FALSAS PROMESAS: EL CASO DE UCRANIA.
La revolución de los colores.
La dificultad de atraer a la OTAN a los países que fueran antiguas repúblicas socialistas no se basaba exclusivamente en el miedo a una confrontación con Rusia, sino también existían lazos culturales y económicos.
La solución occidental vino de agencias gubernamentales y ONGs que colaboraron con las agencias de inteligencia para promover movimientos populares contrarios a los líderes prorrusos.
La tesis de Gene Sharp, filósofo y politólogo experto en revoluciones no violentas, los llamados golpes blandos se dan bajo la idea de que es imposible implantar un nuevo régimen sin el apoyo de un mínimo de la sociedad.
Bajo el paraguas de ONGs como la USAID, NED o la Open Society Fundation de Soros, entre otros, se intenta promover la pérdida de legitimidad popular de los gobiernos que se quieren derrocar.
Si por algo se caracterizan estos golpes blandos es por la falta de cualquier sustrato democrático. Se utiliza cualquier herramienta de guerra híbrida, propaganda y acciones encubiertas orientadas a cambiar los equipos que dirigen el país con recetas económicas y políticas que faciliten el expolio, ser arietes contra Rusia y que en muchos casos terminen en estados fallidos cuajados de redes criminales.
Ucrania…
Las revoluciones de los colores diseñadas por ingenieros sociales atlantistas pusieron foco en Serbia (2000). Georgia (2003) y Ucrania (2004).
Rusia era consciente y tenía medios propios dispuestos a contrarrestar todo este tipo de movimientos.
El fin último era la ampliación de la OTAN hacia el Este, y la propuesta a sus favorables era financiación e incorporación a la UE.
En el caso de Ucrania fue el memorándum de Budapest el acuerdo olvidado. Firmado en 1994 por Rusia, Ucrania, EE.UU. y Reino Unido se establecía garantías de seguridad para Kiev, prometiendo respetar la soberanía y sus fronteras a cambio de que su gobierno entregara su arsenal nuclear que entonces era el tercero más grande del mundo.
La guerra de Ucrania de 2022 inició realmente en 2004 cuando la revolución naranja no quiso aceptar la victoria del candidato cercano a Moscú, Víctor Yanukovich, que venció al partidario occidental Víctor Yuschenko.
Ingeniería social en Ucrania.
Corrupción, falta de transparencia de la administración, ausencia de democracia y ganas por salir de la influencia de Rusia, fueron algunos de los motivos por los que se movilizaron millones de ciudadanos que vestidos de naranja, y respaldados por la USAID, la NED y el departamento de Estado (CIA y MI6) se movilizaron en la plaza del Maidán.
Se repitieron elecciones en una segunda vuelta, tras la primera victoria de Yanukovich y en esta ocasión ganó el candidato atlantista que asumió la presidencia en enero de 2005.
El objetivo era distanciarse de Rusia de la que se señalaba hacia movimientos con intereses y ambiciones en Europa Oriental, y daba excusa a la rápida integración en la UE y la OTAN.
EE.UU. era consciente que la política programada del nuevo presidente de Ucrania sería tomada por Rusia como un ataque directo y que provocaría una intervención militar. No obstante, esa era la intención.
William J. Burns, que entonces fuera embajador de EE.UU. en Ucrania y después director de la CIA durante el mandato de Biden, ya señalaría que incorporar a Ucrania en la OTAN era una amenaza existencial para Moscú y una promoción a un estallido bélico.
Esa promoción fue señalada por Burns como una cuestión emocional y neurálgica para Rusia, pero también estratégica.
Se producía la división de un país que suponía un peligro potencial para el inicio de una guerra civil de la que Rusia tendría obligación de tomar parte.
La adhesión de Ucrania a la OTAN tendría un impacto importante para la industria defensiva de Rusia, pero también para los vínculos familiares de rusos y ucranianos.
La cumbre de la Alianza Atlántica en Bucarest en el año 2008 señaló la intención de incluir a Ucrania en la OTAN. Parece claro, visto hoy que, EE.UU. estaba interesado en una guerra, pero no tenemos claro por qué los europeos aceptaban esta posibilidad.
Las promesas de reforma y regeneración no se cumplieron y las zonas más ricas del país, la zona prorrusa, había salido perdiendo y nuevas élites que gobernaron entonces junto a las oligarquías, habían buscado su propio beneficio.
