares que oro disponible, y es lo que hizo que en 1971 EE. UU. abandonase la convertibilidad del dólar en oro.
Aunque ya no existe el patrón oro, el dilema persiste porque el dólar continúa siendo la moneda internacional dominante.
EE. UU. mantiene déficits estructurales para proveer liquidez global.
El mundo depende de esos déficits para funcionar.
Pero esos déficits pueden generar dudas sobre la credibilidad crediticia de EE. UU.
Tras la crisis de 2008, economistas —incluido el gobernador del Banco Popular de China— señalaron que este dilema contribuye a los desequilibrios globales que alimentan crisis financieras.
El dilema de Triffin es la contradicción entre ser moneda del mundo y moneda de un país: para cumplir lo primero, el país debe hacer cosas que ponen en riesgo lo segundo.
En un paréntesis de la historia las reservas de onzas de oro por millón de dólares del PIB se redujeron a 2/3 pero ahora las tornas han cambiado y todos los gobiernos en mayor o menor medida son compradores netos de oro, sobre todo desde 2015.
La deuda ha dejado de ser elemento de protección ante las turbulencias económicas. Y en ese punto las entidades financieras obtienen compromisos de los tesoros nacionales que los bonos comprados para financiar los gobiernos no supondrán una carga.
Así lo prometió Janet Yellen en 2023 a la gran banca americana para recomponer los títulos necesarios que evitaran las quiebras bancarias a mitad de 2023.
Este sistema financiero que genera inflación necesitaba de este fenómeno para licuar la deuda que emiten perjudicando siempre al acreedor y favoreciéndose el deudor.
Y recuerda que el crecimiento sostenido del peso de la deuda sobre el PIB es un fin en sí mismo de este sistema que a su vez necesita de tipos de interés bajos para perpetuarse junto a políticas de expansión monetaria.
Y recuerda que el dinero actual es deuda y la pérdida de confianza en el dólar o la deuda les afecta indistintamente.
¿Es posible la desdolarización global?
Aquellos que señalan un proceso de desdolarización global tienen un análisis voluntarioso pero incorrecto cuando señalan que el instigador de este proceso es China, que es el segundo país con mayor cantidad de dólares en posesión del mundo.
China ha mostrado siempre disconformidad en un sistema de pagos alternativo, e incluso India, que está interesado en mantener los negocio con ambos bloques.
Para China es más importante elevar el valor del yuan como alternativa al dólar, pero sigue teniendo y necesitando dólares para sus actividades. Motivo por el que llegó a realizar una emisión de deuda en dólares a finales de 2024.
Pero aunque el dólar se desligó del oro por la conveniencia de llevar adelante su sistema monetario, el propio Roosevelt firmó en 1945 un acuerdo estratégico con Ibn Saúd, de Arabia Saudí, que tres décadas después aprovechará Nixon cuando su nuevo sistema fiduciario sin oro comenzara en 1971.
Encontró entonces en el petróleo saudí algo que sustituyera al oro, que pudiera ser controlado, ampliamente demandado e imprescindible para el desarrollo económico.
El pacto con Arabia Saudí.
En octubre de 1973, una coalición árabe encabezada por Egipto y participada por Siria desata la guerra del Yon Kippur contra Israel.
Se toma el canal de Suez y la península de Sinaí por los egipcios y los Altos del Golán por los sirios.
Es secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger que, apoyaba a Israel, tuvo que manejar una situación para mantenerse bien con los países árabes, socios interesados en la producción de petróleo.
Debemos recordar que la relación con los países árabes y sobre todo con Arabia Saudí se remontaba a principios del siglo XX y que se forjó en una alianza conveniente para el patriarca Ibn Saúd y su toma de poder en el Reino Saudí y el consorcio petrolero del clan Rockefeller, la Standard Oíl y las demás petroleras que formaban un cártel.
De ese grupo formado por siete, hoy, tras fusiones diversas, solo quedan Exxon Mobil, Chevron, Royal Duch Shell y BP.
Para Kissinger era una pesadilla la victoria de cualquiera de las dos partes, mientras la OPEB amenazaba con el fin del petróleo barato anunciando un embargo a todo país que apoyase a Israel multiplicándolo por cuatro.
El mundo industrializado, EE.UU., occidente y Japón, dependía del petróleo árabe por lo que esta subida supuso una elevada inflación doméstica e industrial y una reducción de la actividad económica.
EE.UU. era el país más productivo de occidente, pero necesitaba para ello un consumo de energía superior al resto de países.
El petróleo de oriente medio se pagaba en dólares de EE.UU. Y durante aquel mandato de Nixon el modelo económico de más de dos décadas aparecía agotado y la inflación empezó a ser preocupante.
Nixon enterró el sistema financiero de Bretton Woods y la devaluación del dólar generó incertidumbre económica y política a nivel mundial, pero mejoraba la inflación.
El resto del mundo, especialmente países del tercer mundo productores y exportadores de materias primas se veían perjudicados tanto del valor de sus intercambios en dólares como del valor de sus recursos.
