Telémaco y los hijos de la patria.
Llevo años en la madriguera de la filosofía y entendiendo que esta filosofía, sobre todo la clásica, no solo es constructora de occidente y de los principios que han conformado el mundo, sino que, en el caso de la religión católica, que también ha influido en esta cultura occidental, ha sido influencia fundamental.
Pues bien, confiando en estas certezas no rebeladas, sino trabajadas, encuentro otro camino en esa madriguera interesante, y es la mitología.
Releyendo Odisea de Homero, y con 40 años más, me resulta intrigante y a la vez un reto desvelar esta historia para sacar muchas más y nuevas conclusiones que la mocedad no me permitía en el primer intento.
Y esta semana fue que leyendo el segundo canto de esta obra me asaltaron nuevas ideas muy actuales que explican la sociedad y las posturas que los dioses de entonces apuntaban a los mortales, nada alejadas de los principios morales que en dos milenios la religión cristiana y católica ha sido capaz de convertir en pilar de las leyes naturales, la moral y los principios, cada vez más asaltados por la ley positiva, humana, la moralina y los valores fungibles del posmodernismo.
En el canto II de la Odisea, Telémaco, hijo de Odiseo, ha tenido revelación de Atenea que le insufla el valor necesario para además de emprender pronto un viaje a la búsqueda de las pistas sobre el paradero de su padre, enfrentarse con los pretendientes que intentan “desposarse” con su madre mientras que destruyen el “patrimonio” de su padre.
Lamentándose de dos cosas, haber perdido su padre y a su vez ver forzada a su madre a un destino que no desea, tiene que “aceptar” la situación de iniquidad sobrevenida por los pretendientes para los que profetiza la cólera de los dioses -Dios-.
El primero que responde es Antínoo para señalar que el engaño-el bulo- corresponde a su madre que no ha cumplido su palabra forzada para elegir otro esposo.
“Mentira” que solo puede ser desvelada desde la traición de gente de la casa a la que pertenece y donde nació. Donde como y vivo se produce una segunda traición a la patria.
Y, además, Antínoo con descaro hace responsable a Penélope de la ruina “económica” de su casa.
Por supuesto para un traidor como Antínoo solo el valor material de la riqueza queda a la altura de sus ojos, hundido en la bajeza moral, cualidad esta que no dispone.
Telémaco tiene que justificar ante Antínoo no entregar a su madre en base a su nivel de bajeza material, exponiéndole que está "confundido" con motivos materiales, sin dejar de poner antes de este un motivo más elevado y principal como el hecho de ser su madre, quien le dio la vida y el ser.
Y denuncia la bajeza de Antínoo y sus “compañeros” renunciando a la riqueza antes que a su madre, la patria.
A partir de entonces, Telémaco cuenta con la ayuda de los mayores y sabios que valoran la patria.
Haliterses Mastórida con una profecía negativa para los pretendientes-que se cumplirá-, sobre los saqueadores de la patria.
Y tras este, Méntor, confiado de su padre Odiseo, señala a un pueblo enfermo por la complacencia que acepta a iniquidad de los pretendientes con la patria, que ven como esquilman a la patria de riquezas y de principios, sin hacer nada.
Mientras, las réplicas de los pretendientes se apoyan en la soberbia, ninguneando a la población a la que trata como ganado señalando que vuelva a los quehaceres, producir y pagar para vivir ellos. Nada cambia en la historia …
Cuando se disuelve la reunión en el ágora, Telémaco se vuelve a apoyar en los dioses y Atenea para resolver su plan, aquilatar entereza, valor y coraje.
Atenea reconoce la valía de Telémaco en el parecido, que señala como singular, a su padre Odiseo.
Y es por ello que se compromete a soplar con esperanza las velas de su viaje y corresponder su fe.
La patria no está perdida aun cuando Odiseo no esté vivo, cuando el respeto y la honra de su madre y su padre queda demostrada sin duda alguna.
Telémaco prepara el viaje y no cae en el engaño del pecado tentador de Antínoo, poniendo a Atenea en la proa de su viaje como si la Virgen María fuere, Stella Maris mascarón de proa.
La fe de Telémaco es la confianza de Atenea, y ésta permite conseguir lo que necesita en camino mientras surque los mares y la oscura profundidad del océano, con los peligros propios de la vida, sean sorteados con la fortaleza en sus acciones, la prudencia en sus decisiones y la justicia la templanza en la relación con las personas.
En definitiva y para concluir, hay una idea entre olvidada y confundida de patria.
La obra de Homero pone en valor la Patria y los mandamientos que Moisés comparte como revelación de Dios señalando su importancia.
Aquellos que, como valores fundamentales, y además se dicen cristianos católicos, no deben olvidar que un mandamiento de la Ley de Dios es honrarás a tu padre y a tu madre.
Es lo que hace Telémaco, que también defiende la tierra que le vio nacer.
Porque cumplir el cuarto mandamiento exige ser también patriota.
La patria no es ideología: es casa, origen, madre y padre. Y defenderla es un acto moral, no político.
Telémaco no es nacionalista: es hijo. Y su defensa de Penélope y de Odiseo es la defensa de la continuidad moral de la comunidad.




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