OBJETIVO ALEMANIA
Tras introducir la semana pasada una visión del orden mundial que nos rodea, en esta ocasión vamos a ver cómo Lorenzo Ramírez nos indica la situación de Europa en este orden.
Nos da una visión que casi nadie se para a pensar como posible, pero no por ello descartable.
Es asunto, que debiera ser obligado, preguntarse cada uno por entender la realidad y dudar o aceptar las ideas que nos plantea el periodista.
La guerra de Ucrania que se iniciara en 2022 pudo ser consecuencia de la atención prestada por Putin a las plegarias de poblaciones prorrusas que sufrían la presión del ejército de Kiev desde la revolución del Maidán en 2014.
Una guerra civil sostenida ante la vista gorda de las autoridades europeas.
Eso provocó una reunión en marzo de 2023 del canciller alemán y J. Biden para consensuar una comunicación oficial referente al atentado que destruyó el gaseoducto de Nord Stream.
El relato fabricado fue entregado para el “periodismo” afín que distribuía un bulo fabricado en las cloacas de EE.UU.
La realidad es que fue una orden directa de J. Biden y su administración, programada ya desde enero de 2022, cuando aún no se había iniciado la guerra, y bajo una acción de falsa bandera con la ayuda del gobierno noruego.
El periodista norteamericano Seymour Harsh fue el dedo señalador de todo esto y fue ignorado a pesar de su capacidad y reputación.
La acusación a los rusos se caía por su inconsistencia, pero aun así no fue óbice para ser usada.
Es más fácil cerrar una puerta que destruir una casa entera, sin embargo, se quería vender que Rusia rompía su canalización en vez de cerrarla.
Pero las consecuencias de tal destrucción para un importante aliado de la OTAN, Alemania, hacía necesario encontrar cabezas de turco.
Descartados los rusos, los servicios secretos ucranianos eran la opción, y para ello, otra vez los medios “informadores” de Estado, señalaban que todo fue a espaldas de Zelenski. Un actor que de la mano de la Alianza Atlántica y aun con informes que detallaban su corrupción y nepotismo, actuaba como presidente del país.
Nord Strean2: juegos de guerra en el Báltico.
A la altura de la isla de Bornhold, en control danés, con instalaciones de radar sofisticadas de la OTAN, se produjo el hecho.
Ya desde inicio de la guerra y en sucesivas fechas, fue “tomada” por EE. UU. militarmente la zona y se controlaba y ejecutaban múltiples simulacros de guerra y maniobras.
Una de dos. O son malos vigilantes o participaron en el acontecimiento en cuestión. Juzguen ustedes…
Ante todo esto estaban también los intereses del gaseoducto Baltic Pibe, desarrollado por Polonia, Dinamarca y Noruega, para poder prescindir totalmente de la dependencia histórica de Gazprom, y apoyarse en una ruta de colaboración con Noruega para su petróleo y el GNL de EE. UU.
Gobierno y fiscalía alemanas permanecían en silencio cuando la implicación narrada del ejército de Ucrania y el servicio secreto suponía un acto de guerra que activaría el artículo 5 del Tratado de Washington.
The New York Times publicó esta nueva versión del atentado con los dossiers calentitos provenientes de las cloacas de los servicios secretos de EE.UU. y en el que el autor y víctima colaboraban en una estrategia de desinformación.
¿Por qué aceptaba esto el gobierno alemán?
Complicidad del Gobierno alemán.
Para entender la postura alemana debemos empezar por reconocer la figura del canciller Olaf Schulz.
Una persona camaleónica conocida por el apodo de el autómata, caracterizado por la capacidad de cambiar su postura, normalmente ausente de decisión propia, una consecuencia de su falta de carisma y compromiso ideológico.
Tras llegar a formar parte de la coalición semáforo por la unión con los verdes y el partido liberal, su descrédito lo expulsó en febrero de 2025 de la cancillería por una aplastante e histórica minoría que consigue su partido, el SPD.
