HONRAR LA VIDA.
Actualizado: 3 may
El título hace referencia a el título de un tema a la moral humana, canción de 1980 de Eladia Blázquez que canta sobre la conciencia, la virtud, lucha por la verdad, la dignidad y la libertad.
“Merecer la vida no es callar y consentir tantas injusticias repetidas”.
“Merecer la vida es erguirse en vertical, más allá del mal, de las caídas, más allá del mal”.
El mal, por mucho que se deje de mencionar existe.
Son las faltas contra Dios, contra nuestro prójimo y contra nosotros mismos.
Para los que se consideren agnósticos o ateos, debería ser igual.
Dejar fuera de la ecuación a Dios puede ser una manera diferente de resolver el problema, pero para muchos, una forma de resolverlo con una dato menos y fundamental.
También existe el pecado, que como dice el Diccionario de la Lengua Española es cosa que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que es debido.
Esa negación del pecado, en muchos casos asociado a la religión y sostenido por el nihilismo nos lleva a determinadas complacencias.
Se ha perdido la culpabilidad.
Se ha perdido la vergüenza.
El mal se puede entender como una suerte de egoísmo extremo.
Cuando anteponemos nuestros deseos, intereses, miedos a el dolor e incluso la vida ajena.
El mal siempre avanzará mientas por omisión no se defienda la dignidad y no nos propongamos ser personas honorables.
Porque el bien no se hace solo ni nace de la nada.
El mal es no bien, funciona en sentido negativo como ausencia de bien mientras nosotros no actuemos con nuestra conducta hacia lo objetivamente justo.
Hoy en día va de meterse en líos.
Pero nos va en ello la convivencia y la dignidad entre otras cosas.
Todos somos responsables de que la vida de los demás sea buena y de rebote, la nuestra.
Es una estrategia micro, de cada uno de nosotros, en la que definirse amoralista es esconderse de la responsabilidad y frenar o lastrar el progreso de nuestra especie.
Los inmorales nos necesitan inmorales para poder regresar a estadios anteriores y mantenernos en su rebaño.
Desde sus incentivos políticos de poder y económicos.
Esto no va de tolerancia cuando está en peligro la justicia, la dignidad y la vida.
No es tolerancia, es desinterés por el prójimo.
Vivimos en la paradoja de ser la sociedad más conectada y al mismo tiempo menos vinculada.
David Cerdá nos dice que necesitamos la convicción de los mejores, principios, valentía, la objetividad del bien, una ética del honor y el coraje.
Nos estamos abonando a una mera supervivencia que desviste de sentido a la vida.
Ser morales requiere ser valientes, honorables, respetuoso con principios morales universales y defensores de los vulnerables.
“La verdad moral existe, y nos obliga”.
Debemos asumir responsabilidades personales que no se escondan en culpar a la sociedad o el sistema.
Así encontraremos sentido en nuestras vidas.
Merece la pena luchar por ello.
No es lo mismo que vivir, honrar la vida.




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