El enemigo del inteligente es su propia inteligencia.
Continuando con mis reflexiones paralelas a la de Sergio Parra en su libro Sapienciología, sigo madurando el enfoque sobre el saber como búsqueda, como camino más que como acumulación, muy acorde con la tesis de Parra: la inteligencia humana no está diseñada para la verdad, sino para la supervivencia, y por eso el saber auténtico exige un esfuerzo contraintuitivo, casi heroico.
Pero la verdad es un valor importante y preferente en la motivación de esa búsqueda...
Porque sigo pensando que solo se comprende escribiendo, solo se aprende enseñando, solo se descubre buscando, y en todo ello la verdad tiene un valor principal.
Parra lo formula desde la psicología cognitiva; yo también pero para mi es fundamental un plano más existencial, casi espiritual: el saber como acto de autoconstrucción, como disciplina que nos obliga a ordenar el mundo y, al hacerlo, ordenarnos a nosotros mismos.
Eric Funkhouser fue quien nos indicó que los semáforos tienen una función de carácter comunicativa para los conductores y peatones.
Y esa señal que regula las relaciones en el tráfico se asimilan a nuestras creencias, para comunicar hechos personales a las demás personas.
Las creencias funcionan como señales sociales, no como descripciones del mundo.
Comunican pertenencia, identidad, intención, estatus. No buscan verdad, buscan coordinación.
La Ilustración quiso abanderar una capacidad humana que la realidad y la supervivencia humana han refutado como principal fuente de nuestro comportamiento y capacidad relevante.
Porque es cierto que la capacidad de tipo 2 que razona, como también describe otros pensadores y especialistas de la conducta como Kahneman, deliberativa, precisa, razonada y lenta, no es la que confirma la realidad del comportamiento humano.
Por tanto, y teniendo una idea de racional como aquello que finalmente resulta, sobrevive y nos ha llevado mal o bien a donde estamos, releva a un papel no principal aquella conducta que pretende ser inteligente y usar la razón humana.
Podemos llegar al final a la conclusión de que la racionalidad es una cubierta, un barniz que justifica decisiones tomadas por mecanismos más antiguos y más rápidos
La mayor parte dependemos de comportamiento que se apoyan en heurísticas y experiencias pasadas con resultados eficaces.
El comportamiento de tipo 1 es del que dependemos y echamos mano la mayor parte del tiempo, rápido, económico, de precisión suficiente, que nos sirve para manejar la cotidianeidad.
Es muy probable que incluso cuando creemos considerar que estamos tomando una decisión deliberada estemos siendo influidos por los sesgos cognitivos y conductuales y las heurísticas que solemos usar.
Por tanto, la racionalidad es encubierta.
Somos racionalizadores con capacidad racional cuyo propósito vital en la historia ha sido sobrevivir.
Ser racional supone pues compartir una cuota de irracionalidad en nuestra conducta.
La mayoría del tiempo usamos la supuesta razón humana para generar razones que justifiquen nuestras decisiones y para argumentarla ante los demás.
Además, como animales sociales y tribales, nuestra inteligencia ha utilizado comportamientos e ideas de carácter no racional que sin embargo nos acercaban y protegían dentro de nuestra tribu.
El estatus y bienestar social ha dependido, y depende aun, de pensamientos e ideas no racionales que nos religan.
Dan Kahan llama a este comportamiento cognición protectora de la identidad.
Estas creencias irracionales, siendo funcionales, son mentiras prosociales en muchos casos que, en normalmente son abrazados con más fuerza y defensa por los que más recursos de conocimiento tienen.
Phronesis: es la prudencia práctica, la sabiduría para actuar o la inteligencia moral aplicada. Es el juicio moral aristotélico que busca:
· Lo correcto.
· Actuar bien.
· Equilibrio entre los principios, los fines y las consecuencias.
· Es medio y estar en medio de la virtud.
· Bien humano: eudaimonia.
Una virtud del hombre prudente que quiere vivir una vida buena, inteligente en sus acciones, coherente y valiente, siendo consciente de tomar las mejores acciones ante la incertidumbre.
Si bien las personas poco inteligentes son utilizadas y engañadas, y no tienen opciones.
Sin embargo, debemos señalar que las personas inteligentes son más fáciles de caer en el autoengaño.
Pierden el ángulo de su perspectiva.
Desprecia el bosque ensimismado en el árbol.
Cae en la trampa y falacia de la propia objetividad considerando que está libre de pecado en cuanto a sesgos cognitivos o errores de juicio.
La suficiencia intelectual es un modo de manifestación del pecado capitalino de la soberbia.
Fue Ernst Jünger quien manifestó que lo peligroso no es el hombre inculto, sino el hombre deformado por la cultura.
Por todo lo dicho, la estrategia humana no es ser racional, sino ser inteligente.
Y esto va de sobrevivir.
Entonces la verdad objetiva no es el objetivo.
Se prefiere la señalización social favorable y la navegación social.
El objetivo de la frónesis humana es ser óptimamente racionales.
De esta perspectiva las creencias irracionales no son necesarias extirparlas.
Más aún, son útiles.
Su vacío es inconveniente.
Y desde un punto de vista utilitarista y matemático, siempre necesarias si los beneficios superan a los costes de mantenerlas.
La razón, deseable, es un error de la ilustración que cae en el absolutismo de un potencial fin que objetivamente pudiera ser el bien absoluto, y la verdad, pero alejado de la realidad que evalúa de manera relativa.
Las creencias irracionales no son errores de la mente.
Son inmunes a la cultura y la inteligencia y necesarias para nuestro desarrollo y supervivencia.
Nuestro conocimiento requiere tanto de creencias racionales como irracionales para su correcto funcionamiento, aunque las creencias irracionales sean subjetivamente aceptadas o rechazadas por cada individuo.
Eliminar las creencias irracionales puede ser contraproducente cuando los efectos netos son positivos y nos han permitido desarrollarnos e incluso progresar.
Lo conveniente sería discernir las que nos valen y las que no, aunque como digo, tienen un componente subjetivo que en algunos casos los convierten en ideologías negativas.
En cualquier caso, las creencias racionales que nos permiten acercarnos a la verdad y son un valor fundamental a defender y promover, no deben estar enfrentadas con las creencias irracionales que nos acercan a los demás y favorecen el progreso.
Un corolario de Sergio Parra: si te fías de los demás, eres ingenuo. Si te fías de ti mismo, eres irresponsable.




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