Su sustituto, Friedrich Merz, es un atlantista proveniente de la firma Blackrock en Alemania, grupo lobista internacional además de su carácter financiero reconocido.
Se movía cerca de la esfera de David Rockefeller y le apoyó en el impulso de la agenda globalista desde EE.UU.
Merz regresó a la política dentro del CDU en 2021 como líder gracias también a un abultado saldo bancario, tras una lejana actividad en Mayer Brown ayudando a EE.UU. a través de sus inversiones en Alemania, lo que facilitó su paso por Blackrock, para desde esta firma conseguir el accionariado de las mayores empresas industriales de alemanas, que además de conseguir beneficios para sus accionistas conseguía una alineación de intereses corporativos con la política gubernamental.
La elección de Merz fue un nuevo engaño para los votantes alemanes que obtuvieron como canciller una nueva marioneta de bancos y gobierno americano, sin disimular tal postura al violar desde el principio dos promesas de su candidatura: control de inmigración y freno constitucional sobre la deuda.
El reinicio o reseteo de Europa tenía un interruptor más en su cuadro con este político alemán, además de los de Reino Unido y Francia.
Guerra energética.
Para Washington era intolerable el acercamiento Berlín-Moscú que, a su vez, acercaba Europa a lazos euroasiáticos con China.
Ya antes de la guerra de Ucrania se buscaba solucionar el problema y la guerra permitió la destrucción del Nord Stream y las sanciones boomerang a Moscú. Ambas empobrecedoras de la economía alemana y europea.
Desde los años sesenta, Rusia y Alemania convinieron un acercamiento o avenencia que permitiera a la industria alemana disponer de la energía necesaria.
Tras cincuenta años de aproximaciones en 2011 se acuerda la construcción de Nord Stream que evitaba el paso del petróleo ruso por Polonia y Ucrania.
Todo ello provocaba los movimientos de 2014 por parte de EE.UU. impulsando un cambio de gobierno en Ucrania y una guerra civil. Todo con la idea de provocar la ruptura entre Moscú y Berlin.
La guerra de Ucrania es un ataque a Alemania que trata de evitar que Europa se acerque a Rusia y China.
Alemania se suicida industrialmente para ser plenamente dependiente de EE.UU.
El abrazo del oso
El objetivo de J. Biden en 2021 tiene como referencia que China es el enemigo número uno de EE.UU.
Por ello mueve toda su política para encerrar a Europa en su órbita económica.
Pero la economía alemana era próspera y las relaciones con Rusia convenientes.
Al no haber una lógica y económica razón para que los líderes alemanes rehusaran la favorable relación con Rusia, solo quedó fomentar la guerra con Ucrania y alentar la rusofobia.
Después, Trump promovería la idea de la invasión de Rusia a Europa, consiguiendo con ello también rearmar a Europa mientras de paso alimentaba la industria bélica de EE.UU., además de un éxodo de empresas europeas, y poner en el mercado europeo el GNL americano, bastante más caro y que hasta ahora no tenía mercado fuera del país.
Rusia sin embargo se ha fortalecido con reformas estructurales que le acercan a oriente y China aprovecha.
Los alemanes han quedado en medio, perdiendo la ventaja anterior de su relación con Rusia y perdiendo de nuevo en su relación con EE.UU. Pero a EE.UU., no le importaba la pérdida de la última y le interesaba la primera.
El precio para Alemania ha sido una depresión industrial que ha llevado al país a respaldar al partido Alternativa por Alemania AfD, que se replantea el vínculo atlantista y un acercamiento a Rusia.
De todo esto se puede concluir o al menos obliga a reflexionar la inexplicable colaboración de gobernantes y élites europeas sobre la injerencia de EE.UU., que solo se explica si trabajan para ellos.
Además, y esto es importante, Alemania era el último obstáculo para aquellos políticos europeos dirigidos desde la City y Wall Street que buscaban eliminar el último bastión de la ortodoxia fiscal y monetaria para desarrollar su plan de endeudamiento masivo.
