EL PECADO ORIGINAL
Vimos en el capítulo anterior de Lorenzo Ramírez, cómo todo lo que ha ocurrido en Alemania en los últimos años es una conspiración programada, pero ahora pasamos a explicar los motivos, las razones y las manos que están detrás de todo ello.
En determinadas ocasiones, y no siendo históricamente el único, Trump ha llegado a afirmar que la UE fue creada con el objetivo principal de fastidiar a EE.UU.
La realidad es que el proceso de construcción europeo tiene un origen mítico en el 9 de mayo de 1950, fecha de la declaración de Schuman, que dio origen a la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero o CECA.
En este origen se encontraban tanto Francia como Alemania Occidental, además de Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo.
Pero el diseño no se realizó en territorio europeo, sin desde los mismos ejecutores, agentes del servicio de intereses atlantistas: Departamento de Estado Norteamericano, agentes de la CIA, antiguos oficiales nazis reconvertidos a agentes de EE.UU., académicos financieros y políticos europeos que estaban dispuestos a traicionar a sus países y continente.
Los pequeños pasos de Monet.
Fueron Robert Schuman y Jean Monet con su estrategia de los pequeños pasos los artífices de esta historia por la que poco a poco los pueblos europeos fueron despojándose de sus identidades políticas, sociales, culturales y económicas desde una agenda “liberadora” basada en la democracia, la solidaridad territorial y el libre mercado.
Monet debió tener una experiencia mística visionaria que tenía como objetivo promover la integración europea entendiendo que la prosperidad y la seguridad de su país mejoraría con el acercamiento de los estados europeos.
Para ello debía iniciarse con una integración sólida en sectores económicos clave como el carbón y el acero, además de las materias primas.
La idea era cambiar la fabricación de cañones por mantequilla, primando la actividad económica e industrial para elevar los estándares de vida e instaurar el estado de bienestar eliminando viejas rencillas.
Un camino contrario al que se prima en la actualidad, Schuman y Monet son desde este punto de vista profetas de una visión mística de Europa que en realidad es la de los nuevos Estados Unidos de Europa.
Pero esta versión de los hechos es cuanto poco inexacta, además de estar basada en una suma de falsedades y medias verdades.
Sufrimos un secuestro institucional desde la génesis del proyecto político y económico europeo que solo una figura se ha atrevido mediáticamente a señalar: Philippe de Villiers.
Este expolítico con cargos institucionales es conocido por haber creado el parque de temáticas histórica Puy de Fou, además de por señalar al establishment académico europeo el verdadero origen de la UE y su pecado original.
Un secuestro institucional señalado desde un libro publicado en 2019 tirando del hilo de las mentiras para desvelar la verdad: un objetivo real consistente en avanzar en una agenda de carácter globalista y atlantista.
La idea de la UE es la de una unión federal de pueblos que evite la idea de soberanía nacional que ha llevado a Europa a dos grandes guerras mundiales y otras muchas previas.
La cáscara de huevos europea.
Queda revelado el espíritu de los constructores de Europa: hacer desaparecer de manera progresiva el Estado nación de los países de Europa como entidad histórico-política y reducir la soberanía de los estados hasta convertirlos en una cáscara de huevo de la que se ha eliminado la yema, la clara y toda su esencia vital.
Lo que vistió esta construcción fue una elaborada presentación narrativa, un papel bonito que envolver de derechos y libertades, una bandera única, una moneda, una hacienda común.
El principio de la CECA intentó fusionar las defensas nacionales para crear un ejército único europeo, pero detenido por Francia, solo llegarán a otro paso con el Tratado de Roma de 25 de marzo de 1957, en que se establece la CEE y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom).
El proyecto de comunidad política fracasó en 1961 y la primera ampliación, el Acta Única Europea de 1986 y el Tratado de Maastricht de 1992 fueron los siguientes hitos.
Ya teníamos el euro y una política exterior común.
