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LA SOGA VERDE

yosorep
13 jul
17 min de lectura

Actualizado: 28 jul


 Comienza Lorenzo Ramírez este capítulo indicando como a principios de 2006 nace una nueva religión propiciada y anunciada por Al Gore, político y empresario demócrata que en 2000 había pedido las elecciones con George Bush.


Ahora se había convertido en activista y apologeta de su nueva religión que anunciaba el apocalipsis climático y con una fecha concreta cercana a unos diez años desde su anunciación (2016).


El miedo siempre ha sido rentable, sobre todo cuando el enemigo es imposible de batir y las consecuencias de ello son fatales para la raza humana.


Nuestro pecado era contra GAIA, la madre naturaleza.


Para ello se llegó a valer de un documental, Una verdad incómoda, con la idea de aleccionar a las masas que el CO2 producido en la tierra estaba provocando un calentamiento global del planeta que provocaría el crecimiento del nivel del mar, fenómenos meteorológicos extremos como huracanes y tifones más violentos y sequías más largas de lo habitual junto a lluvias torrenciales.


Todo supuestamente avalado por la ciencia.


Todo ello fue un éxito rentable que todavía sigue generando réditos.


No importaban los datos, las tablas y presentaciones demostrados falsos. “Era ciencia”.


Refutada por los hechos…


Nadie se daba cuenta, o al menos señalaba que, la tesis de partida implicaba señalar como veneno al gas que necesitan las plantas para desarrollarse y que a su vez generan el oxígeno del que dependemos los seres humanos y los animales.


El chantaje emocional y la manipulación silenciaba a los científicos, sobre todo físicos y geólogos que no eran capaces de encajar datos y teoría.


Al Gore se había convertido en profeta del fin del mundo.


No obstante, ya desde años antes había publicado un libro pseudocientífico con tintes holísticos para ilustrar una interconexión entre humanidad y medio ambiente.


Su objetivo era fomentar una conciencia global de medio ambiente y que fuera compartida por la sociedad haciendo que se obligara a si misma a estabilizar la población.


Una idea de la que parte una agenda actual de la sociedad global.


Para ello recomienda tesis eugenésicas ya surgidas en el siglo XIX y que muchas fueron desarrolladas en el XX. Hoy ya se afirman, proponen y disponen de manera no velada, sino legalizada.


Tras su paso por la política pudo completar sus ingresos relacionados con su posición de zar climático mundial, siendo consejero de Apple y asesor de Google, además de trabajar con gigantes de Silicon Valley y tomar posiciones especulativas ganadoras relacionadas con la pandemia de gripe A en 2007.


Para ello no dudo en desplazarse en jets privados “de los que no contaminan”.

 


El palo de hockey.

 

De la obra de Al Gore brilla sobre el resto su tesis principal que supone un cambio de paradigma: la influencia de la actividad humana en el incremento de las temperaturas derivadas de emisiones de CO2.


La teoría antropogénica que explicaba para el cómo se produce el calentamiento global, más tarde cambio climático, no tenía en cuenta otros factores que influyen como la actividad solar, fenómenos astronómicos y fuerzas internas de carácter geológico.


En 1998 tres científicos norteamericanos M.E. Mann, R.S. Bradley y M.K. Hughes, presentaron una serie de patrones a escala global y su relación con el clima durante los últimos seis siglos.


Para acceder a información tan antigua, sin bases de datos lógicas usaron inferencias de anillos de árboles, núcleos de hielos y de corales junto al uso de algoritmos matemáticos para hacer predicciones.


De ahí la revista Nature pudo sacar un gráfico con forma de palo de hockey que señalaba directamente a los seres humanos como máximos responsables y casi único del ascenso de las temperaturas en el planeta.


Pero el modelo presentaba demasiadas carencias por la aleatoriedad selectiva de las muestras.


Denunciado por el economista español José Ramón Ferrandis, este señalaba que se omitía en el estudio conocidos períodos cálidos en la edad media, entre el 900 y 1.300 y una Pequeña Edad de Hielo siguiente entre 1.350 y 1.850.


En su libro Crimen de Estado señala la realización de modelos tramposos con datos seleccionados ad hoc para que se ajusten a una narrativa determinada.


El palo de hockey era fácil de fabricar para el uso que justificada la teoría medioambiental que se basaba en el calentamiento climático.


En 2001 el Panel Intergubernamental del Cambio Climático o IPCC, creado al amparo de Naciones Unidas, fue cambiando sus objetivos, pero siempre declaradamente políticos e inclinados a orientaciones de ingeniería social.