Sanciones boomerang.
Al poco de la operación militar rusa en Ucrania en febrero de 2022, Úrsula Von der Leyen empezó a mover la maquinaria mediática y la narrativa sensacionalista que suponía que Rusia tenía como objetico último invadir Europa.
Para ello no dudaron en dar la palabra a Zelenski y su papel como actor sirvió a la propaganda occidental para que olvidando su presidencia corrupta y los informes de la ONU sobre su sangrienta represión en los hogares del Dombás, ser convertido en estadista mediático, prestigioso y referente internacional.
Time lo llegó a nombrar persona del año.
La decisión más delicada, que suponía un atentado contra la seguridad jurídica del sistema monetario, fue la expropiación de recursos del Banco central ruso en el extranjero.
Dólares, euros, oro y activos financieros rusos fueron confiscados y Janet Yellen dudaba que esto no afectara a la credibilidad de la divisa estadounidense como principal moneda de reserva mundial y del sistema eurodólar.
La determinación occidental sorprendió a Rusia que, si bien era un país clave en el comercio mundial de materias primas, fertilizantes y maquinaria industrial, además de ser potencia atómica, no contaba con el hecho de que pudieran ser confiscadas sus reservas.
Esta medida era no contra el país de Rusia, sino contra los ciudadanos presentes y futuros del país.
Además, la expulsión de los bancos rusos del sistema internacional SWIFT apoyaba la pérdida de confianza en la gobernanza planetaria del sistema eurodólar.
Navidades sangrientas.
La decisión de imponer castigos económicos a Rusia fue adoptada en noviembre de 2021..
Si, la guerra no se había iniciado, pero la provocación ya estaba en marcha.
Biden tenía como prioridad que un enfrentamiento bélico debilitase la economía rusa y alejara Europa de una potencial unión euroasiática.
Ya en las navidades de 2021 el ejército de Kiev recibió material militar que no reservaba para el ataque ruso, sino que lo usaba para instigar a los habitantes prorrusos del Dombás, llegando al derramamiento de sangre.
Al mismo tiempo se preparaban las sanciones económicas que después se impusieron y que permitirían destruir la economía alemana a la vez que acelerar la agenda globalista en Europa.
Si pensábamos que los políticos europeos están para defender los intereses de sus ciudadanos, estos hechos deben dejar claro cuál es la realidad.
Todo esto se orquestó en un despacho de una presidenta de la Comisión que no había sido elegida por ningún ciudadano europeo y en el despacho de un banquero italiano que fue ministro sin elección y recibió dinero de U. Von der Leyen para un informe sobre competitividad sin sentido en base a las decisiones que se estaban tomando.
Lo único que se ha hecho con el informe de Mario Draghi es guardarlo en un cajón y destinar los recursos fiscales presentes y futuros a la industria militar.
Señalar por último a la Rand Corporation. Laboratorio atlantista surgido del seno del Pentágono que realizó informes aplicados para provocar la guerra. Desde armar al ejercito ucraniano hasta cortar el suministro de gas, y también la manipulación ideológica e informativa que apoyara la postura antirrusa.
Una vez más, como en el siglo pasado, utilizar el campo de batalla y los muertos europeos para desestabilizar en este caso a Rusia teniendo a Europa como ariete.
Un ejemplo de lo que no hay que hacer.
La opinión pública está acostumbrando a la acrítica complacencia que acepta la información imprescindible para ser manejada como animales de granja.
Los errores de los gobernantes, forzados por la propia política de EE.UU. y la UE han llevado al motor de la UE a perder competitividad y verse forzado a reducir costes con reducción de plantillas y cierres de centros productivos.
La balanza comercial alemana se ha vuelto deficitaria respecto a China por decisiones propias.
Todo empezó antes de la guerra con trabas burocráticas, errores de política energética, y escasez de trabajadores cualificados a pesar de un incremento de la población.
