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SOLO LOS RICOS ESTAN ENVENENADOS: LAS PREFERENCIAS DE LOS DEMAS.

yosorep
22 may
3 min de lectura

 

Taleb desarrolla un capítulo de su libro Skin in te game queriendo explicar y justificar que la riqueza económica te aleja de la experiencia de jugarse la piel.


Te aleja de tus propias preferencias para ser reo de la manipulación de aquellos que te quieren vender algo y generar preferencias construidas.


El vendedor por supuesto no tiene nada que perder y sin embargo si ganar el dinero del rico.


Las víctimas serán los ricos, y por ser ricos no son víctimas genuinas o con derecho a resarcimiento social.


Taleb parte de una observación empírica: cuando alguien se vuelve rico, sus decisiones dejan de estar guiadas por sus preferencias reales y pasan a estar condicionadas por asesores, vendedores, expertos, modas e industrias enteras dedicadas a fabricar deseos.


Visto de esta manera, se produce una paradoja cuando la riqueza limita las opciones en lugar de multiplicarlas, por lo que deberíamos concluir que algo mal se está haciendo.


La riqueza crea un ecosistema de incentivos donde todos quieren algo de ti, pero tú ya no sabes qué quieres tú mismo.


Por tomar un ejemplo actual, la industria del bienestar de lujo (wellness premium) mueve más de 1,5 billones de dólares. La mayoría de sus productos no tienen evidencia científica sólida.

Pero funcionan porque venden estatus, no salud.


Taleb diría: el rico no compra lo que necesita, sino lo que otros necesitan que compre, o tambien...


La riqueza no lleva siempre al progreso, o al menos necesariamente.


La pérdida de “skin in the game”


La riqueza permite evitar riesgos.


Y evitar riesgos, para Taleb, es el principio de la decadencia.


Cuando no te juegas nada:


  • tus decisiones no tienen consecuencias

  • tus errores no te enseñan

  • tus preferencias se vuelven artificiales

  • tu vida se llena de ruido, no de señales


El rico vive en un entorno amortiguado. Y lo amortiguado, para Taleb, es antifrágil negativo: no mejora con el estrés, sino que se deteriora sin que se note.


La riqueza intelectual también envenena.


Y cuando hablamos de riqueza, en términos sociales y de relaciones, podríamos hacerlo extensivo a sabiduría y conocimiento.


La riqueza no es solo económica; también puede ser cultural, académica o cognitiva.


El sabio que presume de saber, el experto que eclipsa, el intelectual que habla para ser admirado…todos ellos caen en la misma trampa: la necesidad de ser reconocidos por otros.


Taleb lo llama “la maldición del experto”: usar la inteligencia para justificar sesgos, no para corregirlos.


La amistad y la conversación como espacios sin jerarquía.


Para la amistad auténtica, la riqueza —de cualquier tipo— debe desaparecer.


Taleb diría que la amistad es uno de los pocos espacios donde: no hay vendedores, no hay audiencias,

no hay incentivos ocultos, no hay necesidad de demostrar nada.


Por eso la amistad es antifrágil: crece con la franqueza, no con la apariencia


Porque cuando se trata de relaciones y de amistad, no es fácil desarrollarla eclipsando a los demás con nuestro dinero o conocimiento.


En esos casos la sabiduría debiera demostrarse con la capacidad de nivelarse al grupo en que se desenvuelve una conversación.


En esos casos lo colectivo prevalece sobre lo individual y se abolen muchas reglas de jerarquía y la competitividad debe estar prohibida.


Teoría de la utilidad negativa: cuando más es peor


La curva en U invertida es un concepto económico clásico: a partir de cierto punto, añadir más de algo empeora el resultado.


Ejemplos actuales:

  • más información → más confusión

  • más opciones → más ansiedad

  • más riqueza → más dependencia de las preferencias ajenas

  • más tecnología → menos atención

  • más seguridad → menos libertad


Taleb lo resume así:“Lo sofisticado degenera.”


El progreso no es lineal como entiende la teoría que economistas denominan de utilidad negativa.


Según esta, pasado cierto nivel lo sofisticado genera degeneración, rendimientos decrecientes hasta la nulidad. Se presentaría como una curva en forma de U invertida.


En resumen, podemos preguntarnos si Taleb acierta en el diagnóstico, pero creo que hay un matiz importante para la reflexión: la riqueza no envenena por sí misma ;lo hace cuando sustituye la experiencia por la representación.


El problema no es tener dinero, conocimiento o estatus. El problema es vivir para mantenerlos.


La riqueza se vuelve tóxica cuando:

  • deja de ser un medio y se convierte en identidad

  • te obliga a complacer a quienes dependen de ella

  • te separa del riesgo, que es la fuente de aprendizaje

  • te aleja de la humildad, que es la fuente de sabiduría


La verdadera riqueza —la que no envenena— es la que no te obliga a dejar de ser tú.


 

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