SAPIENCIOLOGIA. Sergio Parra.
Para Sergio Parra (SP) siempre ha sido más importante el camino poco transitado, el que la mayoría ignora o no quiere transitar, aquel que si bien busca la verdad no se frustra por no encontrarla, sino que vive y se entusiasma en el camino en sí.
El camino es el fin y el destino…, el destino es mirar la respuesta final sin desánimo por no alcanzarla.
Solo se aprende enseñando.
Solo se comprende escribiendo sobre lo que queremos comprender.
Solo te descubres buscando.
Escribir te obliga a mantener una rutina en la que conectes cada una de las reflexiones donde los nudos siempre sean tu.
Convierte en significado lo que haces cada día y aprender se convierte en una experiencia significativa que te enriquece cuando cada reflexión y cada duda se convierte en una aproximación a lo que eres.
Buscar respuestas…
Desde ese punto de partida podrás encontrarte y ser protagonista del milagro que supone nacer y vivir.
Podrás ser autor de la partitura de tu vida y tocar la música que está dispuesta para ti.
Acercarte a la historia de tu vida pendiente de escribir a la vez que la vives y comprendes.
Comprender el mundo que nadie se molesta en descubrir.
Descubrir tu papel y declamarlo, donde nadie lo sacó del cajón.
Trascender más allá del horizonte propuesto, sediento de conocimiento y con la proposición de alcanzar la profundidad que se estira con la humildad.
No pretendo descubrir verdades absolutas y quizás las encuentre.
Pero si principios que me lleven a valores absolutos que, sin ser dogmas, son retales de la historia que han salvado el obstáculo del tiempo.
Por eso las experiencias de otras personas, su inteligencia y su sabiduría destilada serán cálices que estoy dispuesto a apurar.
Poner en duda sus certezas y dudar de las mías.
Emprender el viaje propio y ser capaz de conocer, como Ulises, los momentos que necesita atarme a los mástiles para tomar las decisiones.
Volver transformado, aunque Ítaca no me espera.
Porque el eco de los descubrimientos no tiene destino sino camino siempre por finalizar y sin fin definitivo.
Ser protagonista de mi vida.
Comprender mejor el mundo sin la necesidad de hacerlo para vivir en él.
Phronesis
Se dice de la sabiduría práctica o de la prudencia. La capacidad de deliberar correctamente sobre los medios adecuados para lograr un buen fin. Virtud intelectual que implica la habilidad para aplicar principios generales a situaciones particulares de manera justa y equilibrada.
Esta virtud es la que mueve a desarrollar la primera parte de las reflexiones de su libro, que hoy me ayuda a hacer las mías junto a las de Sergio.
Ser óptimamente racional.
Benjamin Franklin fue quien dijo que la racionalidad se vuelve en utilidad cuando nos sirve para encontrar sentido o justificación a todo aquello que se nos antoje defender.
Pero eso que señala es en cierto modo racionalizar.
Eso es lo que comúnmente hacemos las personas, que nos consideramos racionales.
Hay una inteligencia ejecutiva que nos capacita para alcanzar objetivos de manera eficiente, y esta eficiencia es la que a su vez se utiliza para medir esta inteligencia.
La racionalidad entonces es un uso dirigido de la inteligencia que busca la verdad objetiva a través de juicios que deben superar y resistir los sesgos y las distorsiones.
De esto mismo y de la experiencia podemos concluir que la inteligencia no siempre y casi nunca implica racional.
De hecho, prefiero la definición simple de racional de Taleb: aquello que sobrevive al paso del tiempo.
Las personas más inteligentes no son capaces aun conscientes y conociendo la lista de sesgos disponibles de superarlos en sus acciones y decisiones.
Es condición de naturaleza humana.
Las propias personas que creen superarlos caen en el propio sesgo de esa seguridad en sí mismos.
Es por ello que incluso las personas más inteligentes tienden a mostrar sesgos ideológicos más profundos debido a que su inteligencia es usada para justificarlos y narrarlos.
Anais Nin decía que no vemos las cosas como son, las vemos como somos.
La inteligencia humana en su evolución no busca la verdad.
Esto es una elección personal y excepcional.
La inteligencia humana busca la supervivencia, el bienestar personal, la pertenencia al grupo, el estatus social y el sexo.
La pirámide de Maslow puede ser una referencia en este sentido.
Por lo tanto, la definición de racionalidad objetiva no se corresponde con la realidad y la verdadera racionalidad.
La ciencia podría definirse y caracterizarse por la ignorancia de los científicos que usan su inteligencia de un modo no racional, sino particular y subjetivamente adaptada a sus ideas.
De ahí que tenga sentido que las teorías deban someterse a la refutación para poder ser aceptadas y que deban establecerse cortafuegos epistémicos para salvar los errores.
Por eso, la ilustración y su razón, no tienen sentido ni la solidez que se ha transmitido históricamente.
Sin contar que la verdadera historia desmiente a la Ilustración como primitivo origen de la razón, que más bien debemos al tomismo.
La duda está en cómo siendo inteligente o en la aspiración a ello, podemos ser capaces de ser racionales en el sentido de evitar los sesgos que nos rodean o los que aceptamos subjetivamente.
Educarnos y conocer los sesgos que nos rodean no son condición para evitarlos o ser inteligentes.
La hipótesis que se manifiesta es que las personas nos hemos adaptado psicológicamente para desactivar el razonamiento cuando impide mantener nuestros sesgos o ideas.
Es cierto que la inteligencia, en cualquier caso, es tan capaz de buscar narrativas para racionalizar sus ideas como de lo contrario y ser realmente razonables.
La inteligencia entonces hace a las personas más susceptibles a ciertos errores iniciales, pero al mismo tiempo, más capaces de rectificarlos.
La inteligencia a lo largo de la historia se ha usado para el bien y para el mal hasta el punto de cuestionar ambos conceptos.
Sapienciología de Sergio Para, a la que voy a dedicar tiempo de lectura y reflexión es exactamente una exploración de cómo pensamos, cómo creemos que pensamos y cómo nos engañamos al pensar.




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