EL NUEVO GRAN JUEGO
Halford John Mackinder afirmó en 1.904 y de forma profética que “quien gobierne Europa del Este controlará el Heartland; quien controle el corazón del continente controlará la isla mundial, y quien controle la isla mundial gobernará el mundo” .
Se refería a la zona geográfica que hoy ocupan los países de Kazajistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán, además de Azerbaiyán.

Una zona que es el centro de la masa continental euroasiática.
Un pivote geopolítico en el mundo, el Heartland que cobró importancia tras la segunda guerra mundial.
Si bien el enfoque de Mackinder tiene una génesis geográfica, no obviaba aspiraciones políticas que por entonces ponían foco en mantener la hegemonía británica en el mundo.
No obstante, en 1.904 era director de la London School of Economics and Political Science y además consultor gubernamental parlamentario.
Más cercano a hoy, Putin y Xi Jinpin estrechan lazos en un nuevo mundo multipolar gracias a los movimientos de expansión de la OTAN hacia el este. Gracias a la guerra de Ucrania.
El miedo que Henry Kissinger manifestara y que tanto le ocupó por evitar ese acercamiento entre estos dos países se rompió y una alianza militar, científica, tecnológica y política, se estaba promoviendo.
Pero la influencia de los straussianos que aspiraban a una guerra total en todos los frentes, desde Europa a Oriente Medio, estaba deshaciendo el legado de desconfianza que había caracterizado históricamente la relación entre Rusia y China.
Hay un concepto referido a un área, el de extranjero próximo que Rusia se ha ocupado por tener cerca de su influencia tras el colapso de la URSS.
Una zona de la que EE.UU. dependía tras la segunda guerra mundial por el petróleo del mar Caspio.
Pero hoy EE.UU. no depende tanto, o nada, de ese petróleo, pero sigue siendo una zona en la que la inestabilidad beneficia a otros países amigos de EE.UU., como Arabia Saudita e Israel.
El estado pivote y la teoría del Heartland.
Mackinder se pregunta de manera retórica sobre la importancia de la región pivote, ese centro de Eurasia que, siendo antes inaccesible a los buques empezó a cubrirse de redes de ferrocarriles tras la revolución industrial.
Algo que permitía una movilidad de poder militar y económico con el potencial de un nuevo imperio mongol.
A su alrededor, un cinturón interior con los países de Centroeuropa, Turquía, China e India y fuera, Reino Unido, EE. UU., Canadá, Japón y Australia.
Para Mackinder, Rusia no es el equivalente a los periféricos y un vuelco de poder en favor del Estado pivote, Rusia, expandido por tierras de Eurasia, supondría un potencial muy importante con los recursos de la zona, con una influencia mayor aún en una alianza con Alemania. Temor que hoy nos suena…
A principios del siglo XX Gran Bretaña era la potencia indiscutible y su imperio colonial era extenso y poderoso, sobre todo a nivel naval. Como hoy el ocurre a EE.UU.
Tomar entonces posiciones en el corazón continental, como también hoy, suponía enfrentarse con una potencia terrestre: Rusia.
Cualquier alianza de un país con Rusia dentro de Europa era y es una amenaza.
Ya también entonces Mackinder planteaba la posible sustitución de Rusia por China, con un frente oceánico más amplio del que no disfrutan los rusos.
No obstante, entre final del siglo XIX y principios de XX, Rusia intentó abrirse al mar con guerras contra Reino Unido en Afganistán que no ocurrieron, o con Japón en el Este, que acabaron con derrota.
La cuestión no era quién iba a controlar el corazón continental, que sería Rusia. Sino si los rusos serían capaces de mantenerlo ante la presión exterior.
La amenaza rusa quedó olvidada tras la derrota en Japón y tras la primera guerra mundial de la que sale perdiendo antes de terminar, con una revolución incluida.
Su incapacidad industrial y militar provocó un desgaste social y económico que desactivo Rusia durante un tiempo tras la revolución y el gobierno bolchevique.
Durante la primera guerra mundial Mackinder tomó un papel de gestión recaudatoria para el rearme y financiación de regimientos escoceses para la guerra. Una recaudación impositiva similar a la que propone hoy el proyecto europeo Rearmar Europa.
