EL PUEBLO ELEGIDO
En los primeros capítulos de Los Enemigos del Comercio de Antonio Escohotado, que corresponden a la época de dos civilizaciones importantes como Grecia y Roma, saca la conclusión y sobre ello trata su narración que, la propiedad ni siquiera era una institución discutida.
En este segundo bloque, sin salirse de la época coetánea a la romana principalmente, y tocando otras civilizaciones y grupos, señala como la propiedad es tomada por perniciosa.
Para ello deambula desde el pueblo elegido de Dios, los judíos, hasta la ascensión de una nueva religión, la cristiana, que se convierte en la religión elegida para el ocaso de Roma.
Teología y novela familiar.
En este capítulo Antonio Escohotado lo dedica a describir historia y peculiaridad del pueblo de Israel, y sus influencias o características en torno a la propiedad y el comercio.
Un pueblo que basa su religión en un solo dios. Una primera referencia de religión monoteísta que merece una apreciación o corrección, según el caso de nuestro conocimiento.
Porque el judaísmo no fue la primera religión monoteísta de la historia, pero sí es la primera que consolida un monoteísmo ético, universalista y duradero, y la que más influirá en Occidente.
En Egipto, hacia 1350 a.C., el faraón Akenatón impuso el culto exclusivo a Atón, el disco solar.
Características de este culto fueron la prohibición de culto a otros dioses, cerró templos, trasladó la capital, y promovió un monoteísmo radical.
Pero fue un monoteísmo político y efímero que tras su muerte se desintegra y Egipto volvió al politeísmo.
Es el primer monoteísmo documentado, pero no dejó descendencia espiritual.
Aunque sus raíces son complejas y evolucionan desde formas henoteístas (un dios principal entre otros), el judaísmo es el primer monoteísmo ético, con un Dios personal, una alianza moral entre Dios y un pueblo, y el primero que perdura milenios.
Su consolidación se da entre los siglos X–VI a.C., especialmente tras el exilio en Babilonia.
Es el primer monoteísmo que funda una civilización y una moral universalista.
Nos comenta que su primera dispersión o diáspora se produce cuando son liberados como rehenes de Babilonia sobre el 586 AC. Una fecha clave para el judaísmo y, aunque no viene al caso, a mi parecer también para el cristianismo originario, el de la doctrina de Jesús, que se apoya en el gran profeta del exilio: Daniel.
Muchos deciden quedarse, pero otros colonizan el mediterráneo. Y aquí pueden descubrirse las primeras referencias de la actividad judía relacionado con el comercio y la economía.
Probablemente la que se aleja del judaísmo original, el judaísmo que quizás hoy no existe, el judaísmo que deriva muchos siglos después y con evoluciones en el sionismo.
La ambivalencia legalismo-populismo viene señalada en el propio reproche que ya hiciera Jesús a los fariseos cuando dice que son hijos de quienes asesinaron a los profetas.
Esta es una característica que rige la vida, la política y la economía judía.
Herencia común.
Hay una serie de condiciones sociales y religiosas que condicionan, también la economía de este pueblo.
Respeto al débil, aprecio al fuerte, ensalzamiento al meritaje desde la humildad, aconsejando templanza como dominio y equilibrio entre cuerpo y mente, en vez de mortificación y abstinencia.
Se respeta al esclavo con leyes que le amparan, limitando la servidumbre a seis años, cesiones de tierras planificadas en el tiempo y condonación de deudas.
Además de la esclavitud, se limita el cobro de intereses, prohibido entre judíos. Amarás al prójimo como a ti mismo.
Ellos pueden prestar, pero no tomar préstamo.
La propiedad como don divino, no como fruto del trabajo
En el imaginario del Israel antiguo, la tierra no es algo que se conquista o se compra, sino algo que Dios entrega. Esto genera una tensión profunda:
La propiedad no nace del esfuerzo individual, no se concibe como un derecho natural, sino como una concesión sagrada.