El cambio tranquilo se produjo en las elecciones de 2010 que gano en este caso Yanukovich y que los observadores internacionales no pudieron señalar como oscuras.
La situación mundial no ayudaba con una crisis financiera mundial de la que salía paso a paso EE.UU., mientras que Europa era actualidad con un riesgo real de buscar lazos con Rusia en busca de la energía barata que necesitaba para su economía y con la necesidad de mantener lazos comerciales con China para vender y poder salir de la crisis.
El presidente de Ucrania no hizo un cambio radical. Era consciente que el acercamiento a Europa era bien visto y aceptar un acuerdo de colaboración con una agenda reformadora en política y economía a cambio de ayuda financiera y técnica tenía sentido pero rechazando y retirando la solicitud de ingreso en la OTAN al tiempo que también lo hacía con Rusia en la Organización de Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) que sustituía al Tratado de Varsovia.
El golpe del Maidán.
El acuerdo con la UE ponía en aprietos a varios sectores productivos de Ucrania, que en el corto plazo sufrirían con la competencia y a la vez afectaría a la economía del país. Además, en aquello época se requirieron duras reformas diseñadas por el FMI para acceder a una financiación que de algún modo suponía cesión de soberanía a cambio de crédito.
Todo esto también comprometía a la otra parte, Rusia, que buscaba una unión aduanera con Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania.
Las presiones sufridas por ambos lados provocaron que no se firmara el acuerdo con la UE y Yanukovich fue acusado de ser una marioneta de Putin.
De nuevo el terreno se preparaba para una nueva crisis que los straussianos no podían dejar pasar.
Las manifestaciones en la plaza del Maidán ocurrieron en la noche del 21 de noviembre de 2013. Lo que empezó por una petición de una mayor integración con la UE terminó con el cuestionamiento de la legitimidad del gobierno y grupos de paramilitares de extrema derecha que atacaban a la policía mientras occidente, Europa y EE.UU. respaldaban mediáticamente el acontecimiento.
Nuland, responsable de asuntos europeos y euroasiáticos del Departamento de Estado estuvo en el sitio exacto diciendo que se luchaba por la libertad del pueblo ucraniano y que era una obligación liberarlo del yugo ruso que estaba influyendo en el resultado de las decisiones de Yanukovich en la negociación con la UE.
Pero tanto EE.UU. con Nuland y Pyatt como representante de la UE trabajaban entre bambalinas y utilizaban a la ONU para respaldar el cambio que se justificaba en la supuesta injerencia rusa. Los EE.UU. tomaban parte con una movilización detrás de la cual estaban los straussianos.
Rusia ofreció a Ucrania la financiación de 15.000 MM de dólares a través de compra de bonos ucranianos, igualando la oferta del FMI, pero además con la rebaja en el coste del gas importado de Rusia.
Los diputados de la oposición bloquearon la votación de este acuerdo en una actuación a todas luces antidemocrática por parte de los autodenominados democráticos.
Se estaba propiciando un camino hacia la bancarrota del país, y una situación de crisis social e institucional.
La versión oficial cuenta que tras dos días de enfrentamientos con treinta muertos entre manifestantes y policías, los francotiradores grabados y publicados en YouTube que debían proteger a los policías de los manifestantes con armas, empezaron a disparar matando a personas desarmadas.
Inmediatamente se acusó a Yanukovich de ordenar estos disparos y tuvo que salir del país propiciando unas nuevas elecciones, un nuevo ejecutivo y la aceptación del dinero del FMI y las condiciones impuestas por Washington, Londres y Bruselas.
El politólogo ucraniano Iván Katchanouski realizó una investigación ampliamente validada que señala que los francotiradores apostados en edificios eran controlados por el propio movimiento del Maidán y que todo fue un ataque de falsa bandera muy conveniente para elementos oligárquicos y de extrema derecha del país, para EE.UU. y la UE.
Crimea, el Dombás y la guerra civil.
Tras el derrocamiento de Yanukovich el gobierno provisional es formado por algunos miembros de organizaciones ultranacionalistas y xenófobos que iniciaron una limpieza étnica en el este del país.
Rusia reaccionó señalando que el territorio de Crimea nunca caería dentro del gobierno del nuevo ejecutivo. Una serie de aspectos culturales, políticos y económicos unía a la población de la zona que en referéndum declarado ilegal por los países de la Alianza Atlántica declaró una mayoría de respaldo a la unión a Rusia.