Tras esa época fue cuando afinó su libro para señalar que el control del centro de Europa era fundamental para controlar el mundo.
Después de la primera guerra mundial estuvo trabajando para el gobierno inglés en el Alto Comisionado recopilando información sobre los bolcheviques que pudiera ser útil para el ejército blanco durante la guerra civil.
Y durante el período de entreguerras continuó como asesor consultor hasta el pacto entre la Alemania nazi y la URSS.
Parece que el análisis de Mackinder fue aceptado y adaptado a los objetivos germanos desde un veterano de guerra alemán, Varl Haushofer, que pensó que una alianza entre Alemania, Rusia y Japón sería conveniente.
Y fue un discípulo suyo, Rudolf Hess quien la compartió y la hizo interesante para Adolf Hitler.
De hecho, la firma del pacto de no agresión Rusia-Alemania en 1939 hizo que los medios de comunicación de Reino Unido y EE.UU. señalaran a Mackinder como promotor de dicho acuerdo con la influencia de sus ideas.
Pero la operación suicida de Hitler en 1943 atacando a Rusia generó una posibilidad que fue cierta.
Una victoria de Rusia en la guerra contra Alemania generaría una potencia terrestre en el mundo con una capacidad de defensiva natural tremendamente relevante.
La reinvención de Spykman: el Rimland.
El diplomático norteamericano George Kennan, ya ha sido mencionado como la referencia de la política de contención sobre la influencia de Rusia, también crítico con la expansión de la OTAN en el Este de Europa.
Este diplomático bebió en las fuentes de Mackinder y en la idea de tratar de evitar que Rusia domine el Heartland. Un enfoque compartido por el holandés Nicholas John Spykman, autor de la teoría del Rimland.
Fundador del realismo geopolítico moderno, reformula la teoría de Mackinder señalando que la clave no está en el corazón de Eurasia sino en la periferia, y no en el espacio terrestre, sino en el marítimo.
El Rimland es la tierra del borde, desde Europa Occidental y del Sur, hasta Oriente Medio, Asia Occidental y Oriental hasta Japón, Corea y China.
Por lo tanto, ambas teorías son divergentes, aunque Spykman utiliza los mimbres teóricos de su colega británico. Se afirma que esta tesis es reinvención interesada que acerca a la agenda globalista las ideas de Mackinder.
El CFR y la Comisión Trilateral.
CFR, por sus siglas en inglés es el Consejo de Relaciones Exteriores, ha aparecido de forma recurrente como agencia federal que aseguraba el control de los países y sus sistemas económicos con la excusa de promover la democracia y la ayuda financiera evitando el comunismo.
Dentro de este organismo encontramos los dirigentes de los grandes bancos: Morgan Stanley, Rockefeller, Warburg y Rothschild, mezclados con políticos que más tarde dirigirán embajadas, secretarías de estado o la Casa Blanca, como en el caso del presidente Herbert Hoover.
Alienaban a la ciudadanía con la necesidad de implantar un sistema de relaciones internacionales para una gobernanza mundial que tras la primera guerra mundial sustituye al Reino Unido y EE. UU.
En 2007 se crea una filial en Europa con políticos de los distintos países, incluido España: Josep Borrell, Ana Palacio, Javier Solana, Joaquín Almunia o Arantxa González Laya.
El CFR mantuvo una conexión continua con la Casa Blanca a través de representantes de la élite financiera y empresarial.
Su objetivo era mantener un capitalismo organizado paradójicamente alejado del libre mercado y escorado a los privilegios estatales vinculados sobre todo al sistema bancario.
El nexo de unión de lo público y lo privado fue Edward Mandell House, que influyó en las negociaciones del armisticio de la primera guerra mundial y la constitución de la Sociedad de Naciones. Y también en el acceso a la presidencia de EE.UU. de Wilson y Roosevelt.
El CFR funciona como desarrollador de ideas a través de grupos de trabajo y la posterior creación de las narrativas necesarias que sean la base de control intelectual y emocional para su desarrollo o desprestigio para los que no las aceptan.