Esto debido a una inmigración de baja cualificación que ha aumentado la carga del sector público con más gasto social y problemas de inseguridad.
China si jugó la baza en la inversión de sectores de alto valor añadido, con mejores costes, que le ha llevado a desplazar a Alemania, que también padece una baja productividad laboral y ralentización de la inversión.
El entorno regulatorio no le ha ayudado a adaptarse a las nuevas tendencias tecnológicas y sectoriales. La falta de modernización y diversificación le ha dejado anclado en sectores tradicionales de automoción e ingeniería mecánica.
A pesar de la ventaja en materia monetaria que supuso la adopción del euro para el país de Alemania, que la dejó en una posición preferente respecto al resto de países de la UE, la cosa no está terminando bien.
Alemania durante años pudo financiarse a un coste bajísimo e incluso negativo, y en definitiva tuvo una posición de poder que se facilitaba a costa del resto de socios, en una situación en algunos casos de impostada austeridad.
La manipulación a través de la política monetaria europea ha permitido a Alemania incluso la ventaja de recibir fondos de la crisis financiera de 2008 y de la COVID, con inyecciones de liquidez que entregó a sus multinacionales ya en descomposición, recibiendo seis de cada diez euros de ayudas públicas en Europa.
Todas estas ventajas no parecen ser suficientes y los hechos demuestran porqué la irresponsabilidad monetaria y fiscal no ha comenzado con esta guerra, sino mucho antes, cuando el modelo anterior fundamentado en el mercado mutó a uno en el que grandes corporaciones y gobiernos se fusionaron en una plutocracia disfrazada de democracia y una organización política y económica que siguen el diseño y ejecución de fuerzas extrajeras.
Los políticos europeos de las grandes potencias e instituciones que reclaman de manera impostada independencia y autonomía para Europa, han sido puestos por los agentes externos de los que se quieren desmarcar.
Emmanuel Macron y Friedrich Merz quieren liderar Europa con el rearme justificado por el miedo a Rusia que EE.UU. ha propuesto.
Y Christine Lagarde es la arquitecta del sistema europeo de deuda con el cargo de dirigente del BCE, tras llegar del FMI con un caso previo de corrupción mientras era ministra de finanzas de Francia.
O el caso de Úrsula Von der Leyen, responsable de defensa de su gobierno con el que realizó un desfalco de dinero público y al frente de la UE fue investigada por irregularidades en la adquisición de vacunas COVID a Pfizer.
Cualquier cambio político en la casa Blanco será una excusa para hacer más de lo mismo. Es decir, seguir avanzando en una agenda cuyo pivote económico es el incremento de la deuda y los impuestos para dotar recursos públicos y mantener a la OTAN como centro político y herramienta de intervención externa de los poderes financieros y políticos que mueven los resortes del mundo occidental.
La crisis económica y las malas relaciones con Trump en el plano militar y comercial pretenden emplearse en la burocracia europea como justificante y acicate del progreso en la integración europea, cuando en realidad es lo contrario.
Cualquier excusa será presentada para los nuevos “whatever it takes” que están por venir, y que tuvieron su última versión en la guerra de Ucrania y la postura antirrusa, como antes fue la pandemia. En el futuro será lo que sea…
La consecuencia principal de la guerra de Ucrania y desde el punto de vista europeo, es la pérdida del peso de Alemania en el plano político y económico.
El objetivo de Washington es lastrar la capacidad de Alemania para liderar Europa. Aunque en cualquier caso Alemania siempre fue un obstáculo a la integración de Europa al negarse a asumir la irresponsabilidad fiscal de otros países y no querer renunciar a su soberanía en favor de Bruselas.
Para aquellos que todavía tienen fe en la OTAN como asociación defensiva de la democracia frente a totalitarismos como los de Rusia o China, es lo que explica la formación de la UE.
Una UE que tiene entre sus burócratas a los traidores que colaboran con EE.UU. y el Reino Unido.




Comentarios