Rusia ya mantenía tropas en la frontera, consciente de que tuviera que respaldar una población que pedía su ayuda. La península de Crimea con su república de Crimea y la ciudad autónoma de Sebastopol deseaban esta opción.
Esta situación fue aprovechada por la cúpula de la Alianza Atlántica para señalar que Putin estaba expandiendo su esfera de influencia y para ello crearon un relato que fue mejor propiciado con 1.000 MM de dólares de ayuda de EE.UU.
El Dombás, formado por Donetsk y Lugansk, en 2014 gozaban de cierta autonomía y estaba dotada de grandes recursos minerales. Ucrania y su gobierno comenzó a presionar esta zona y grupos de extrema derecha, nacional socialista, señalaban la necesidad de realizar una limpieza étnica en la zona promoviendo una cruzada.
En el menor de los casos deseaban limitar los derechos constitucionales a instaurar una supremacía blanca y cristiana.
Su odio se dirigió a rusos y amigos como los serbios e incluso a minorías como la rumana o la magiar, motivo este último por el que Víctor Orban se acercó a Rusia.
Los acuerdos de Minsk, en Bielorrusia, no sirvieron de nada debido a que los propios firmantes europeos, rusos y alemanes solo pretendían una argucia para dilatar la situación mientras se armaba a Ucrania con la ayuda de la OTAN.
Tanto Angela Merkel como Françoise Hollande lo reconocieron más tarde.
Así se mantuvo una situación durante años, sobre todo en la etapa de Zelenski frente al gobierno de Ucrania, en la que soldados profesionales se enfrentaban a milicias populares que solicitaban ayuda a Rusia.
Informes de UN y otros confirmaban las matanzas de civiles y tales documentos se ocultaron hasta que definitivamente se guardaron en un cajón cuando en 2022 el ejército ruso entró en guerra.
Existe una narrativa oficial que omite realidades como la corrupción política e institucional, la falta de democracia efectiva y los atentados contra la población. Zelenski no es un estadista noble y limpio, aunque Rusia tenga su propia maquinaria mediática y totalitarismo.
Los relatos sencillos suelen ser a la vez falaces. Los enfoques pueden ser diversos, como opiniones son posibles, pero los hechos deben ser examinados antes de ser aceptados. Rusia no tomó una acción inmediata en 2022.
Como hemos, visto desde 2004, y antes, se fueron dando pasos que comprometieron cada vez más a Rusia. Victoria Nolan así lo reconoció posteriormente en el Congreso de EE.UU. refiriendo las innumerables ayudas y apoyos que EE.UU. ofreció a Ucrania: asesoramiento, policía, armas y financiación.
Crear enemigos para justificar la existencia.
Según Lorenzo Ramírez deberíamos aceptar una posibilidad como realidad. Que la crisis del Maidán tuvo como consecuencia una guerra civil ya larvada y que la revuelta separatista respaldada por Rusia es una narrativa que disfraza la realidad.
Ya sabemos que mucho antes EE.UU. tenía tropas en zonas del Este, desde el Báltico, donde se realizaron maniobras, hasta en Polonia, Estonia, Letonia, Lituania y la propia Ucrania.
La Corporación Rand en 2019 ya dejó clara la necesidad de justificar sus planes ejerciendo una presión sobre Rusia que la desequilibrara y forzara a actuar. Esto justificaría la petición de entrada de Ucrania en la OTAN que suponía un hito más en la agenda globalista atlántica.
A. Wess Mitchell señala que EE.UU. debería tener claro tres cosas:
· Limitar el número de frentes activos que suponen un esfuerzo militar importante.
· Mejorar la funcionalidad de sus alianzas.
· Aumentar los presupuestos de defensa.
Normalmente será una combinación de las tres cosas en distinto grado, y en este sentido, con los niveles alcanzados por la deuda de EE.UU. su opinión pasa por empujar a Europa a gastar más en defensa y para ello con la situación en Ucrania consigue eso además de debilitar al ejército ruso.
Se trataría de crear incentivos para que Rusia reoriente su política exterior.
La geopolítica de la guerra de Ucrania, la política arancelaria de Trump y las guerras en oriente próximo están orientados a una ruptura de la natural alianza euroasiática que amenaza a EE.UU.




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