Fabricación de consenso es la idea de Walter Lippmann desde su obra Public Opinion, donde establece cómo se forma la opinión pública apoyado en la incapacidad del ciudadano medio para entender la complejidad del mundo político moderno.
Supone ser consciente de la existencia, creación y dominio de un rebaño desorientado que debe apoyar a sus pastores en los asuntos públicos.
No deja de ser por desgracia algo cada vez más habitual en nuestros días la orientación hacia un pensamiento único basado en relatos manipulados que no dejan de ser un sistema totalitario no percibido, pero como dice Noam Chomsky, es una manipulación ideológica antidemocrática ejercida por los medios de comunicación comprados y pagados por élites económicas y políticas que se benefician de ello.
El CFR tiene su filial en Europa con la CED o Comité para el desarrollo Económico que les permite históricamente, desde distintos entramados, controlar financieramente Europa.
La crisis de 1973 y la irrupción de Brzezinski.
En 1973 tras el abandono del patrón oro por la administración de Nixon y la consiguiente devaluación del dólar, sumado al shock del petróleo provocado por la represión del cártel del petróleo, se provocó un aumento general de los precios y del desempleo en la economía occidental.
Para intentar resolver la situación el CFR creó la Comisión Trilateral entre EE.UU., Japón y Europa Occidental, dirigida por Zbigniev Brzezinski, ideólogo de origen polaco preocupado por un rediseño geopolítico y estratégico que evitara perder el control de Europa por EE.UU.
Desde que en la ciudad alemana de Potsdam se reunieron en 1945 Stalin, Churchill y Truman para repartirse la influencia mundial, fue creciendo en Europa un resentimiento sobre esta tutela que cambió el viejo orden mundial que durante siglos mantuvo a Europa como el centro del mundo.
El miedo era que la proximidad rusa desnivelara las preferencias europeas hacia este país.
Brzezinski proponía que el poder no podía ser exclusivamente militar, sino también complementado por la influencia a través de narrativas y sistemas de vigilancia sobre la población. Una sociedad controlada por la élite.
David Rockefeller acogió con interés y gusto la idea de Brzezinski sobre que los sistemas políticos tradicionales perderían su capacidad de influencia en favor de los grupos financieros, nuevas élites supranacionales compuestas por empresarios, banqueros, funcionarios públicos internacionales y teóricos estudiosos.
Estaba señalando la nueva filosofía internacionalista y globalista.
Brzezinski fue la persona que adelantó el cambio en el muevo mundo geopolítico y señaló una llamada a la acción necesaria que permitiría adelantarse a los acontecimientos con una profecía autocumplida para favorecer a los poderes reales que gobiernan el mundo, aunque para ello sea necesario, entre otras cosas, usar y sacrificar a las personas como peones necesarios.
El propio David Rockefeller reconocía con orgullo que era culpable y beneficiado de tener influencia desmesurada sobre las instituciones políticas y económicas, formando parte de una conspiración beneficiosa, pero ellos incluso en contra de EE.UU.
Se reconocía un internacionalista y conspirador junto con otros para construir una estructura política y económica global integrada, un mundo único y dominado.
La operación Carter.
La crisis económica a principios de los 70ss y la política con Nixon y el Watergate se convirtió en una oportunidad para tomar las riendas del mundo fusionando lo público y lo privado, y además a la vista de todos.
Ya no era una conspiración.
El gobierno era secuestrado a la vista de todo el que quisiera ver y la excusa era el futuro de EE.UU. Era necesario poner los candidatos apropiados en la presidencia y Jimmy Carter fue el elegido.
El candidato demócrata ya estuvo preparándose antes de su acceso a la presidencia. Sus aspiraciones evidentes encontraron el apoyo de grandes banqueros e ingresos corporativos, así como otras instituciones ya conocidas como la Rand Corporation. También buscaron contrapartes influyentes en Europa.
Desde 1972 Carter tenía relaciones con la pareja Rockefeller-Brzezinski. En esas fechas el presidente del Chase Manhattan Bank lo invitó a formar parte de una nueva organización internacional de élites: la Comisión Trilateral.