El propietario es más un administrador que un dueño, pero es responsable de su fruto.
Esto dificulta el surgimiento de una ética del trabajo y del mérito como la que aparecerá más tarde en Grecia o Roma.
El comercio como actividad sospechosa.
En el relato bíblico, el comerciante aparece a menudo como el que se mezcla con extranjeros, se mueve demasiado buscando el beneficio, el que no depende de la tierra ni del clan.
Para una sociedad tribal y agraria, esto es inquietante. Por eso Escohotado subraya que el comercio se asocia a:
· impureza,
· engaño,
· pérdida de identidad,
· tentación de riqueza individual.
El comerciante es el primer “enemigo del comercio” desde dentro: el que prospera sin pedir permiso.
La riqueza como peligro moral.
En el imaginario del “pueblo elegido”, la prosperidad es ambivalente pues puede ser bendición, pero también causa de corrupción, y motivo para que Dios retire su favor.
Esto genera una cultura donde la riqueza no se celebra, no se institucionaliza, no se convierte en motor de innovación, y se mira con recelo si no está ligada a la obediencia religiosa.
La riqueza no es un fin legítimo, sino un riesgo espiritual.
La economía del resentimiento.
Cuando la identidad se basa en ser “elegido” y a la vez “perseguido”, surge un patrón psicológico en el que el éxito ajeno se percibe como injusto, el comercio como amenaza, la prosperidad como traición, y la desigualdad como ofensa a Dios.
Escohotado lo llama economía del resentimiento: una visión donde el mundo exterior es culpable de la propia escasez.
La tierra como única riqueza legítima
Para el Israel antiguo la tierra es sagrada, es signo de identidad, es herencia, y la tierra no se vende.
Esto bloquea la movilidad económica, la acumulación de capital, la aparición de mercados libres, y la innovación comercial.
La economía queda anclada en un modelo agrario y teocrático.
El diezmo y la redistribución religiosa.
El sistema económico se articula en torno a diezmos, ofrendas, sacrificios, y redistribución sacerdotal.
Escohotado subraya que esto crea una economía de dependencia en la que el templo se instituye como centro fiscal, los sacerdotes como administradores, el pueblo como receptor pasivo.
La redistribución no es económica, sino ritual.
Entre la tribu y el Estado.
Si bien todo lo anterior es un resumen de todo el capítulo y lo que de manera general quiere concluir Escohotado, también hay otros detalles históricos y culturales que no quiero dejar pasar.
La estabilidad política no es posible en una gran familia y no hay una sociedad civil que aleje la fragilidad política y el acercamiento a un reino hasta el siglo XI AC, con David y su hijo Salomon.
Pero tras ellos, las disensiones tribales permiten que Nabucodonosor los venza y se lleve presas las mejores familias a Mesopotamia.
Después serán persas, griegos ptolomeos y seleucos sirios, hasta llegar a la época romana.
Solo hubo una fase independiente en la centuria teocrática 166 a.C., instaurada por los Macabeos, con Judas y Jonatan como líderes, y de ahí hasta la dinastía asmonea que nos acerca a la nueva era.
En la sociedad que se acerca al año cero, los fariseos son la clase media profesional y conviven con saduceos, de origen o perfil aristocrático y religioso, y los esenios de perfil integrista y algo más espirituales y eremíticos.
Ruptura con el helenismo
En tiempos de Matatías el griego relega al hebreo a simple lengua doméstica y es el griego la lengua que se utiliza para escribir y leer la Biblia de los setenta, Septuaginta, o a modo de resumen la verdadera biblia que, aunque es una traducción al griego de las Escrituras hebreas realizada entre los siglos III y I a.C. en Alejandría, no deja de ser la Biblia como conjunto de libros escritos: pentateuco, históricos, poéticos, sapienciales y proféticos que, finalmente formarán la base del canon cristiano antiguo.
