LA LOGICA DE ASUMIR RIESGOS.
Taleb explica la ergodicidad y su relación con el riesgo y jugarse la piel.
Para ello nos fuerza a que reconozcamos y diferenciaremos la probabilidad de conjunto de la probabilidad temporal.
La diferencia se explica don dos ejemplos, que permiten finalmente llegar a la idea de ergodicidad.
En un casino, 100 personas van y juegan con distintas suertes en el mismo día. Sólo uno se arruina. Aquí hablamos de la probabilidad de conjunto.
En ese mismo casino, una misma persona lleva cien días consecutivos apostando. Puede ser que lo pierda todo en el día 100, pero la recurrencia lo pone en peligro en los días intermedios en una relación de una probabilidad 1% de quebrar. Estamos hablando de probabilidad temporal.
Si reconocemos esta diferencia, podremos tener en cuenta las probabilidades en las decisiones y el riesgo que corremos.
Vemos que las dos probabilidades atañen a un grupo de personas y un solo perjudicado no perjudica al resto del grupo.
En el segundo caso hay un solo individuo que, por el tiempo y la exposición reiterada, se ve en la ruina.
Con estos ejemplos, podemos entender muchas de las cosas que ocurren en el mundo como en el caso de las referencias de las rentabilidades de los mercados bursátiles en base al largo plazo.
Cuando alguien nos dice que la rentabilidad del mercado es X, debemos ser conscientes que ningún individuo puede captar esa rentabilidad salvo que tenga infinitos bolsillos y ningún límite. Es una combinación de las dos probabilidades.
La mayoría de las personas (recordemos el manido ejemplo de los partícipes del fondo de Magallanes), en realidad casi todas, no podrán captar las rentabilidades del mercado por miles de casuísticas, siendo los rendimientos menores o mayores. Normalmente lo primero.
Todo esto aplica a todos los ámbitos de la vida, incluido el empresarial en el que, para tener éxito, lo primero es sobrevivir.
Recordar el sesgo de supervivencia…
“Nunca cruces un río si tiene una profundidad media de 120 centímetros”.
La secuencia importa. Y los casos de bancarrota inhabilitan los análisis de coste-beneficio, y señala la dudosa capacidad de la teoría de decisiones.
La física ha demostrado, teniendo en cuenta la probabilidad de conjunto y la probabilidad temporal, que todo lo que tiene que ver con ciencias sociales y probabilidad es erróneo.
Decir lo contrario es cientifismo.
Matemáticos, físicos y la excepción de un financiero como Mark Spitznagel. Todos han entendido estas probabilidades y le ergodicidad sin jugarse la piel.
Pero el resto de “sabios” economistas, sociólogos, psicólogos, precisamente necesitan jugarse la piel para poder entender y haber descubierto estos conceptos. Esa es la razón de que no se haya descubierto antes: nadie quería jugarse la piel.
Ergodicidad.
Según Taleb, se considera que una situación no es ergódica cuando las probabilidades observadas en ocasiones anteriores no se aplican a los procesos futuros.
Cuando las personas se juegan la piel, hay un momento o lugar en el que invariablemente, porque a ello tiende el sistema, se produce una parada denominada ruina.
Esta situación no tiene reversibilidad y además, no permite hacer un análisis de coste-beneficios. (ejemplo de la ruleta rusa).
La reiteración es lo que en los casos de las decisiones nos lleva a la ruina. Nos acerca al riesgo. Fumar un cigarrillo no es malo…
En la vida real, cada riesgo que repetimos, por pequeño que sea va contra la esperanza de vida.
La idea de la repetición hace que las paranoias a cerca de ciertos acontecimientos de baja probabilidad se conviertan en racionales.
La ruina definitiva llega cuando asumimos de manera reiterada riesgos excepcionales de baja probabilidad.
Y confunde cuando un riesgo excepcional se considera razonable, y por ende consideramos que un riesgo adicional también lo es.
La ruina se aproxima cada vez que aumentamos las exposiciones a riesgos individualmente pequeños.
Los riesgos a los que nos exponemos suman.
La ruina es algo indivisible e invariable respecto a la fuente de aleatoriedad que pueda provocarla.
Para Taleb otro de los errores de la economía conductual o la psicología de comportamiento es la contabilidad mental.
Esta contabilidad mental consiste en la tendencia de la gente a colocar sus ahorros de una manera mental o física en cuentas separadas.
Esta actitud se caracteriza por centrarse en el interés del dinero.
Este comportamiento se olvida que somos propietarios del dinero con independencia del origen del mismo.
Para verdaderos científicos, Thorp, Kelly y Shannon, para que una estrategia de inversión sea ergódica y tenga la posibilidad de seguir o alcanzar el rendimiento del mercado, los inversores deben aumentar sus riesgos cuando hayan ganado y evitarlos cuando hayan tenido pérdidas.
Taleb lo denomina jugar con dinero de la casa.
Apostar de manera agresiva cuando tienes beneficios y no cuando tienes pérdidas es la estrategia de los inversores que han sobrevivido.
Aquí critica de una manera casi aviesa a Richard Thaler, del que señala no saber nada de probabilidades, en la defensa que hace este de la contabilidad mental.