El acceso a la presidencia en 1976 le permitió poner en marcha la nueva política económica y geopolítica con la colonización de miembros de la Trilateral y la Fundación Rockefller en puestos relevantes del Gobierno.
Esta colonización estatal fue una denuncia principal de Reagan para las elecciones de cuatro años después que no evitó que en su posterior gobierno no contase con similares secuestradores como H. W. Bush.
Pero lo que nos importa es reconocer como el replanteamiento de los objetivos de política exterior en EE.UU. acabó definiendo la situación de Europa controlando el Heartland.
Lorenzo Ramírez cataloga la administración Carter como un desastre. Entre los muchos casos, se entregó el control del canal de Panamá, se apoyó a grupos terroristas en África, dieron facilidades para la toma del gobierno de Nicaragua a los sandinistas y permitió la caída de Sha de Irán que facilitó a su vez la entrada del régimen de los ayatolás.
Se permitió la entrada a Irán y acceso al poder de Jomeini como un aliado atlantista que podría contener la influencia soviética.
La obsesión por socavar la influencia de la URSS y asegurar el corazón de Europa, hizo que Brzezinski apoyara la guerra de Afganistán.
Querían un Vietnam ruso y por ello la CIA financió y armó a muyahidines e islamistas radicales dentro y fuera de Afganistán.
Uno de ellos fue un joven idealista que luchó contra la máquina soviética llamado Osama bin Laden.
Eurasia o el gran tablero.
La caída de la URSS en una colaboración interna y externa ayudó a que Brzezinski afinara su estrategia euroasiática que manifestó en un paper con un título esclarecedor: El gran tablero de ajedrez: la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos.
El contenido se centraba en el ejercicio de poder en toda una masa continental que, desde Portugal hasta el estrecho de Bering, y desde Laponia a Malasia, concentra la mayor parte de la población, los recursos naturales y la actividad económica del mundo.
La misión era gestionar los conflictos, ya sea evitándolos o provocándolos, y las relaciones en Europa, Asia y Oriente Medio con la misión de evitar cualquier postulación de nueva superpotencia rival de EE.UU. y más concretamente apoyar a las élites extractivas que pastoreaban al resto de la población.
Eurasia sigue siendo el tablero donde se disputa el poder mundial en el que EE.UU. juega el papel de árbitro con un resultado en su bolsillo, usando jugadores geoestratégicos claves como Francia, Alemania, Rusia, Ucrania, Azerbaiyán, Turquía, Irán, China, India y Corea del Sur.
Una estrategia de largo plazo que se resume en mantener la estabilidad y la influencia en Eurasia con una hegemonía basada en una responsabilidad global compartida en el que EE.UU. supera el papel de Estado nación para tomar el de líder de gobernanza mundial o príncipe regente que controla la cultura y el relato como ingeniería social, la tecnología a través de la innovación y el control social, la presión económica y la intervención militar, y todo usando para ello como instrumentos de ejecución todas y cada unas de las instituciones creadas exprofeso para ello: OTAN, FMI, Banco Mundial y OMC.
En el caso de la OTAN, utiliza actualmente el régimen de Kiev para manejar Europa y la zona central del mundo.
Para ello EE.UU. se erige en defensor de una parte del pueblo de todos y cada uno de los pequeños países y Estados nacionales nuevos, tan débiles como pequeños y fáciles de controlar.
Ninguno de estos pequeños países mantiene una estrategia propia determinada por su gobierno o de una rama política. Es un acuerdo más allá de las propias naciones, dictado en una hoja de ruta establecida por organismos cuyos cargos son elegidos y dirigidos por élites financieras e industriales del ámbito anglosajón: EE.UU. y Reino Unido.
Una ruta con un solo destino y con rutas alternativas que son manejadas como opciones o caminos no únicos que varían según los tratos y acuerdos necesarios para cerrar y alcanzar el fin.
El fin que define Brzezinski es que EE. UU. no es solo la primera y única verdadera superpotencia global, sino también la última.
Un poder perseguido de manera completamente inmoral, con costes económicos y humanos que además se deben considerar antidemocráticos.
