El virus de la libertad negativa: no estoy de acuerdo con José Antonio Marina.
Llevo unas semana leyendo, desde enero, el libro de José Antonio Marina: La vacuna contra la insensatez.
Si bien es cierto que en muchos aspectos estoy de acuerdo con el escritor, al que sigo desde hace tiempo.
Me parece que en muchos casos sirve de ejemplo de lo mismo que escribe.
No me refiero a la insensatez sino, a que los mismos sesgos de conducta, y heurísticas similares que nos rodean, son las que le condicionan.
Como obviamente me puede pasar a mi y me pasa.
Pero vamos a comentar en primer lugar lo que en el libro nos señala...
Su opinión.
Patterson nos señala que la libertad es un valor apreciado solo en occidente.
Pero no olvidemos también que la libertad ha propiciado en occidente equívocos hasta el punto de devenir en virus mentales.
JAM habla de la libertad negativa de Isaiah Berlin e que indica como es parte del liberalismo libertario y dice que: soy libre en la mediada en que ningún hombre ni ningún grupo de hombres interfiere en mi actividad.
No estoy de acuerdo con lo que dice….
Abunda además que la libertad no tiene conexión con la democracia porque la persona libre no necesita de los demás.
También dice José Antonio Marina que, el liberalismo libertario rechaza todo compromiso político con los valores morales, porque los valores morales interfieren en la libertad individual.
Tampoco estoy de acuerdo.
Por último, señala que para estos libertarios el bien común interfiere en la libertad individual.
Y que el ideario de reducción al mínimo del Estado al solo necesario para defender la independencia de los individuos, pues en caso contrario se corre el riesgo de defender un modelo moral que acabe en tiranía, es una idea insensata.
Otra cosa de las que señala que es falsa también.
Dice que los partidarios de la libertad negativa creen en que el respeto por aquel que no quiere estudiar supone un derecho a permanecer analfabeto.
Una simplista observación.
No conozco a ningún liberal que no valore la formación, la educación y la cultura.
Eso sí, no obligada por el Estado, que te dice dónde, cómo y qué estudiar.
Opción que da juego a la ideología y el adoctrinamiento.
Porque recordemos que la educación obligatoria no es tanto por tener que hacerla sino por qué tener que estudiar y cómo.
Insiste que el virus de la libertad negativa se basa en la idea de que la libertad es una propiedad innata, espontánea, sin la necesidad de nadie.
Y por ello ya entiende el autor que el liberal se olvida de la característica propia del individuo que es un ser social.
Una simpleza que no le intuía en este razonamiento…
Para terminar, diciendo que la libertad negativa es otro virus mental.
Y yo digo…
Para Berlín, la libertad negativa es la libertad entendida como ausencia de interferencia.
Soy libre en la medida en que nadie me impide hacer lo que quiero hacer.
No se trata de lo que puedo lograr, sino de que no me pongan obstáculos.
Berlin imagina la libertad negativa como un espacio personal donde el individuo puede actuar sin coerción externa.
Un espacio que debe ser protegido, respetado, y no invadido por otros ni por el Estado.
La clave no es la capacidad, sino la no intromisión.
Porque la historia muestra que, cuando se sacrifica la libertad negativa en nombre de ideales superiores (igualdad, virtud, progreso, “bien común”), se abre la puerta a una serie de aspectos...
paternalismos,
ingenierías sociales,
y finalmente, tiranías justificadas “para tu propio bien”.
Berlin es muy sensible a ese riesgo.
La libertad positiva, que defiende José Antonio Marina es la idea de ser dueño de uno mismo, autogobernarse, realizar la propia razón o esencia.
El problema, según Berlin, es que la libertad positiva puede degenerar en “Sé libre como yo creo que debes ser libre.”
Y eso permite que otros decidan por ti “por tu propio bien”.
Por eso Berlin insiste en que la libertad negativa es el mínimo moral irrenunciable.
Berlin no dice que la libertad negativa sea ilimitada.
Reconoce que toda sociedad necesita leyes, y que la libertad de uno termina donde empieza la del otro.
Pero insiste en que cualquier restricción debe justificarse muy cuidadosamente, porque cada interferencia reduce la libertad real.
La libertad negativa es la respuesta a la pregunta: “¿Qué es lo que nadie debe hacerme?”
Ni siquiera son incompatibles la libertad positiva y el cristianismo.
Pero tampoco son equivalentes.
Son dos lógicas distintas que pueden entrar en tensión o armonizarse según cómo se entiendan.
La libertad negativa de Berlin dice que “soy libre en la medida en que nadie me impide actuar.”
El cristianismo, en cambio, entiende la libertad como capacidad de orientarse hacia el bien, hacia la verdad y hacia Dios.
Es decir, una libertad teleológica, con finalidad.
La libertad negativa es espacio.
La libertad cristiana es dirección.
Pero ambas pueden convivir si se entiende que:
el Estado no debe coaccionar la conciencia,
la fe no puede imponerse,
la moral necesita un ámbito de responsabilidad personal.
En ese sentido, la libertad negativa es un mínimo civilizatorio que protege la posibilidad misma de la libertad cristiana.
La tensión surge cuando la libertad negativa se absolutiza como “nadie puede decirme qué es el bien”,
O cuando la moral cristiana se interpreta como “el Estado debe imponer el bien”.
Berlin teme que cualquier idea fuerte del bien derive en paternalismo.
El cristianismo teme que la ausencia de orientación moral derive en nihilismo.
Pero ambos temores son legítimos.
El cristianismo aporta algo que Berlin no desarrolla: la idea de que la libertad sin criterio se autodestruye.
San Agustín lo formula con una claridad brutal:
“No es libre quien hace lo que quiere, sino quien quiere lo que debe.”
Esto no niega la libertad negativa; la completa.
Porque la libertad negativa protege el espacio.
Pero la libertad cristiana ilumina el uso de ese espacio.
Sin libertad negativa, la moral cristiana sería imposición.
Sin moral cristiana, la libertad negativa sería vacío.
¿Es el liberalismo compatible con el cristianismo?
Depende del liberalismo.
Sería compatible con...
el liberalismo que defiende la dignidad de la persona,
la libertad de conciencia,
la responsabilidad individual,
la limitación del poder político.
Ese liberalismo es perfectamente compatible con la tradición cristiana, que siempre ha defendido que:
la fe no se impone,
la conciencia es inviolable,
la persona es fin y no medio.
Sin embargo, podemos entender que entra en conflicto cuando...
el liberalismo que reduce la libertad a elección sin orientación,
el que convierte el deseo en criterio moral,
el que niega cualquier referencia objetiva al bien.
Ese liberalismo choca con la visión cristiana de la libertad como vocación y no como simple ausencia de obstáculos.




Comentarios