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Irreverencia de los mercados y la ciencia.

yosorep
5 mar
5 min de lectura

 

Los mercados no son la suma de sus participantes, según afirma Taleb.


Sin embargo, los cambios en los precios son un reflejo de la actividad de compradores y vendedores que Taleb llama más motivados.


Es decir, la motivación incide en las reglas.


 

Esto hace que como confirman los hechos, la intervención menos que proporcional de un mercado amplio, puede caer un 10% por la acción de un solo operador motivado.


Taleb dice que el mercado es como un cine con una puerta diminuta para explicar que cuando alguien decide tomar una acción en el mercado, por pequeña que pueda ser en proporción, puede provocar una estampida como las que se producen cuando la gente quiere salir de manera urgente por un espacio pequeño.


Un movimiento en el mercado puede ser similar a un grito de fuego o un disparo en un espacio público, provocando que nadie quiera estar en el sitio en ese momento.

 


Los mercados actúan como el caso de la ciencia.


Se mueve por la aceptación de consensos que determinan un estado de complacencia y baja volatilidad.


Pero como Popper y Feynman defienden de manera distinta, la ciencia se basa en la regla de la minoría y actúa en un mecanismo similar de asimetría.


Si no fuera así, en el caso de la ciencia estaríamos aun en la edad media agarrados al consenso que repudiaba a Copérnico o que no fue capaz de aceptar que la ley de la gravedad era incompleta hasta que lo demostrase Einstein.

 


En estado natural, los mercados y la ciencia están en estados sesgados al consenso y la baja volatilidad.


Pero cuando se refuta un principio, este se convierte en erróneo.


Y cuando se explota una burbuja, se confirma que existe.

 


La sociedad, como la ciencia y los movimientos más rentables de la bolsa no evolucionan desde el consenso o la mayoría, sino por un pequeño grupo de personas que influyendo de manera desproporcionada en una regla asimétrica pone su alma en ello.


Pero recordemos que la asimetría, presente en casi todas las cosas, puede ser fuente de beneficios y perjuicios.



Algunos aspectos contradictorios de lo colectivo.

 

Para los sistemas no lineales y aquellos donde las asimetrías existen o son posibles, la media no representa nada.


En el caso de las asimetrías como la regla de la minoría también.


La conducta media de quien interviene en los mercados no nos permite comprender el comportamiento general de los mercados.

 


Tanto los mercados, como los individuos, como cualquier otro tipo de grupo o colectivo, debemos entender y tener claro que no son la suma de sus individuos promedio.


Los experimentos psicológicos con individuos que muestran sesgos no nos permiten comprender de manera automática el comportamiento de los elementos agregados ni el de la totalidad, y tampoco nos ilumina sobre la conducta de los grupos.

 


Recordando que somos animales que vivimos en grupos no podemos definir la naturaleza humana sin tener en cuenta las relaciones que rodean a todos los individuos.


Los grupos están formados por unidades con diferencias cualitativas que hace que no solo cada individuo sino cada grupo, tomado como individualidad en si, funcione a su vez de manera diferente a otros por las relaciones diferentes de los individuos que lo conforman.


Pero si en algún modo la cosa se puede complicar, es debido a la escala.


Ya que el mayor numero de interacciones escala exponencialmente y hace más difícil predecir.


Es lo que contrasta la dificultad de entender lo macro a partir de lo micro, lo general a partir de lo simple, aunque de uno provenga lo segundo.



Es la denominada maldición de la dimensionalidad.  


También conocido como error de la dimensionalidad, es un fenómeno que aparece cuando trabajamos con datos en espacios de muchas dimensiones (variables), y puede afectar gravemente el rendimiento de modelos estadísticos y de aprendizaje automático.


Cuando un crecimiento excesivo genera exigencias computacionales que llegan a ser incluso insalvables.


Solo el hecho de pasar de 1000 a 1001 unidades multiplica la complejidad del conjunto a miles de millones.

 


Lo mismo nos pasa con la ilusión de conocer como funciona el cerebro y resolver problemas relacionados con él.


Un grupo de neuronas, como un grupo de personas, es distinto de los elementos que lo componen, porque las interacciones existentes entre ellos no son lineales la mayoría de las veces.


Lo único lineal que existe es la manera común que tenemos de entender las cosas, simplificando, y alejándonos de la realidad.


Es por ello que entender cómo funciona una neurona no resuelve el problema complejo de entender como funciona el cerebro, con unos cien mil millones de neuronas aproximadamente.

 


La maldición de la dimensionalidad nos lleva a poder decir que nunca podremos resolver el problema del cerebro.


Y lo mismo señala en el caso de los genes, en el que Taleb hace una señalada crítica a las simplificaciones que en este sentido han expuesto tanto Richard Dawkins como Steven Pinker.


Así, al igual que comprender como funciona las diversas partes del cerebro o sus neuronas nunca nos permitirá comprender la manera en que se desenvuelve un cerebro, conocer la composición de la unidad genética o gen no nos permite resolver problemas genéticos del conjunto.


Y esto no es opinión sino matemáticas.

 


Esto es contrastable con los ejemplos de asimetría que hemos visto en los últimos párrafos, relacionados con la teoría de la regla de la minoría.


Aunque solemos generalizar para un grupo la relación de dos personas, esta es una decisión que no tiene en cuenta la complejidad y la posibilidad de la asimetría como fuente de incertidumbre.


Esto también ha dado lugar a la duda sobre la capacidad de predecir el comportamiento por parte de las teorías de las ciencias del comportamiento.


Si bien estas pueden tener sentido y empíricamente lo tienen, esta no es capaz de predecir y resolver problemas sociales y económicos.



 Mercados de inteligencia cero.

 

Y todo esto nos lleva a ver como en el caso de los mercados, la única teoría económica que se acerca a la complejidad es la escuela de la teoría económica austríaca.


Porque la estructura subyacente de la realidad es más importante que sus actores, y aunque la micro de cada unidad es el principio, los legisladores y los intervencionistas ni entienden ni les interesa entender que, si existe una estructura de mercado adecuada, un puñado de idiotas puede crear un mercado perfectamente operativo desde la libre interacción.

 

D. Gode y S. Sunder descubrieron que en un mercado de agentes con inteligencia cero, comprando y vendiendo de manera aleatoria, cubren de manera normal la oferta y la demanda existente de una manera eficiente del mismo modo que por actores inteligentes.


Como F. Hayek defendiera y sus antecesores, pues la idea de la mano invisible es la que está detrás de todo este resultado, a la vez que es la menos integrada en el pensamiento generalizado y moderno.


Parece que sea necesaria cierta conducta idiosincrásica por parte del individuo, irracional, para que haya un funcionamiento eficiente a escala colectiva.


Porque en definitiva y en la línea de la irracionalidad, los individuos no necesitan saber adónde van; los mercados si.

 

Conclusión. Deja a la gente sola y al amparo de una buena estructura y verás cómo se hace cargo de todo.


Los supuestos inteligentes del Estado no son necesarios.


Más aún, nos hacen perder.

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