Un proceso que nunca tiene suficiente, y que en 2007 con el Tratado de Lisboa borra la consulta popular y da un golpe de Estado supranacional.
Los burócratas, como altavoces mediáticos, se encargaron de transmitir la idea totalitaria de que sea la representación parlamentaria la que tome los temas de gestión política, una opción más pacífica y por supuesto con un resultado asegurado por la disciplina de partidos políticos, "antes que la antigua opción de pronunciamiento ciudadano, ignorante, sin conocimiento, irracional y manipulable".
La pérdida de soberanía que las sociedades hoy aceptan se ve justificada en la urgencia de acometer una unificación para una Europa más poderosa.
Otra falacia.
El banquero traidor.
Jean Monet era descendiente de una familia francesa con un negocio de vinos y licores en la región de Cognac.
Siempre tuvo claro que no quería seguir el negocio familiar y que quería salir fuera de Francia. Por eso aprovechó el negocio familiar para prepararse en el Reino Unido, en la City, y siendo joven irse a Canadá para que buscando nuevos mercados para el negocio familiar en realidad conseguir nuevos contactos en un universo anglo que realmente valoraba.
Establecidos buenos acuerdos comerciales para su familia desde y en Canadá, terminó ampliando su red de contactos entre ingleses y americanos, orientando a señores de la City y el mundo bancario, los negocios y el poder.
Solo tenía una doble lealtad, inglesa y americana, cuando se inició la primera guerra mundial, y sus verdaderos jefes eran una serie de personas ligadas a los círculos financieros de la City de Londres, los cuales tuvieron a bien ayudar a que la guerra se iniciara pues se sentían amenazados por la política alemana que afectaba a su poder y negocios.
Gracias a amistades masónicas, banqueros y políticos, con abogados capaces de borrar la frontera semántica entre lo público y lo privado, consiguieron acuerdos para atender las demandas de suministro aliada con la financiación que los hacía ricos.
El libro rojo de integración europea.
Al igual que el libro rojo de Mao, las memorias de Monet, publicadas en 1976, esconden la realidad del personaje, sus intenciones y los grupos detrás que le sostenían.
Su vendida intención de conseguir una Europa que evitara las guerras, acuerdos de colaboración económica e integración política, además de abrir una tercera vía entre las opciones de EE.UU., eran falsas promesas.
La reconstrucción de laboratorio que fabricó el mito de la creación de la UE requirió una revisión completa de la vida de Monet.
François Fontaine fue el creador de esta biografía y el mito, que mantiene como opositor declarado del general De Gaulle, reaccionario de las injerencias extranjeras y defensor de la soberanía nacional.
Era un globalista, europeísta y atlantista.
No lo hizo solo, sino con el apoyo de un equipo de investigadores que cuidadosamente seleccionados pudieran levantar el mito, protegidos y financiados por EE.UU., la fundación Ford y tutelado por la CIA.
El pecado original oculto en las entrañas del aparato burocrático europeo es este proyecto integrador dirigido desde EE.UU.
Documentos numerosos que prueban esta relación siguen enterrados.
La Fundación Ford se encargó de la tutela, dirección y financiación de esta biografía. Una aparente institución filantrópica que es en realidad una correa de transmisión de la CIA y el Departamento de Estado de EE.UU. Es una entidad pantalla para la estrategia de batalla cultural que desarrolla EE.UU. desde la segunda guerra mundial defendiendo ideales supuestamente liberales.
Falsa filantropía.
La Fundación Ford, así como la Fundación Carnegie y la Fundación Rockefeller sirven a su país y su servicio de inteligencia, promocionando su marca y defendiendo la democracia frente a regímenes comunistas.
Se presentan como agentes de ingeniería social, económica y política a través de un poder blando que no lo es tanto cuando más allá de la colonización cultural promueve golpes de estado y actividades de contra insurgencia.
Esta fundación trabajó en paralelo con Monet en Europa destacando en este sentido dos personajes.