Kissinger llegó a pensar en una invasión o una opción de acción quirúrgica que desecharon para evitar una radicalización del mundo árabe.
A todo se unía una necesidad de respaldo del dólar una vez que abandonó el patrón oro y necesitaba que el dólar fuera moneda de reserva mundial.
La salvación fue un nuevo pacto con Arabia Saudí que tendría que controlar a los socios de la OPEP mientras empleaba dólares para adquirir bonos del Tesoro norteamericano y el uso exclusivo del dólar en las transacciones con el petróleo.
EE.UU. proporcionaría armamento, respaldo político y protección de sus yacimientos.
Con todo esto se resolvía el problema del creciente déficit de EE.UU. e intentaba evitar el acercamiento de la URSS a los países árabes.
William Simon, secretario del Tesoro de EE.UU. tuvo que convencer al rey Faisal bin Abdulaziz Al Saúd de la seguridad que suponía invertir sus petrodólares en deuda del Gobierno y la relación que duró décadas se cerró bajo el estricto secreto de estas compras.
Se unió el destino de EE.UU. a la teocracia saudí a través de una especie de patrón monetario vigente hasta hoy.
El riesgo estriba en el miedo continuo al colapso del precio del petróleo que obligue a Arabia Saudí a deshacer posiciones en bonos del Tesoro que a su vez funciona como un arma política.
El godzila bancario.
Japón es un protectorado de EE.UU. unido al sistema financiero de su “madre” como si de un cordón umbilical se tratara.
Japón es el primer acreedor extranjero de EE.UU. y ello también puede ser un problema si Japón tiene que defender su propia moneda o quiere ejercer alguna presión.
Este riesgo provocaría una subida de los tipos de interés de la deuda en EE.UU. dificultando la financiación de su déficit, el mercado de deuda corporativa y los bancos.
Otro ejemplo de la fragilidad del sistema monetario occidental.
El Banco Central de Japón se ha mantenido tres décadas con tipos de interés bajos e incluso negativos, pero ahora las expectativas de inflación están llevando los rendimientos de su bono a treinta años a tipos competitivos con los del Tesoro de EE.UU.
Además, Japón es actor clave en el sistema carry trade global que usa el yen para pedir prestado a bajos tipos de interés en Japón y destinar ese dinero a invertir en activos financieros más rentables. Para ello es necesario un yen depreciado y tipos de interés de Japón reducidos.
Señala Lorenzo Ramírez que, en opinión personal, Japón es el verdadero problema que puede desencadenar una crisis financiera global con un experimento monetario de tres décadas financiándose a nivel interno.
Europa también es candidata con una crisis fiscal oculta por el Banco Central y un sistema de dominancia fiscal como sistema normal de gestión.
En el caso de Japón, aunque tenga la ventaja de que su deuda esté en manos nacionales, no debemos olvidar que finalmente se está financiando el Tesoro de EE.UU. y es peligroso o imposible dejarlo caer.
Deudocracia Europea.
El denominado Estado del bienestar se ha convertido en un bienestar de un Estado compuesto de políticos, instituciones y empresaurios que mantienen una espiral de gasto público insostenible.
Recuerda. Pagan todos, pero se benefician unos pocos, y cuando te ofrezcan la necesidad de austeridad, esta no será real porque es para castigar a los hogares y pequeñas empresas, empleando la banca central para refinanciar a grandes corporaciones, aquellas que se benefician del gasto público que alimenta sus cuentas de resultados.
El desequilibrio presupuestario es una adicción de todos y cada uno de los Gobiernos comunitarios.
Se crean nuevas y recurrentes burbujas desde la emisión de deuda para la que facilitan excusas, argumentos o enemigos externos que los obligan a ello.
Desde el cambio climático hasta una pandemia, moviliza a los Bancos Centrales que se arrogan cualquier libertad para emitir masa monetaria a través de la compra de deuda pública o privada.
La última excusa, la guerra en Ucrania que nos obliga a gastos adicionales en ayudas y armamento que pagamos todos y venden unos pocos.
Para ello, políticos como el canciller Friedrich Merz cambian los despachos de BlackRock por los de la cancillería alemana que defiende el rearme europeo, elevando el gasto y la deuda pública, caminos señalados por Josep Borrell que indica que tenemos que renunciar a la mejora de la sanidad y la educación para salvar a Ucrania.
Ellos, que provocaron la guerra…
Ahora dicen que el estado del bienestar no es sostenible financieramente y debemos asumir recortes en sistemas de protección social para financiar el presupuesto militar contribuyendo a las cuentas de la OTAN y sus proveedores favoritos.
Alemania, Francia e incluso y sobre todo Reino Unido, sufren una crisis fiscal e incluso agujeros presupuestarios ensordecidos con otras falsas noticias.
No debemos engañarnos cuando ya en Europa los gobiernos actúan y dicen sin pudor que se reducirán los gastos en servicios sociales para alimentar el complejo tecnológico y militar con la excusa de la amenaza china y rusa, necesitando para ello reducir las libertades en general y las económicas en particular a toda la ciudadanía.