No estudian fenómenos naturales en los que no intervengan humanos y todo orientado a cocinar datos estadísticos que respalden académicamente la teoría antropogénica del calentamiento global.


Y de ahí hemos pasado a un movimiento a escala global que somete a Gobiernos de países y modifica modos de consumo, ahorro e inversión de hogares y empresas de todo el mundo.

 


Manipulación y falso consenso científico.

 

La causa del calentamiento global por causas antropogénicas lleva años buscando un consenso científico adscrito a esta ideología.


John Cook es una referencia en cuanto a promover estas ideas y refutar cualquier tesis escéptica.


Para ello se acumularon 12.000 informes entre 1991 y 2011 que confirmaron en un 97% la tesis principal.


Pero a su vez no contaban que el 66% de los trabajos mostraban dudas al respecto.


Ese falaz y famoso 97% sale de un trabajo propagandístico más que estadístico.


Un trabajo de encuestas on line de 2009 a 10.275 científico, ninguno meteorólogo, del que la cantidad se redujo después convenientemente a 77 respuestas válidas que son las que le permitía sacar el resultado valido a la narrativa y ese porcentaje deseado.

 

El consenso científico, expresión referente de estas teorías, es un oxímoron en si mismo. Solo las trampas estadísticas y la narrativa puede salvarlas.


La ciencia avanza cuando cuestiona los postulados establecidos, crea hipótesis y las verifica por refutación.


Los consensos solo pueden ser políticos y siempre lo son así, nunca pueden ser científicos. Tenlo siempre en cuenta.


El consenso esta asociado a voto y opinión, muy alejado del método científico.


Paradójicamente, pero como no podía ser de otra forma, la historia de las predicciones del IPCC la desacredita los hechos acontecidos.

Mantienen su credibilidad forzada a pesar de sus continuos errores admitiendo públicamente que sus modelos no permiten proyecciones fiables debido a la cantidad de factores, no antropogénicos, que influyen en el clima y que ellos dejan fuera de los análisis.


Admite que el clima es un sistema caótico, complejo, no lineal que no permite predicciones a largo plazo.


Por tanto, el IPCC muestra un mensaje propagandístico, político, pseudorreligioso y orwelliano que busca datos adaptados a su narrativa totalmente contrarios a cualquier método científico y la ciencia en general.


El consenso científico es un término político que permite la propaganda climática con trampas.


De los informes del IPCC desapareció el famoso gráfico en forma de palo de hockey en 2007. Un misterio que se acompañó con el cambio de calentamiento global a cambio climático. Una tautología en toda regla pues no se puede negar que el clima cambia desde que la tierra existe.


Esto no les dejaba de permitir que siguieran señalando como negacionistas a quienes no aceptaban sus tesis.


Argucia argumental para someter a la población del planeta, incluyendo el chantaje de científicos contrarios a sus tesis que eran privados de fondos públicos y privados para sus investigaciones.


Varios premios Nóbel han sido señalados por indicar que la ciencia climática debería ser menos política y más científica.


La existencia de consensos no puede implicar nunca validez científica. La ciencia no puede ser democrática, no se convalida con adeptos, sino desde refutaciones.


El libre debate que ha permitido el progreso científico no puede ser sustituido por el totalitarismo inquisitivo, la difamación, la persecución al disidente y el silenciamiento.


Por cerrar, es un hecho irrebatible que los modelos climáticos predictivos basados en la computación están fallando de manera continua y estrepitosa.

 


El Climagate.

 

Desde los inicios de la existencia del IPCC este ha desarrollado una práctica completamente inapropiada y alejada de los hechos para resolver su narrativa.


El Climagate fue una filtración de documentos desde un servidor de la Universidad East Anglia de Norwich, en Reino Unido, en la que a través de un mail los científicos acordaban alterar los registros, anular datos y ocultar otros muchos para cuadrar la narrativa oficial.


Michael Mann fue el impulsor y director de cada uno de estos engaños por el que los datos de registros contrarios a la narrativa eran definitivamente eliminados.


Pero toda esta trama no era un grupo aislado, sino de un grupo organizado. Se llegó a descubrir que la BBC tenía la información desvelada incluso seis semanas antes de su publicación.


Sin embargo, cosa frecuente en estos ámbitos, además de ocultar y manipular datos y registros, mantuvieron una actitud sectaria defendiendo su narrativa señalando a opositores, celebrando las muertes o incitando a la violencia física y mediática contra los contrarians a sus tesis. La presión y el chantaje a medios era su acción habitual.