Para Thaler, es un error cambiar de estrategia en función de si la fuente económica sea de las ganancias de un casino o de los fondos originales de los que proviene la apuesta.
Y, además, considera que la aversión a la pérdida no existe, sino que consiste es un residuo de ergodicidad.
La gente en estos casos intenta evitar el suicidio financiero adoptando una actitud firme ante los riesgos de cola.
“A menos que seas un perfecto narcisista y un psicópata, la peor situación imaginable nunca podrá ser solamente la pérdida de tu propia vida”.
Comienza Taleb con el recuerdo de una anécdota para rebatir la anomalía de cierta idea de la educación y el pensamiento moderno que considera a cada individuo como una unidad aislada.
En esa anécdota se pregunta ¿qué es lo peor que puede pasarnos a cada uno? Y la respuesta es casi al 100% morir.
Sin embargo, señala que esta postura es la de un narcisista o un psicópata, porque como después demostraron las mismas personas, es “también peor” además de nuestra muerte la muerte añadida de nuestros familiares, de nuestros amigos, mascotas e incluso de la humanidad.
Ante esta respuesta se produce la incoherencia y la conclusión de que no podemos aseverar como nuestra muerte la peor de las cosas que pueden pasarnos.
Por tanto, en el caso de la ruina, si bien nuestra ruina puede ser importante, la colectiva lo, es más.
En esta línea, y utilizando el ejemplo de una ruleta rusa y el marco ergódico, mi muerte no será ergódica para mí, pero si lo será para el sistema que queda a salvo.
Esto revela que asumir riesgos salva a la colectividad.
Una muestra de entrega, valor y prudencia reducen el riesgo de la comunidad entera.
Y esto es lo que no hacen los políticos, dirigentes y asimilados que nos rodean y gobiernan.
La muerte personal no será nunca el peor escenario posible, salvo que esté relacionada con la muerte de los demás.
Como cuando muere una madre y deja a sus hijos sin posibilidad de sobrevivir.
Porque tenemos una vida limitada, pero la humanidad tiene una duración infinita. Y preservar esa opción es trascendente.
En ese sentido un sofisma como alegar por el principio de precaución que siempre corremos un riesgo al cruzar una calle nos obliga de igual modo aceptar con complacencia el sistema con la idea de para qué preocuparnos por él.
Si bien las soluciones puedan venir de actitudes y acciones micro, solo con la intervención crítica y unión es la que puede salvar a la sociedad y el mundo de las actitudes egoístas de los intervencionistas.
Nosotros como personas, completos de fragilidad y contingencia, somos renovables y prescindibles, pero la actitud de riesgos colectiva y activa salva la humanidad y el ecosistema en el que vivimos.
Taleb afirma que un sistema antifrágil necesita de elementos frágiles que aseguren las solidez y supervivencia en el largo plazo.
La valentía y la precaución no son valores opuestos.
Ambas son virtudes clásicas.
Aristóteles señala que la prudencia sophrosyne y el criterio phronesis, no son incompatibles con el valor.
La sophrosyne es la templanza, la mesura, el autodominio.
Pero no es simple moderación: es una armonía interior, un equilibrio del alma que permite actuar sin excesos ni carencias.
Para Platón, es la virtud que mantiene unidas las partes del alma.
Para los estoicos, es la serenidad que nace de vivir conforme a la razón.
Para los griegos en general, es la virtud del justo límite.
Sophrosyne es como el equilibrio del caminante sobre el filo del mundo: no se deja arrastrar ni por el exceso ni por la carencia.
Por otro lado, la phronesis es la prudencia práctica, la sabiduría para actuar bien en situaciones concretas.
No es teoría, es.... discernimiento encarnado.
Para Aristóteles, es la virtud intelectual que permite deliberar rectamente sobre lo que es bueno para la vida humana.
Implica experiencia, sensibilidad moral y capacidad de leer el contexto.
Es la virtud del buen juicio.
Phronesis es el arte de elegir el paso adecuado en cada tramo del camino, incluso cuando el terreno es incierto.
Para Taleb, no son incompatibles con el valor. Son la misma cosa.
En una pirámide invertida en la que Taleb designa en la parte superior el ecosistema, decrece en función de la valía en las siguientes escalas de mayor a menor:
Ecosistema>Humanidad>Tribu ampliada y autodefinida>Tribu>Familia, amigos, mascotas>Yo.

De este modo entiende que el valor verdadero es cauto, en el ejemplo que, salvando a un niño puedo perder la vida, pero garantizo la seguridad de un nivel superior.
Eso incluye aspectos económicos, emocionales, cultura e ideas.
Lo que importa es que el valor nunca es egoísta.
El valor consiste en sacrificar tu propio bienestar por la supervivencia de alguien perteneciente a un estrato superior al tuyo.
Ojo. No sacrificas la vida, sino que ofreces tu vida y parte del sentido en ayudar a los demás a descubrir el mundo y sobrevivir para hacerlo eterno.
El valor egoísta no es valor.
El que arriesga, ya no solo roba el dinero de otras personas o con el que alimentar una familia, y por ello no es valiente, sino estúpido en el mejor de los casos.
Y eso puede pasar en un padre, pero es lo habitual de los IPI, los políticos y demás institucionales que dicen querer salvarte.



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