Incluye los libros del Tanaj (Biblia hebrea) y libros adicionales no presentes en el canon judío (Tobit, Judit, Sabiduría, Sirácida, Macabeos, Baruc, añadidos a Daniel y Ester, etc.).
No podemos confundirlo con el Talmud, enseñanza oral que surge en el siglo II y hasta el V d.C., que no es la Biblia y que codifica la tradición judía pero interpretada.
El Talmud no es Biblia. Es la codificación de la tradición oral judía, desarrollada entre los siglos II y V d.C.
compuesto por dos partes, la Mishná, como compilación de leyes orales, debates legales, normas rituales, ética, agricultura, pureza, matrimonio, comercio, etc.
Y la Guemará de los siglos III y V compuesta por comentarios rabínicos a la Mishná, discusiones, interpretaciones, casos prácticos.
El Talmud es interpretación, debate, jurisprudencia, tradición oral hecha libro. No es Biblia, sino comentario y desarrollo legal.
Esta diferencia no es baladí, porque es la que nos ha llevado a una actualidad judía completamente diferente a la que Escohotado explica en su historia del comercio.
Los judíos de antes del siglo I no son los de después, y su evolución, mucho menos: es sionismo.
De hecho y desde entonces, el judío que vive fuera de sus fronteras, en torno al mediterráneo y más adentro, desde la Europa continental hasta EE.UU., es seguidor del Talmud de manera generalizada. Es decir, se sigue la Torá a través de la interpretación rabínica o Talmud.
Vida en exilio y tierra prometida.
El judío que vive fuera de las fronteras de la actual Israel no es una persona desvalida. Ha progresado fuera. Y en el emperador Claudio realiza un censo en 46 d. C. que contabiliza en torno a siete millones de judíos más un millón mas en Asia menor, de los que solo casi dos millones y medio viven dentro de Palestina.
A pesar de las mejores condiciones impositivas y de levas desde Julio César, sigue siendo una provincia pobre dividida en cuatro reinos: Judea, Cesárea, Galilea y Samaria.
La mayoría de los centros civilizados viven y sobreviven en la costa mediterránea cerca de perímetros helenizados. Y dentro la actividad básica es el pastoreo y la producción agrícola, y sólo podemos destacar como fuente de ingresos el Templo que recibe impuestos anuales y funciona como caja de depósitos abierta a cualquier particular.
La lógica mesiánica.
Israel es un entorno en el que dominan otras civilizaciones como Egipto, Caldea o Persia. Tiene a su lado el todopoderoso, pero solo como una promesa que se vengará en un futuro mesías.
El primero de ellos, completamente humano, es el propuesto por Isaías, Ciro el Grande que, es quien libera a los judíos de Nabucodonosor y les propone volver a sus tierras., pero como los demás profetas, será desechado.
Se afirma que, un sector del judaísmo tras los años en Mesopotamia ha recibido tres rasgos del credo zoroástrico: un futuro combate entre las fuerzas del bien y del mal, una promesa de inmortalidad para el ser humano, y la certeza de que el mal no viene de Dios sino de un adversario suyo que utiliza a las personas para su actividad.
Nada de esto es de tradición mosaica, y es en el período de los Macabeos cuando entran estas ideas y se producen las ideas de las revelaciones y el Apocalipsis con reyes divinos, ángeles para derrotar a demonios, resurrección de los muertos y Juicio Final.
El Libro de Daniel, rechazado por el judaísmo, pero capital para los seguidores de Juan el Bautista y Jesús se redacta sobre los años 600ss en el exilio y hacen profecías que se van cumpliendo desde su presente y en el resto de años de la historia judía.
Junto con las predicciones de Isaías las de Daniel son precedentes del Apocalipsis del Nuevo Testamento.
El profeta Daniel adelanta que el mesías puede venir y morir para parecer vencido, pero dará lugar a una segunda venida que permitirá la definitiva derrota del demonio por mil años.
Según Antonio Escohotado la pleamar del fanatismo.




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