Pero el poder político detrás de toda esta narrativa promovió grupos de expertos”, siempre fuera del método científico para señalar que no había mala práctica científica.

 


Guerra contra agricultores y ganaderos.

 

Los informes del IPCC en 2019 ponen el foco en la actividad agrícola y ganadera.


Ahora los ingenieros sociales señalaban al sector productivo como asesinos del planeta indicando que los alimentos deben ser entendidos como medicinas y prescritas como tales en la dieta, favoreciendo la alimentación artificial, química y de laboratorio que beneficiaba a los grupos industriales de los defensores de la agenda.


Controlando los alimentos y su cadena de distribución en favor de la equidad, la justicia y el medioambiente, no podían sino estar haciendo el bien para la humanidad.


El Pacto Verde es la ofensiva legislativa que en Europa propone cerrar las granjas y reducir las tierras de cultivo, destruyendo el sector tradicional en favor de energía renovable y centro de datos.


Además, se da el caso de no ser incluidos, a su vez, clausulas espejo o de reciprocidad para los productores extranjeros que coloca a estos últimos en una posición de ventaja competitiva con respecto al producto propio.


La Ley de Restauración de la Naturaleza, impulsada por la Comisión Europea en 2024 es un ariete normativo contra las explotaciones del sector primario de la unión europea.


La imposición del relato climático abunda en que lo natural es perjudicial. La paradoja de que lo que antes era funcional y salud, ya no vale. Cientos de años, milenios incluso, de cultura agrícola que conocen los ciclos de la tierra ya no valen…


Una gran mentira sostenida por falsos ecologistas que no reconocen las verdaderas soluciones y no responden a las necesarias respuestas como estamos viendo por ejemplo todos los veranos con los incendios…¿por qué razón se oculta la importancia de la ganadería extensiva para prevenir los incendios?


La Política Agraria Común o PAC, ha sido un tiro en el pie que ha venido limitando la capacidad competitiva del sector primario y creado incentivos que han cortado la posibilidad de mejorar la capacidad.


Han engañado durante años, con “ayudas”, que han degenerado en una dependencia e incapacidad sobrevenida para tomar decisiones.


Se prohíbe el uso de nitrógeno en fertilizantes, se expropian tierras, se persigue a los ganaderos por la emisión de metanos animales. Todo apoyado y perseguido por instituciones supranacionales como la ONU y el Banco Mundial.


El ecologista Björn Lomborg señala que estamos asistiendo a una serie de historias de terror sobre el cambio climático amparadas sobre falsos modelos científicos y predicciones por una única razón que les mueve: la política.

 


Geólogos contra el dogma.

 

En España, el profesor Enrique Ortega Gironés encabeza un grupo de valientes geólogos que señalan la ausencia de unanimidad científica del protagonismo humano en la evolución del clima.


Para él es una frustración indignante como el consenso es capaz de ponderar la propaganda por encima del rigor científico.


Denuncia una falta de profesionales preparados y riguroso que se enfrenten a la propaganda con sus exageraciones y verdades a medias, además de informaciones sesgadas.


Denuncia como es evidente el hecho que en el caso del CO2 se excluye en las falsas teorías las fuentes principales y naturales de emisiones: volcanes, océanos y fenómenos astronómicos, además del propio sol.


Según sus investigaciones no hay relación causa-efecto entre un aumento de gas que provoca ascenso de las temperaturas.


El hielo acumulado en los  polos en los  últimos 800.000 años señala que no existe un calentamiento asociado al efecto invernadero del CO2, sino que el calentamiento actual es el décimo primero en todo este período y en ninguno estuvo antes el hombre.


Además, el hielo de los polos no se está fundiendo a una velocidad anómala, sino lo contrario. El nivel del mar sube desde hace 20.000 años, fecha de la última glaciación. La velocidad actual es incluso menor.


No se puede obviar que la actividad humana genera gran cantidad de basura, vertidos al agua, plásticos al mar y tantas otras cosas que al igual que reconocidas deben ser paliadas, pero no implican una modificación climática antropogénica.


Otra falacia es el peso de Europa en las emisiones globales, de la que es responsable solo del 9% de los gases de efecto invernadero, mientras China y EE.UU. son responsables del 35% y 25% respectivamente.


También es una falacia según Ortega que los vehículos “libres de emisiones” o electicos lo que en realidad hacen es exportar sus emisiones a otras etapas de la industria de automoción.


