Modernidad.
- yosorep
- 17 ene
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Taleb renuncia expresamente al pensamiento de siglo y medio atrás que apoyado en el intelectualismo y el cientifismo ha querido dar un rigor científico que no tiene a determinadas ideas muy alejadas de la justicia y la simetría.
El intelectualismo considera que podemos separar cada acción de sus consecuencias, teoría de práctica, desde un pensamiento e idea vertical de simplificación conveniente de la realidad.
El cientifismo es típicamente aplicado a ciencias sociales a las que se le quiere dar rigor y certeza con la formulación matemática de cada teoría.
La realidad nunca confirma la fórmula ni la teoría, pero queda bonito.
Es un alejamiento de la realidad y el empirismo, buscando el camino de la inducción para llegar a verdades que en realidad son deducibles desde eso, la simple deducción y la refutación de cada idea.
En resumen, se intentan sustituir una naturaleza que lleva con nosotros miles de años, sobreviviendo a pruebas diversas en su historia, por artículos y publicaciones de “teorías ceteris paribus” que no se sostienen en la realidad.
Estamos en una época en el que el espíritu escéptico que lleva al progreso es señalado por el escepticismo anti conspiracional de lo políticamente correcto.
Que sorprende porque suele provenir de alguien de una confianza intelectual cuestionable, de rigor y capacidad solo comparable de vendedor de crecepelos.
Aceptamos reglas de quienes no actúan, solo hablan.
Elaboran ideas que señalan a las personas y lo que deben hacer disfrazados de profetas que no se juegan nada en lo que dicen.
Separan el productor del usuario y las consecuencias de quienes empujan a la acción.
“El mundo se separa cada vez más el productor y el usuario”.
Este progresismo vertical solo tiene interés en impresionar a quién se dirige (también obtendrá un beneficio) sin involucrarse en la acción, la solución ni el bienestar de a quién se dirige.
Se disfraza para la apariencia y sabe decir lo que el otro quiere y que tendrá que pagar más pronto que tarde, aunque ahora no lo vea o no lo sepa.
Sin embargo, el verdadero progreso universal es más sencillo y puro, queriendo hacer bien las cosas.
Recela de la complicada burocratización detrás del progresismo vertical, que utiliza el diseño complicado porque no se juegan la piel en el resultado.
Pero podemos afirmar que jugarse la piel no se refiere a un proceso doloroso, pero si de compromiso y coherencia, que en algunos casos puede provocar el placer y ser consecuencia del entusiasmo.
Es un entusiasmo práctico que se desarrolla y solo sirve a nuestra experiencia por su capacidad de generar adicción.
El progresista genuino se juega la piel porque quiere resolver problemas, mientras el progresista vertical miente.
El progresista genuino es el caso del fundamental personaje del progreso: el capitalista de hace más de dos siglos.
El progresista vertical, por contra, necesita una narrativa para encubrir su interés y que tu asumas la responsabilidad.
No es capaz ni tiene interés en resolver el problema en un proceso que empieza por la comprensión del mismo, desde la deducción de las causas.
Busca una narración y las fórmulas teóricas que te lleven por inducción a la solución y por tu acción a una solución posible y a su beneficio.
Pero el progreso está en que la persona que se juega la piel ha desarrollado el proceso de aprendizaje y la fórmula de la solución recurrente.
El político progresista te ha robado solo una solución, no la capacidad de resolver cosas.
“Lo que has aprendido de la intensidad y la concentración que te inundaban bajo la influencia del riesgo se queda contigo”.
Por último.
Taleb habla de otro efecto del modernismo que nos rodea.
El exceso regulatorio que sobrepasa los sistemas legales y el derecho natural, además de coaccionar la libertad individual.
Y para ello utiliza dos justificaciones o soluciones.
En primer lugar, para “proteger” a los ciudadanos de los grandes depredadores.
El efecto obviamente es el contrario.
Privan de libertad y aúna un depredador más, el Estado, que con absurdas políticas consiguen lo contrario de lo propuesto y el beneficio de ahora dos depredadores que ya no quieren cambiar las leyes.
Estos depredadores están protegidos contra estas leyes porque disponen de las herramientas y medios para ello (ejemplo de la fiscalidad de algunos países como España).
Es un efecto de captura del regulador por el que el efecto que se busca es anulado por la propia regulación.
La segunda solución es el genuino enfoque legal que se juega la piel y busca la eficacia.
Resuelve el problema desde el derecho común elaborado sobre el paso del tiempo en un proceso adaptativo y de equilibrio.
En un proceso de abajo hacia arriba.
Empírico sobre la base acumulativa de ensayo y error.
Dos opciones que se enfrentan.
La rigidez de las letras contra el espíritu de la ley.
La opción sería que la regulación solo estuviese para poder controlar los riesgos ocultos, las colas gruesas de los eventos.
Sin embargo, el Estado y político intervencionista no solo no son capaces de intuirlos, sino que no es de su interés y su participación solo se dispone en la creación y alimentación de este tipo de riesgos.
Taleb aboga en este caso por la norma hipocrática de no intervención.
Preferir ser libre como posible pueda ser, asumir responsabilidades: liberalismo deóntico.
No quiere que olvides que regular siempre es en detrimento de libertad, bien preciado que el modernismo trueca por “seguridad”.



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