Se está gestionando el ascenso de otras potencias regionales para que no resulten amenazadoras a la primacía global de EE. UU.
El objetivo trasciende a Washington para alcanzar un grupo global que incluye OTAN, si es posible recibiendo a otra Rusia, junto a China, India y Japón.
El Heartland tiene la clave que incluye los Estados que históricamente fueron o pretendieron el poder global y los aspirantes más poblados: China e India.
Incluye las economías ex EE.UU. que son más grandes y más gastan en armamento, potencias nucleares y el 75% de la población mundial, el 60% del PIB y el 75% de los recursos energéticos.
El miedo de esta política está en que el ascenso de China a aspirante por la hegemonía mundial se hace más fácil cuanto más se acerca a Rusia.
La histórica desconfianza entre los dos países ha ido mejorando desde que Putin es presidente. Y el distanciamiento de Rusia con occidente ha encontrado un socio dispuesto en Pekín.
Una sociedad comercial que permite compartir las manufacturas y la financiación chinas con las reservas energéticas y materias primas de Rusia.
Energía y control de recursos
Lorenzo Ramírez asegura que este primer cuarto de siglo XXI se asemeja a la década de los setenta del siglo pasado, en el que se vivió una crisis económica con inflación y guerra energética por controlar los recursos, además de inestabilidad política con nuevo paradigma institucional y derrumbe de los valores que construyeron la sociedad actual.
China y Rusia han formado un polo, mientras que otros países no quieren seguir en el protectorado occidental y buscan recuperar las riendas de su soberanía.
Estos países han descubierto que occidente se ha comportado como una organización mafiosa que dice ofrecer protección donde en realidad hay una extorsión. Te protege, pero estás en deuda...
Los ciudadanos informados quieren una solución propia que tanto China como Rusia no desaprovechan.
Rusia necesita diversificar la dependencia de clientes energéticos europeos visto los acontecimientos desde 2022. Es por ello que se ha aproximado al Consenso de Pekín, frente al Consenso de Washington que la ha repudiado.
Este escenario chino prioriza el crecimiento económico, la estabilidad y el control político interno y está teniendo seguidores y frutos en África, Hispanoamérica y Asia a través de la financiación china de infraestructuras, tecnología, minería, energía y transporte.
Un modelo sumamente provechoso para Rusia que se desarrolla a través de instituciones como los BRICS o la Nueva Ruta de la Seda.
El potencial desplazamiento de poder hacia la región Asia-Pacífico se convierte en imprescindible para Rusia.
La construcción de infraestructuras como el oleoducto ESPO y el gaseoducto Power of Siberia 2, han sido dos fuertes inversiones que reorienta el envío de carburos rusos hacia Asia, pasando las exportaciones a China desde el 5% de 2005 al 30% ya antes de la guerra de Ucrania.
Aunque beneficiosa, la relación de Rusia con China seguirá siendo de desconfianza porque muchos de los países que siguen siendo abrazados por Rusia en esa zona central cada vez son más influidos por la política china que realiza inversiones en sus países a la vez que no se mete en sus sistemas políticos y domésticos, permitiendo que sigan haciendo negocios en ruso y con los rusos.
A Rusia también le conviene este despliegue financiero, económico y comercial. Al menos de momento.
Aunque todos estos países no consideran seguro el equilibrio de esta relación Rusia-China.
La política de estos dos grandes dentro de los BRICS es diferente respecto al dólar y EE.UU. Mientras que Rusia y sus aliados, como el caso de Irán, buscan una desconexión con Occidente y EE.UU., China e India buscan una política de cohabitación.
Es destacable en esta zona el papel de Turquía, integrante de la OTAN, que lleva un doble papel manteniendo interesados lazos energéticos con Rusia mientras aprovecha la situación política de Siria reciente para controlar parte del norte del país.
¿Otra guerra mundial?
Parece que los hechos vienen a demostrar la realidad de la importancia del centro Euroasiático.
Mackinder y Brzezinski han señalado teorías que pueden ser relevantes si se plasman en la realidad y parece que la realidad se parece cada vez más a sus teorías.