En definitiva, la electrificación de los vehículos en términos prácticos no supone una reducción significativa del CO2.


Es idea de la descarbonización de la economía además de una imposibilidad es una casusa principal de la pérdida de competitividad y poder del sector industrial en la economía europea.


Esto suma junto al “envenenamiento” programado durante décadas al sector primario para dejar a Europa en una difícil y dependiente situación.


Todo se conjuga con un proceso de empobrecimiento general de la sociedad, desaparición de clases medias, decrecimiento futuro de la población y productividad, reducción de la capacidad de compra y poder adquisitivo, aumento de costes e inflación galopante.


Mientras, fuera de la UE muchos países ganan terreno como productores. La excusa oficial es la realidad de esta crisis industrial europea, a saber, la necesidad de una transición hacia una economía baja en carbono que en realidad nadie demanda, ni nadie puede pagar salvo los bolsillos de los políticos y sus protectores que dirigen estas políticas que no se aplican a sí mismos.


Otro sector que deja de ser competitivo es el de la actividad logística que ve como su actividad deja de ser rentable con la carga legislativa y restrictiva que le hace competir con los brazos atados a la espalda, afectando a otras industrias intensivas en capital como minerías, química, papeleras o siderúrgicas.


Una serie de costes que facilitan la competencia a centros logísticos en Egipto y Marruecos, entre otros.


La apocalíptica visión transmite el miedo paralizante y elude cualquier debate por acusación de negacionismo cuando en realidad toda esta ideología es un objetivo en sí mismo con un programa de manipulación basado en la mentira, corrupción institucional y cambio de consenso por rigor científico.


Si el cambio climático es irreversible, ¿qué sentido tiene gastar dinero público y privado para combatirlo?


Si la guerra está perdida debería ser mejor trabajar para adaptarse como llevamos siglos haciendo.


 

La agenda 2030 y el Club de Roma.

 

La limitación de la actividad humana tiene unas raíces más profundas que se encuadran en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, proyecto de Naciones Unidas que afecta a la ofensiva climática de la que estamos hablando pero que va más allá de proteger la naturaleza, la eficiencia energética o la equidad.


Es un mensaje buenista que esconde una gestión totalitaria y de ingeniería social de la humanidad.


La serie de acciones o ambiciones que se proponen son generalistas y buenistas, aceptables para cualquier persona.


Proponen cosas que nadie juicioso puede negar, pero para ello se saltan valores y principios universales usando juicios de valor, contrarios también a cualquier análisis objetivo y dejando términos como sostenibilidad o inclusividad fuera de hechos empíricos y datos contrastados.


Es una narrativa al albur de la subjetividad de una ideología, y albur en el doble sentido: azar y riesgo.


Podemos determinar de manera más o menos objetiva la cantidad de los recursos disponibles más allá de la fatal arrogancia humana de la que hablara Hayek en su libro homónimo, pero determinar y elegir qué o quién debe protegerse para desarrollar estas ideas o qué estamos obligados a renunciar, es un criterio totalmente arbitrario y subjetivo, iliberal y demostradamente falaz y fracasado a estas alturas.


Las decisiones políticas para alcanzar estos objetivos están demostrando con hechos que solo empeoran la situación, crean nuevos problemas que interesadamente les sirven para seguir interviniendo “justificadamente”.


Estamos siguiendo el camino que marcan los straussianos otorgando cada vez más poderes  a instituciones supranacionales con “sabios” y “expertos” tecnócratas que nos llevan, parafraseando de nuevo a Hayek a “un camino de servidumbre” con el pretexto de salvar el planeta.


En este sentido, en 2007 David Shearman y Joseph Wayne Smith publicaron un libro que sin hablar de nada nuevo, seguía una idea ecofascista de los años setenta que bajo la idea de la sostenibilidad pretende pastorear a la humanidad negando libertades con modelos de gobernanza autoritarios y tecnocráticos sostenidos por una élite que se hace reconocer como científica aunque realmente es solo política.


La Agenda 2030 tiene su origen en 1967, entre un discurso del italiano Aurelio Peccei y el interés del académico Alexander King, donde se aportaban las claves del relato globalista climático que, si bien fue un fracaso entonces, dio origen en 1968 al Club de Roma y el Foro Económico Mundial.


“La misión principal del Club de roma era ejercer de catalizador global de los cambios en los patrones de vida de las sociedades (…) en una supuesta línea de interpretación tecnocrática de los filósofos griegos.”


