Más educación equivales a más creencias absurdas.
En las palabras de hoy Sergio Parra nos da a entender que la inteligencia sin humildad nos lleva en muchos casos a el autoengaño.
Son relevantes en este sentido la idea de razonamiento motivado, el tribalismo social y el efecto backfire que tantas veces me recuerda al pensamiento único.
Parafraseando a Melcuis Molburg, creer en algo que es verdad, sobre todo si has llegado a ello desde tu experiencia, es fácil. Lo difícil, aunque suela ocurrir, es que se crea en algo absurdo.
Es una prueba de lealtades que solo la ideología puede sostener.
La educación no asegura la inteligencia, ni el acceso a la verdad.
Es a veces al contrario que, tener una inteligencia superior y un formación e información por encima de la media puede llevar a sostener y defender ideas inaceptables.
Por ello, en muchas ocasiones las ideas de personas inteligentes pueden ser tan absurdas o más que las de las que no son siquiera capaces de articular palabras o entender textos.
Es precisamente esto último, sus capacidades desarrolladas desde la inteligencia las que les permiten articular narrativas que defienden las ideas propias o adquiridas que quieren favorecer.
Se hacen resistentes a la crítica y el cuestionamiento.
De este modo, la inteligencia como capacidad de aprender y entender o como capacidad para adquirir conocimiento no asegura la razón, ya sea en la acción o en las decisiones.
Adquirir conocimiento no siempre es aprehender.
Y en esos casos y otros muchos puede tener efectos de iatrogenia que, la mayoría de las veces provienen del pecado capitalino de la soberbia.
Del foco en una idea.
No podemos en muchos casos señalar a los sesgos cognitivos como culpables de estas actitudes, sino que, en realidad son ejercicios racionales para desviarse de la realidad a obtener alguna recompensa mayor.
Un incentivo.
Social, estratégico o simplemente económico.
En estos casos estamos actuando desde el razonamiento motivado que nos dirige a actuar y pensar orientados a incentivos subjetivos.
De todos modos, y de alguna manera, este tipo de actitud no supone a mi parecer inteligencia genuina.
Ser inteligente es ser capaz de pensar bien y decidir mejor, independiente de los resultados.
Y esto incluye categorías éticas y morales.
Las creencias culturales que en muchos casos aparenta irracionales son consecuencia de marcadores sociales.
Son decisiones de pertenencia a una tribu, consecuencia de la condición humana de ser social.
Se valora la ideología por encima de la verdad, de lo sensato o lo razonable.
Y este tipo de comportamiento se convierte y se vende como una lealtad inquebrantable.
De este modo, creencias que son delirantes, sin validación empírica, se convierten en trincheras y muros que evitan a los otros.
Los fuera de nuestra tribu y moralidad.
Se trata de protegerse de grupos exógenos porque formamos un grupo con ideas endógenas.
Muchas veces, rodeado de la comodidad o el calor del grupo o los incentivos que rodean.
Señalando estatus y bienestar social.
Señalando a los demás si no hacen lo que nuestro grupo decide.
Una ley binaria de unos y ceros, sin posibilidad en medio.
En muchos casos, los seguidores de estos comportamientos están aceptando los beneficios de una lealtad a cambio de una renuncia de libertad.
Aletheia es desvelar la verdad. No se trata de un dato, sino de un acontecimiento o un afán.
Individuos que se ven enfrentados a las correcciones por lo hechos que contradicen sus creencias políticas o ideológicas al contrario de lo esperado, reafirman sus creencias.
Es el efecto backfire que en muchos casos entra en un ciclo de desinformación y moralina que perpetua las ideologías o las ideas incorrectas.
No se deja sitio para la racionalidad.
La deliberación y el contraste de ideas no es posible.
Trincheras…
Y en estos casos en realidad la moral ha desaparecido, porque la vergüenza pública e incluso privada no tiene posibilidad de modificar el comportamiento.
Más bien se insiste en el señalamiento al otro que no piensa o actúa como tú, porque el otro no te importa, ni siquiera que cambie.
Es necesario que exista ese otro para demostrar tu superioridad sobre el otro, soportada en la soberbia y el ego.
Alimentar una autoimagen de superioridad con moralina para avergonzar.
El escarnio público es un espectáculo moderno sustituto de castigos públicos ancestrales o anteriores como el patíbulo.
“Cuando la inteligencia se separa de la humildad, deja de buscar la verdad y empieza a fabricar justificaciones. No piensa: racionaliza. No corrige: se protege. Y así, cuanto más inteligente es alguien, más sofisticado puede llegar a ser su autoengaño.”




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