Shepard Stone, de origen judío, estuvo en el período de entreguerras en Berlín, y después ejercio como periodista en el New York Times informado sobre la Alemania nazi en pleno conflicto.
Se convirtió en pieza esencial de los servicios de inteligencia militar, vigilando la prensa y subvencionando publicaciones liberales.
Entre 1952 y 1954 fue director de Asuntos Internacionales en la Fundación Ford.
La otra figura es McGeorge Bundy, consejero de seguridad Nacional con Kennedy que continuó con Jonhson como promotor de la guerra en Vietnam apoyando la escalada de la misma y al salir en 1966 de la Casa Blanca, fue elegido como presidente de la Fundación Ford e incluso terminó su vida trabajando para la Carnegie Corporation en Nueva York y en su agenda política y económica globalista.
Es la Fundación Ford quien articula la creación y financiación de las memorias de Monet.
Desde el propio Plan Marshall, la supuesta generosidad de EE.UU. tenía como objetivo controlar Europa.
Trampa financiera.
El sector financiero junto al Tesoro y la Reserva Federal, han sido las vías a través de la cuales la intervención de EE. UU. se ha desarrollado en Europa. Oficialmente como ayudas económicas, pero realmente como instrumentos de control.
Ejemplo de ello fue el Plan Marshall que permitió tejer una red de dependencia que dificultaría el desarrollo de una industria financiera propia en Europa.
El plan Dawes, dirigido por Charles Dawes en 1924 y previo a la segunda guerra mundial, trataba de resolver el problema de hiperinflación y el sistema monetario alemán, así como su estructura productiva.
Dawes era un hombre de banca que trabajó en el Tesoro de EE.UU. reorganizando el sistema bancario para evitar crisis financieras y corridas bancarias.
El plan Dawes fue una reestructuración de pagos para la deuda alemana entre 1924-1929 que, de manera paralela reorganizaba el Banco Central alemán-Reichsbank obligándole a mantener unas reservas de oro y moneda extranjera.
Un plan que provocaba la pérdida total de la soberanía financiera, económica y monetaria, pero que finalmente ratificaba Inglaterra, Italia, Bélgica y Francia, dando lugar a una Alemania asfixiada por los acuerdos del tratado de paz tras la primera guerra mundial.
El plan Dawes fue una trampa financiera que expoliaba a los alemanes, que no se basaba en el crecimiento económico de Alemania, ni de un auge real de la economía de EE.UU., sino en el creado por la FED y Wall Street con su laxa política monetaria.
El Plan Dawes no se terminó de desarrollar tras la llegada del crac bursátil de octubre de 1929 que provocó una socialización de gran parte de la economía y que terminó multiplicando exponencialmente los problemas con el New Deal, inspirado en el fascismo italiano, que apoyado por la plutocracia les permite a estos últimos a acceder a los fondos públicos que sustituyen a los privados que por entonces no llegaban. (Next Generation).
La atlantización es un proceso que se aprovecha también para tomar el control de Europa desde el mercado bancario.
Dawes apostó entonces por Alemania para nuevas aventuras y nuevos beneficios.
Jean Monnet funcionó como tentáculo del Departamento de Estado de EE.UU., primero señalando la ventaja de una Alemania integrada en un gran mercado europeo y después llevando el timón y operaciones de influencia y aseguramiento del sometimiento francés.
Monnet era un europeo que pensaba como un americano. Un precursor globalista con inteligencia geopolítica que ya entonces se dio cuenta que la libra sería sustituida por el dólar como divisa de reserva internacional, como EE.UU. sustituiría al imperio británico como potencia hegemónica.
El Departamento de Estado consiguió con Monnet la facilidad de influir estratégicamente en la guerra fría alejando el fantasma de una unión euroasiática que pudiera amenazar el nuevo orden alcanzado tras la segunda guerra mundial.
Para ello fue fundamental un proyecto federal en el que los gobiernos tuvieran menor capacidad de decisión.