Identificar problemas de la humanidad y aportar soluciones globales hacia un objetivo común: salvar el planeta a pesar de ser con limitación del crecimiento económico y reducción de la población a través de una política declaradamente eugenésica.


Sobre este último aspecto, aunque no reconocido, es una base fundamental y tiene sus orígenes en hace más de un siglo. Podríamos señalar que las acciones de la Alemania nazi son simplemente una imitación y seguimiento de las prácticas de principios de siglo XX en EE.UU.


Desde que a finales del siglo XVIII Thomas Malthus propusiera limitar el crecimiento demográfico para evitar “catástrofes sociales”, se iniciaron investigaciones científicas y buscaron consensos políticos que se mantuvieron escondidos pero que con el Club de Roma y otras instituciones cada vez son más mediáticas en una clara gestión de ingeniería social.


Las teorías de Malthus se han demostrado falsas y fracasadas se han querido transponer del sentido alimentario al de las catástrofes naturales, dándole a la naturaleza una vida propia y generando una visión apocalíptica del destino del planeta.


Ese es el contexto en el que nace el Club de Roma en 1968 con The Population Bomb, de Paul Ehrlich que resumen en la reducción programada y forzada de las tasas de natalidad y el cambio de valores una legislación ad hoc para conseguir los objetivos.


Un escenario apocalíptico que recurrentemente no se cumple, pero no frena una agenda que más bien es una billetera que se llena con el dinero de los contribuyentes que pagan estas ideas.

 


El enemigo es la Humanidad.

 

Una paradoja es el sustrato ideológico del Club de Roma: el enemigo es la humanidad.


Un grupo con una ideología profundamente humanista que ha contado con la financiación de familias y grupos poderosos.


Este dinero financia un informe titulado los límites del nacimiento, en 1972, con una prospección económica sobre simulación informática desde un software propio y de este modo quisieron evaluar el capitalismo, conocer el futuro de la humanidad y generar doce escenarios de los que solo cuatro salvaban a la humanidad del colapso, gracias a la estabilización demográfica y la reducción de la industrialización mundial.


Su teoría estriba en que a los ritmos actuales se agotarían los recursos naturales, la contaminación provocaría la depleción de la producción agrícola y esta reduciría finalmente la población.


Los autores proponen como solución un crecimiento cero o incluso decrecimiento de la población, una idea que ya ha calado en la población tras cincuenta años de insistencia desde las instituciones globalistas con la repetición de su ideología hasta la náusea.


Este informe no es ni técnico ni científico. Solo un ejercicio teórico para justificar sus medidas. Hasta ahora todas las predicciones han fallado.


Siempre…


Dos años después de este informe, en 1974, nos ofrecen otro: La humanidad en la encrucijada que comienza con la frase de Alan Gregg: “el mundo tiene cáncer y el cáncer es el hombre”.


Este señor también diría después que no quería decir que el mundo tenga cáncer ni que el hombre sea una célula cancerosa. Pero, aunque no haya pruebas experimentales sobre ello que lo validen, para el solo la posibilidad es suficiente para no refutar su teoría.


Esto, lo dice todo…


La agenda globalista comienza en 1981 con el concepto de “gobernanza global” con la que Peccei señalaba que “uno de los mayores obstáculos para el progreso de la humanidad es el concepto de soberanía de cada nación”.


Clarito.


Por tanto, señalaba a una única dirección para el mundo, un solo capitán, un destino común donde el desarrollo sostenible es la mentira que deben aceptar las personas si no quieren ser eliminados como el virus que son para la humanidad.


La caída del muro de Berlín y la desaparición de la URSS en 1991 fue otro hito aprovechado para buscar un nuevo enemigo en la amenaza del calentamiento global, el hambre y la sequía para así cambiar las ideas, comportamientos y actitudes de la humanidad.


Señalaba a su vez como propios culpables a esa humanidad.


La democracia ya no servía como sistema político y las ideas de las personas y ellas mismas sobraban fuera de la línea marcada por ellos.


Los políticos deben ceder las decisiones a entidades superiores capaces de resolver los retos a escala planetaria.


Hobbes y sus ideas cobran fuerza señalando que el hombre es un lobo para sí mimo y debe aceptar un contrato social, no firmado, que delegue el poder coactivo y de violencia monopolizada estableciendo para ello un poder con autoridad absoluta para proteger la sociedad que requiere una transformación social desde arriba que a su vez requiere una manipulación mental desde abajo.