La pesadilla sería una unión en la que Rusia pusiera las materias primas y China su capacidad militar, comercial y tecnológica.
En este sentido los dirigentes que tenemos en Europa no nos dejan ver nuestras posibilidades, las cuales no estriban en ceder todo a EE.UU. y si en la posibilidad de negociar y en un caso extremo aliarse con el polo oriental.
Una visión más apocalíptica es la que señalan algunos estrategas rusos que pronuncian que estamos ante la Tercera Guerra Mundial.
Entre ellos cabe señalar a Serguei Gláziev, economista y político ruso que promueve una desdolarización de la zona y la creación de un sistema monetario alternativo en torno a los BRICS.
No obstante, la zona mantiene a los mayores productores agrícolas del mundo y algunas de las mayores reservas de petróleo, gas y tierras raras.
Señala también como la política occidental que beneficiará los intereses de EE.UU. se apoya en la manipulación desde sus élites, propagando una rusofobia y la desestabilización de Europa.
Sergei Gláziev es desconocido entre los occidentales, consecuencia de la capacidad occidental de mantener una situación de oscurantismo y censura sobre aquello que le conviene.
Este autor, némesis de Brzezinski coincide sin embargo en que la escalada de tensiones políticas y militares son promovidas por EE.UU. para mantener su hegemonía usando como ariete a la OTAN y dentro de ella a todos los países europeos que la forman.
Desde la propia guerra de Ucrania, hasta los últimos movimientos arancelarios de Trump, persiguen el mismo fin.
El caso de Irán, desde la política de los últimos años hasta la más reciente situación bélica tiene como fin no solo limitar las aspiraciones bélicas y nucleares o promover un cambio de régimen satisfactorio tanto para EE.UU. como para Israel, sino sobre todo evitar que se convierte en el centro logístico de la nueva arquitectura euroasiática con el control del estrecho de Ormuz.
Este interés no solo es de EE.UU. e Israel sino también de los países sunitas de la zona como Arabia Saudí y Catar. El matiz religioso juega el papel preponderante en estos casos.
La relación entre Arabia Saudí y EE.UU. se ha vuelto más tensa en los últimos años y esto permitió que en 2023 se sentaran Irán y Arabia Saudí por invitación de China.
Este acercamiento es un riesgo para EE. UU. que la guerra de Ucrania ha permitido acelerar. La relación comercial de cambio de petróleo por dinero y armas tiene un trasfondo económico determinante debido al papel que Arabia Saudí tiene en la estabilidad del dólar como divisa de reserva.
La situación reciente de la guerra de Irán ha servido para desestabilizar los acuerdos previos entre Irán y países pequeños del golfo y Arabia Saudí que hubieran sido fundamentales para el desarrollo de la Nueva Ruta de la Seda.
El ataque de Hammás el 7 de octubre de 2023 fue también un pequeño catalizador y desestabilizador de los posibles acuerdos de marzo de 2023 entre Irán y Arabia Saudí.
Podemos darnos cuenta de todos los cambios sobrevenidos desde entonces.
Siria es un caso con la fuga de Bashar al Assad, sustituido por el líder de Al Qaeda, Abu Mohamed al Jolami que ahora se convierte en defensor de derechos humanos y declarado en Europa líder democrático e inclusivo mientras realiza una carnicería en el país, incluido el secuestro de mujeres para hacerlas esclavas sexuales, la matanza de cristianos y de todo aquel que se muestra contrario al gobierno.
Mientras, personajes como Kaja Kallas, jefe de asuntos exteriores de la UE y Úrsula Von der Leyen aplauden todas estas atrocidades levantando las sanciones económicas y alabando al nuevo gobierno a petición de Trump.
En este escenario geopolítico los únicos que se mantienen en el redil de la OTAN es la zona de la UE a pesar de que ello implique la sumisión económica y política que amenaza la propia supervivencia de la zona.
La UE es un laboratorio para comprobar la capacidad de sometimiento de la población y para ello se persigue a los disidentes con métodos sostenibles, inclusivos y resilientes.
Guerra es paz, esclavitud es libertad y la ignorancia es la fuerza.




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