Señalaban el Estado nación como un anacronismo en el siglo XX, en el que los caprichos de los gobiernos eran un problema que generaba soberanías en pugna, guerras y conflictos civiles.
Dinero y Sangre.
Jean Monnet en 1938 recibió una notificación de un contacto gubernamental norteamericano que le advertía de una investigación contra el trabajo realizado que lo relacionaba con el blanqueo de dinero de los nazis a través de las grandes corporaciones alemanas.
A su vez, otros contactos permitieron que el proceso fuera aparcado sin la menor acusación formal.
Entones Monnet volvió a fijar su mirada en Europa con la ayuda del ministro de defensa francés, Édouard Daladier, para acercarse al primer ministro inglés Chamberlain. La intención era conseguir al comienzo de la segunda guerra mundial, la importación de equipo y material militar desde EE.UU.
El complejo militar americano empezaba a crecer de manos de financieros y políticos. Y hasta ahora…
Una alerta que ya señalara años después D. Eisenhower, tras dejar la presidencia de EE.UU.. Y hasta ahora…
Este conglomerado actúa al margen de las democracias las cuales utiliza, y actualmente ha conseguido un programa de rearme, con dinero público, ahorros presentes y futuros de hogares y emprendedores, con la excusa y el miedo de la cercana guerra entre Ucrania y Rusia.
Fue entonces en la segunda guerra mundial y por parte de Monnet, quien cerró el pacto y envío de armas hacia Europa.
Los malabarismos de Monnet en aquella época eran notables, intentando a la vez atender la esfera anglosajona, el departamento de Estado y los banqueros e industriales internacionales.
Finalmente, Roosevelt también le recibiría y le permitiría trabajar en su gabinete.
Para todo ello se apoyó en la figura de John McCloy, un personaje siniestro que utilizo sus influencias para reconfigurar el viejo continente tras la segunda guerra mundial.
Para ello no dudó en salvar a 70 nazis juzgados en Nuremberg, reduciendo sus penas y a cinco de diez que tenían penas de muerte les consiguió la conmutación de la pena. Todos ellos pasarían a la nómina de la CIA y la NASA.
El único que fiscalizaba y desconfiaba era el General C. De Gaulle que temía por la soberanía de Francia y los países europeos en aspectos políticos, económicos y financieros.
En ese sentido, aún odiando a Monnet, prefirió tenerlo cerca para vigilarlo y de Gaulle consiguió traerlo a París para la Comisaría General de Planificación con el trabajo de negociar préstamos desde EE.UU.
Schuman, el padre fundador.
Nacido en Luxemburgo, de padre de origen francés se nacionalizó alemán tras la guerra franco-prusiana de 1.870, estudió en Estrasburgo y la guerra le cogió trabajando en su bufete de abogados de Metz.
Se libró de la guerra por incapacidad compaginando servicio jurídico para el ejercito junto a su trabajo de abogado.
En la segunda guerra mundial fue capturado por la Gestapo y retenido en un hotel hasta que pudo escapar y ocultarse gracias al apoyo de movimientos católicos.
Aunque aparezca históricamente como pro De Gaulle, lo cierto es que estuvo cerca de una posición servil del Mariscal Pétain y que, siendo señalado como traidor a su patria, solo la ayuda de De Gaulle permitió que se archivara su caso como traidor y llegara al gobierno en 1.947 como ministro de finanzas y presidente del Consejo de Francia.
En aquella época se estaba generando la creación de la Unión Europea Occidental: Francia, Benelux y reino Unido, que se americanizó con la creación definitiva de la OTAN en 1.949.
Entonces la guerra fría estaba en sus inicios y la alianza atlántica se convertía en una herramienta anglosajona para mantener la presión sobre los soviéticos y evitar que la izquierda pusiera en tela de juicio el statu quo dentro de los parlamentos europeos.
Schuman asumía tras la guerra la cartera de ministro de Asuntos Exteriores francés para realizar la fusión de las uniones aduaneras de la zona: Benelux y franco-italiana.