Un supra estado compuesto por Gobiernos y multinacionales.


La Agenda 2030 es una trasposición de la filosofía del Club de Roma en el que el control demográfico y el fin del desarrollo económico son armas que se usan geopolíticamente para someter a países en contra.


Para ello, en países avanzados se fomenta el aborto y la desintegración familiar, extendiendo en colegios ideologías como la de género; mientras en naciones menos desarrolladas promueven y provocan la reducción de la natalidad con experimentos farmacológicos en mujeres para reducir la natalidad.

 


El colapso inducido o la adaptación.

 

En el ámbito económico la ideología decrecentista del Club de Roma se inocula desde movimientos ecologistas, asociaciones de ganaderos y agricultores, sembrando la semilla que devuelve a la opinión a las sombras de la caverna platónica mientras fuera las élites que conduce esta ideología disponen de lo que nos niegan.


La verdadera guerra del mundo es por los recursos energéticos y el investigador español Luis Ignacio Gómez señala que la agenda 2030 quiere cambiar nuestra forma de obtener energía, pero sostener al mismo tiempo objetivos de sostenibilidad y lucha contra el cambio climático es un esfuerzo por ganar una guerra que no es necesaria ganar por su imposibilidad y porque la historia demuestra que adaptarse ha sido la solución efectiva y menos costosa.


Y recuerda que, los costes que pagamos nosotros son los beneficios de los promotores y directores de todas estas ideas.


El cambio climático siempre ha estado ahí. Lo que realmente es necesario proteger son las poblaciones y sus economías, pero esta ideología del cambio climático tiene un coste de oportunidad, ese coste que nunca se valora en las decisiones y que suele dejar fuera, como en este caso, las verdaderas prioridades: pobreza, sanidad, educación, garantía de pensiones, innovación, productividad y sistemas financieros sanos, entre otros.


Pero claro, todo esto está fuera de la religión y la secta oficial del CO2 y deja fuera del negocio a estos profetas y líderes que se benefician onerosamente de estas políticas.


Entre 2020 y 2021 la presencia mediática de la lucha contra el cambio climático se redujo por la pandemia, pero resurgió con los avisos continuados de los informes del IPCC que de manera recurrente anunciaban desastres inminentes por la emergencia climática con connotaciones puramente políticas.


En España se han producido en 2024 el desastre de la DANA y los incendios de 2025, y hoy día sufrimos peores aun los del 2026, cuyas consecuencias solo provienen de decisiones políticas y burocráticas que han preferido salvar a la naturaleza a costa de poner en riesgos las vidas de las personas y propiedades de las personas.


Pero esa preferencia era solo ideológica y no real, porque la afectación de esos desastres ha dejado huella en la naturaleza que dicen querer salvar.


Por supuesto, tanto DANAS como incendios tienen registros más allá de los años en que las alarmas climáticas empezaron a producirse.


Resulta evidente que las agresivas políticas verdes relativas a la energía, alimentación y normativas medio ambientales nos han debilitado y hechos dependientes.


La complejidad del mundo, en contraste con el reduccionismo del cambio climático nos empobrece aún más y enriquece a los ricos promotores de esta ideología.


La política energética comunitaria, seguidora de estas ideas, es una ilustración clara del suicidio económico de Europa.


Los programas para extender las energías renovables no son compatibles con una ruptura comercial con Rusia, suministrador principal de gas hasta la guerra y de China, suministrador de paneles fotovoltaicos.


Para solucionar este problema energético se usa emisiones de deuda e impuestos que permitan comprar gas natural licuado a EE.UU. más caro y suministrado en contaminantes metaneros con el propio riesgo de su transporte.


En el caso de las placas, no tiene una solución sencilla porque ni EE.UU. ni Europa iniciaron en 2004 el proyecto de una industria competitiva en esta producción que impulsó una integración completa de la cadena de producción.


El cambio climático genera un relato ideológico con una parte de verdad exagerada y rodeada de muchas mentiras con la idea de incrementar el poder de unos pocos en la producción y distribución de la riqueza.


La transferencia de rentas de los bolsillos de los contribuyentes a las cuentas de grandes empresas, directivos y políticos.


Mientras, los críticos a estas ideologías son señalados con campañas de desprestigio y propaganda como negacionistas, expresión de uso indiscriminado para cualquiera que critique el servilismo europeo a todas las políticas que hemos señalado.


Es una operación de saqueo institucional y represión social.

 

 


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