Todo ello es consecuencia de la aceptada visión paternalista inoculada en el europeo, que considera la asistencia del Gobierno como una bondad para las empresas y los ciudadanos que deben dejar en manos de ellos la asignación de los recursos.
El intervencionismo es un grave problema económico, ético y moral, porque esta plutocracia estatal no tiene capacidad real ni información de los individuos para decidir lo mejor para la comunidad.
O quizás por eso aseguran decidiendo en favor de ellos mismos...
Para todo ello no hay mejor estrategia que vivir con miedo y para ello se encargan de mantener un estado permanente de emergencia.
Un polvorín de deuda descansa en las economías de Europa y el riesgo de estallar puede desatar una crisis de mercado y política.
La trampa china.
China también sufre una crisis de deuda que como ventaja tiene la ausencia de inflación.
Esto otorga al Banco Central un margen de maniobra que no tiene occidente para poder resolver poco a poco sus crisis inmobiliaria, abriendo periódicamente ventanas de liquidez a sus bancos y asistencia financiera a familias y empresas.
Además, sus problemas de deuda tienen un carácter local y regional en un país en el que es la Administración quien financia las infraestructuras.
La Nueva Ruta de la Seda también es un problema ya que hace que el Tesoro Chino haya otorgado préstamos para inversiones a países pobres a cambio de acuerdos comerciales.
La denominada trampa de deuda china consiste en prestar con altos retornos y siendo conscientes de la posibilidad de impago.
Pero las garantías comerciales son interesantes y en muchos casos pueden ser el objetivo real: infraestructuras claves, recursos naturales, bases militares…
No deja de ser lo mismo que hace el FMI y la OTAN, pero en el caso chino los acuerdos son con pactos comerciales unidos a la concesión de préstamos.
Además, está ahí la posibilidad de una revolución monetaria con un nuevo patrón y orden monetario y financiero en el que un yuan más fuerte y respaldado con activos energéticos, tierras raras y oro, aun sin la convertibilidad, den a China un papel más relevante a nivel financiero.
Nuevo Bretton Woods y guerras del capital.
El economista Zoltan Pozsar publicó un documento premonitorio que señalaba que una guerra en Ucrania sería una tormenta perfecta en las materias primas que debilitaría el sistema euro-dólar, elevaría la inflación en occidente y amenazaría la estabilidad financiera, pero donde lo más importante ha sido que desde el mismo momento que se decidió bloquear las reservas de dólares de Rusia se lanzó el mensaje de que la divisa que sirve de moneda de reserva mundial no cumple su función primordial desde que es confiscable.
El Banco Central Chino para protegerse es esta guerra monetaria tiene dos alternativas no excluyentes: vender más bonos del Tesoro de EE.UU. y/o hacer un QE para adquirir productos básicos.
Los dos los está haciendo y en cualquier caso el efecto para occidente sería subida de tipos de interés de la deuda en dólares y euros y más inflación.
Si bien estamos ante un enfrentamiento entre dos grandes potencias en aspectos como el comercial, el energético, el tecnológico o el geopolítico, es en el plano financiero donde más debamos fijarnos porque la evolución de los flujos de capitales y el control de monedas internacionales es el plano superior de esta batalla.
Según Michael Roberts El hándicap de EE.UU. es la disminución de su producción mundial relativa y su bajo crecimiento en productividad.
Es gracias a ser el principal proveedor de moneda de reserva y su desarrollado mercado financiero que siga defendiendo su posición.
Es su capacidad de endeudarse y emitir crédito quien le mantiene.
China ha disfrutado de gran crecimiento en productividad, pero un mercado financiero menos desarrollado y su capacidad comercial y excedentes comerciales le ha dispuesto de gran cantidad de divisas y dólares.
Pero al final, una moneda fuerte no deviene de mercados financieros sino de la fuerte productividad relativa y capacidad de crear valor.
El valor será lo decisivo, no el crédito.
En la línea de este pensamiento, Michael Howell, autor de Capital Wars, rompe la visión convencional del sistema financiero basado en tipos de interés o inflación y sus equilibrios, precios eficientes y valoración fundamental, para poner foco en la liquidez.
De este modo, actualmente los mercados de capitales son esencialmente refinanciación de deuda y las crisis son consecuencia de escasez de colateral.
Ahora esta opción se fija en un nuevo enfoque de la estabilidad financiera, la política monetaria y la gestión del riesgo en una economía basada en deuda y no inversión real.
Los mercados financieros son máquinas de liquidez facilitadores de la refinanciación de la deuda donde el precio de los activos depende de la cantidad y el flujo de liquidez, no de fundamentales.
Los mercados no asignan capital, refinancian deuda.
Ganar la guerra financiera en un mundo de deuda se deberá en la capacidad de acaparar activos seguros, de calidad y líquidos, que al caso es lo mismo.
La China industrial y manufacturera se aproxima en liquidez global a EE.UU.




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