Schuman y Monnet anuncian el 9 de mayo de 1950 la creación franco-alemana de la CECA, independiente de los gobiernos y con capacidad decisoria.
La conspiración de la CECA, germen de la UE.
El Tratado de París de 1951, que fuera firmado por Alemania, Francia, Bélgica, Italia, Luxemburgo y Países Bajos, fue el resultado fehaciente del cumplimiento de los designios de la Declaración de Schuman.
Un espacio de libre circulación de personas, mercancías y capitales que se excusa en garantizar la paz y evitar nuevos conflictos bélicos y para ello intenta conseguir un único mando en defensa que no se completó pero que EE.UU. consiguió cubrir a través de la OTAN.
La CECA nace realmente en los despachos de Washington en el año 1.949. Fue el secretario de Estado norteamericano Dean Acherson, perteneciente al círculo de Jean Monnet, quien en una nota privada propuso las instrucciones necesarias de la Declaración de Schuman.
Acherson ofrecía a Europa tutela militar y los dólares de Wall Street necesarios para el desarrollo del plan y junto con banqueros actuaron como una especie de comando que asaltó el ministerio de Exteriores francés en una suerte de conspiración o cuasi un golpe de estado.
De Villiers afirma que la CECA y la UE no han sido sino un laboratorio experimental para la gobernanza mundial, un experimento geopolítico sin causa europea.
Hoy en la UE sigue teniendo intereses alejados de la supuesta realidad que defienden. Von der Leyen, Macron o Merz tiene perfiles y carreras similares y orientadas a los mismos intereses que los de Monnet y Schuman.
CIA y el Comité Americano para la Europa Unida.
ACUE es el acrónimo del Comité Americano para la Europa Unida, formado por un grupo de ciudadanos americanos que creían en un apoyo no oficial de la población de EE.UU. para la unidad de Europa.
Pero este comité fue creado al amparo de servicios de inteligencia americanos. Buscaba fondos entre grandes empresas y financieras con la idea de favorecer un mercado transatlántico sin barreras comerciales.
Entre los integrantes de este grupo hubo personajes de relevancia y cargos de la CIA. Ejemplos de ellos Bill Donovan, Walter Bedell Smith o el propio Allen Dulles.
Donovan estuvo especializado en operaciones encubiertas entre las que destacaron la de blanqueo y contratación de nazis para los servicios de EE.UU..
Y Walter Bedell Smith convirtió a la CIA en brazo del gobierno para operaciones encubiertas.
En este comité hubo siempre miembros de la CIA y no menos de cuatro en cualquier momento. Y los fondos procedían de fondos especiales del propio Departamento de Estado en un porcentaje elevado.
Las donaciones de empresas casi nunca llegaron a alcanzar el 20% y en cualquier caso era la llave para un naciente mercado europeo.
Otros políticos europeos reconocieron haber hecho labores de lobby favorable a las empresas norteamericanas y publicidad pro made in USA.
Como dice Lorenzo Ramírez, “los europeos mendigaban los dólares y los estadounidenses usaban esa necesidad de financiación para unificar el continente en su propio beneficio”
Alemania destrozada por la guerra y en el caso de Francia por la deuda, y el Reino Unido que era consciente de la pérdida de su hegemonía, daban el relevo a EE.UU.
Para ello se valió del Plan Marshall que llenaría Europa de dólares para convertir a su emisor nativo en hegemón del mundo, respaldado por el miedo de la guerra fría pero con el “apoyo” de la OTAN.
Un secuestro de las soberanías, en palabras de Lorenzo Ramírez, que se valía de la justificación de un
miedo no siempre real y muchas veces creado para mantener ese poder de la alianza atlántica.
Europa nació como promesa de unidad, pero fue concebida como proyecto de control. Su pecado original no está en la guerra que quiso evitar, sino en la tutela que aceptó.

Fuente: El Diablo está entre nosotros. Lorenzo Ramírez.



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